El hundimiento (y 3)

Cartel sobre el hundimiento del PSOE 

¡Qué silencio! ¿Hay alguien ahí?  Están los talentos mediáticos tan ansiosos porque Rajoy diga algo, lo que sea, que nadie pregunta si se ha desalojado el edificio aquel que había en la calle Ferraz de Madrid. ¿Y el de Nicaragua? Hace un par de años usted pronunciaba en Barcelona la palabra Nicaragua y salían mesnadas de inteligentes veteranos de la catalanidad y el progreso, y le aseguraban que Nicaragua era una calle barcelonesa; lo de Nicaragua país se reducía a un espejismo. Lo mismo que ocurre con Polonia, que está la nuestra y luego un lugar donde aseguran que viven los polacos. ¿De verdad los socialistas catalanes van a celebrar un congreso? ¿En la clandestinidad? ¿O aprovechando un evento gastronómico?

Es jodido reconocerlo, porque sobre las espaldas de muchos construyeron una empresa, y es más jodido, repito, admitir la estafa que consiste en algo tan obvio como entregarles el capital de tu vida para que la dilapiden en chuches.

No lo digo por mí, que les voté una vez en mi vida y eran municipales y en Madrid; ni siquiera en aquel festival de la unanimidad y el cambio, en octubre de 1982, me convenció el surtido de promesas. Los trepas son un gozo en la literatura y en el cine -¡Stendhal y Visconti, qué historias!-, pero en la vida producen desazón.

Lo dijo Javier Pradera con aquel tono displicente que acompañaba las sobremesas:

“Querido, ya no me queda nada por sorprenderme después de ver a un cura homosexual de duque de Alba y a ´Solanita´ de secretario general de la OTAN”. Resulta excesivo para la gente que necesita creer.

He leído a esos herederos de Von Clausevitz que explican en los diarios que el PP no ha ganado las elecciones, que es el PSOE quien las ha perdido. ¡Genial! La tradición escolástica forma parte de nuestras raíces. Todo menos admitir que el enemigo ha vencido y que lleva en su victoria las dosis de humillaciones que durante unos años ellos han cultivado concienzudamente. Hemos vivido una generación de tuertos del ojo izquierdo, y eso consiente una desfachatez visual inquebrantable. Ahora vendrán las compensaciones y empezará un período, me temo que muy largo, de tuertos del ojo derecho. Más de uno añorará los trajes de Camps como objeto de deseo. Llevan ustedes la mierda tan dentro que cuando se acostumbran parece que no huele. Ya me imagino leyendo relatos “profesionales”, “objetivos” e “independientes” sobre los mismos que ayer ejercían de sepulcros blanqueados. Blanqueado viene de Blanco; una obviedad.

En un partido político, como en montones de oficios, se puede robar y sobrevivir. Incluso matar y llamarte a andanas. Puedes también perder, en la confianza de que mañana ganarás. Lo más difícil de recuperar es lo del ridículo, pero se supera; podría citarles un puñado de casos. El ciclo que se inauguró en octubre de 1982 está listo para la autopsia. Llegó en mal estado hasta el 20-N. Para los más optimistas entró en la UVI y aún podría recuperarse, pero eso lo aseguran quienes han vivido del muerto y no gozan de demasiada credibilidad. ¿Cómo se puede recuperar un partido en el que las discusiones están entre Pérez Rubalcaba o inventarse un candidato? Hay quien proponer parar los relojes y nombrar a Felipe González, una gestoría, hasta que surja el hongo de la victoria. Carme Chacón no deja de ser otra invención, en este caso, de su marido y los amigos, y me la bufa, sinceramente, que alguien interprete esta obviedad política como un rasgo machista.

¿Y podría ser secretaria general del PSOE? Por supuesto, que sí. Conviene recordar a los que se han olvidado o lo desconocen, que Zapatero llegó a secretario general por un conjunción astral entre un grupo de frívolos sin fronteras, entre los cuales la que ponía la casa era Trinidad Jiménez, y la participación del planeta Alfonso Guerra quien, con tal de que no saliera Bono, apostaba hasta por eso chico de León que era de Valladolid, y al que la mayoría de su federación leonesa detestaban, por trepa y “sobrao”.

El tejido del PSOE es frágil y se sustenta en el Gobierno. ¿Acaso el del PP es diferente? Si no gobiernas, apenas si tienes partido. Es lo que llamamos “travesía del desierto”, imagen que exigiría una explicación basada en la soledad del corredor de fondo (La seguridad que manifiesta Artur Mas, sobre la que habrá que volver, no le viene de la victoria electoral, que estaba cantada, sino de que casi nadie pensaba que sobreviviría a su “travesía del desierto”). Zapatero fue una invención, un apósito, un puente hacia una nueva generación. Mientras tuvo dinero lo dilapidó en estupideces muy aplaudidas por nuestra inteligencia. Quedará como el presidente que legalizó el matrimonio homosexual, lo cual me deja frío por falta de interés político. Todo lo demás se ha ido al carajo y lo arrastró con él. ¡Manda huevos que haya de ser la derecha, tan responsable de la crisis como los demás, la que explique que lo nuestro es nuestro, y que los muertos de nuestro armario los mataron aquí!

Que la izquierda real de este país se haya construido sobre la mentira, el engaño y la chapuza no es fácil de llevar. Me temo que el dilema al que se enfrenta el PSOE se reduce a una refundación con lavado general, o limitarse a conservar los últimos territorios. Lo que se traducirá en cómo garantizamos que los profesionales del ramo sigan ahí hasta su jubilación, o en algún caso hasta su fallecimiento. No quieren entender que no han perdido sólo, insisto en lo de “sólo”, más de cuatro millones de votos, sino que ha dejado de confiar en ellos, por falaces y corruptos, varias generaciones. El gran Bono, ese magistral charlatán de feria, con su voz engolada de pregonero, ha propuesto al humilde Eduardo Madina. Cuando los viejos del colmillo retorcido se sacan un joven de la manga es porque ya están detrás, cerrándole el camino a otro. Aún tenemos siete millones de votos, aseguran los del vaso medio lleno, sin ser conscientes de que ese votante tiene más miedo a la derechona que confianza en los dirigentes flácidos. El voto que le queda al PSOE es un voto conservador, de refugiados ante la tormenta.

Lo que llama la atención no es el silencio de Rajoy sino la clandestinidad que ha sobrevenido al PSOE. Esperan con angustia que el enemigo diga algo para poder ellos responder. Han perdido el discurso, la voluntad y sobre todo el crédito. Las escasas reacciones de los dirigentes, recogidas con cuita y mimo por sus albaceas, revelan que han perdido hasta los papeles. Como todo dirigente arruinado, esperan en el búnker el arma letal que genere el milagro. ¡Un líder! ¡Mi reino por un líder! Y que sea joven pero menos, que hable inglés pero con acento, que sepa economía pero sin ser financiero, que sirva para unir pero no a todos. El hundimiento se magnifica cuando no hay nadie que asuma la derrota y cada responsable se escaquea y asegura que lo suyo, su quiebra, no fue tan grande como la del vecino. Así los catalanes se alivian con los andaluces, los asturianos con los santanderinos, los de Madrid con los de Barcelona.

¿Quién dijo hundimiento? Aún nos quedan muchas victorias, aunque sean a cien años, exclamó uno de esos tipos que entraron, para medrar, en las penúltimas elecciones. ¿Cuánto puede sobrevivir un partido que ya no cumple nada de lo que promete? Mucho, seguro que mucho. La mayor demolición de todas maneras les vendrá de los jueces. Agujero tras agujero, la vida del PSOE parecerá un campo de golf, con numerosos señoritos mirando el green; como en los clubs de postín.

El Roto, ese intelectual brillante, decía en una de sus viñetas: “Hay votaciones que parecen funerales”. De ahí este tríptico. Primero Javier Pradera, una muerte que es al tiempo el símbolo de un fin de ciclo, casi de un mundo. Luego Asturias, la perenne cantera de la izquierda, convertida hoy en un parque natural del chanchullo. Y en fin, esta leve crónica del hundimiento. Ya nos han anunciado que nada será igual. Exageran, todo será más igual que nunca.

Gregorio Morán

La Vanguardia (10.12.2011)

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