Siempre lo he dicho, y esté artículo m

Siempre lo he dicho, y esté artículo me lo confirma todavía más: G. Morán está a sueldo de la derecha (o sea, de La Vanguardia, o sea CiU) para atacar a la izquierda desde una fingida posición radical. En realidad, no es ningún descubrimiento, pues ya lo ha confesado él mismo: “nosotros estamos con quienes nos pagan”. En un articulista que ejerciera honestamente desde la derecha, o defendiera claramente posturas reaccionarias, no tendría nada de particular y sería lo coherente. Lo inadmisible es que pretenda mantener la fachada de un purismo radical, progresista o izquierdista. Es curioso ver cómo, desde que CiU está en el gobierno de Cataluña, no ha dicho una sola palabrita que los afecte ni siquiera de refilón… ¡y no será por falta de temas y de motivos! Llama la atención que quien tan hipercrítico se muestra con la izquierda (y no diré yo que sin razón) tan sumiso y hasta obsecuente se muestre, en cambio, con la derecha. Este artículo en concreto es una colección de adjetivos laudatorios y obsecuentes hacia Álvarez Cascos, casualmente Presidente de la Comunidad Autónoma en la que él habita…, Intentaré no ser malpensado, pues no es la primera vez; hace poco ya le ponía por las nubes en un artículo que fue incluso reproducido en primera página en la web de Cascos, ¿será que con aquél no fue suficiente y tiene que hacer más méritos? Contiene también alguna tontería solemne, como eso de que Izquierda Unida ganó un escaño “gracias a la personalidad de su candidato, Llamazares, más que a su atractivo como coalición”, ignorando u ocultando (no sé qué es peor) que la coalición subió fuertemente en toda España. G. Morán la emprende contra todo lo que suene a izquierda, ejerciendo como Gran Inquisidor de la pedantería, con su peculiar e insufrible abuso de la agresión y del insulto (basta comparar su inmisericorde artículo reciente sobre Pradera con el de Muñoz Molina; no hay color ni en actitud ética, ni en coherencia, ni por supuesto, en calidad de escritura).Casi no hay personaje político, ni vivo ni muerto, que escape a sus insidias. Por eso resulta particularmente significativo observar a quiénes alaba las escasísimas veces que lo hace. Yo, en los artículos suyos que he leído, sólo he visto tres “alabados” entre una larga nómina de “insultados”. Curiosamente, esas tres personas, únicos objetos de la admiración de G. Morán, son todos de la derecha, o de la ultraderecha: Mayor Oreja, Sabino Fernández Campo y Álvarez Cascos. Significativo ¿no?

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