Un hombre, un voto

Viñeta 

Este sistema prima el territorio sobre el ciudadano. Con un agravante: que los territorios injustamente beneficiados utilizan esa ventaja para erosionar los derechos comunes de todos los españoles y el fundamento donde se sustenta la soberanía nacional

Un sistema electoral que asigna un diputado por cada 47.661 votos a un partido (Amaiur) y exige 228.048 votos a otro (UPyD) por obtener ese mismo diputado no puede ser un sistema electoral justo. Nada puede justificar semejante estafa. Ni el equilibrio territorial ni el amaño de la gobernabilidad. Los dos se pegan de bruces contra el concepto de ciudadanía e igualdad: un hombre, un voto. Bueno es explicar por qué.

La lucha por la dignidad y contra el abuso del poder tiene en la conquista democrática uno de sus pilares máximos. Cuando en el siglo V a. de C. se logra el primer intento y los ciudadanos libres de Atenas discuten y votan en el ágora quiénes han de representarles en los asuntos públicos, intentan que sus derechos dependan de cada una de sus decisiones individuales. Se trata de que nadie les suplante, sino que les represente. A cada uno de ellos. Y si bien quedaban entonces excluidos esclavos, mujeres, extranjeros etc., la idea de que el poder sea la consecuencia de la suma de las voluntades individuales ya está en marcha. Precisamente por carecer de ese derecho universal al voto, el sufragio censitario de las primeras revoluciones liberales del S.XVIII que dejaba fuera a mujeres, pobres y analfabetos, fue sustituido por el sufragio universal que garantizaba a todos, independientemente de su color, sexo, capacidad económica o cultural, el derecho al voto.

Pues bien, los ajustes del sistema electoral español para corregir el desequilibrio territorial y asegurar la gobernabilidad que la Constitución del 78 barruntó nos devuelve, por modificaciones interesadas, a etapas superadas por la conquista del sufragio universal.

Que Amaiur obtenga 7 diputados con 333.628 votos y UPyD sólo 5 con 1.140.242 es un sarcasmo. Que los maquilladores de los crímenes de ETA obtengan 7 diputados o Geroa-Bai 1 con sólo 42.411 votos y EQUO ninguno a pesar de obtener 215.776 votos es inadmisible. Las consecuencias no son sólo de presencia y poder dentro del Congreso de los Diputados, es sobre todo de influencia psicológica. Una minoría de españoles que no quieren serlo (1,37%) ha tenido mucho mayor impacto que el 4, 69 % de UPyD o que el 6,92% de IU. Por poner un ejemplo gráfico: si el costo por escaño de UPyD fuera el mismo que el de Amaiur, UPyD hubiera obtenido 23 escaños y no 5. Pero si el costo por escaño de Amaiur fuera el mismo que el de UPyD, sólo hubiera obtenido 1 escaño y no 7.

En España, el sistema electoral beneficia a los partidos nacionalistas y a los dos grandes, y perjudica por sistema a los partidos de ámbito nacional pequeños y medios. ¿Les parece de recibo que UPyD obtenga 5 diputados y CiU 16 a pesar de que esta última haya sacado 125.979 votos menos? El problema está en las circunscripciones.

Este sistema prima el territorio sobre el ciudadano, como antes del sufragio universal se primaba al rico o al varón. Con un agravante: que los territorios injustamente beneficiados utilizan esa ventaja para erosionar los derechos comunes de todos los españoles y el fundamento donde se sustenta la soberanía nacional. O sea, España.

Si los dos grandes, PP y PSOE, tienen vergüenza, no puede acabar esta legislatura sin que haya cambiado la Ley electoral.

Antonio Robles

Libertaddigital (24.11.2011)

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