PSC y PSOE (III de VI)

PSOE - PSC 

‘Salvada la intención, más de una noche de pesadilla habrán sufrido los ‘Guerras’, ‘Felipes’, ‘Ybarras’… al percibir que la evolución ha conducido a un resultado decepcionante y deprimente. La aproximación al PSC actual, el del proceso estatutario, el de la alianza con ERC, el de las multas a los comerciantes insumisos por rotular fuera de la horma, el de la lengua preferente, el de la inmersión lingüística, el de la deslealtad constitucional, el del apoyo a los referendos independentistas, el del desacato legal, el de la insumisión delincuente, el del desafío al Estado… nos remite a la misma exclusión de la l’Assemblea, nos remite a la “obediencia catalana”‘

Unos inmunes a la realidad, otros pillaos por donde más duele. La unificación

En estas circunstancias [una y dos] se gestó la unificación de los grupos y partidos socialistas de Cataluña, la que dio lugar al PSC (PSC-PSOE) -aunque pronto se inició la mengua de la inclusión PSOE en la definición del partido, quedando finalmente sólo en PSC y destacando la C de Cataluña sobre la S de socialista para afirmar el giro identitario-. En este proceso, el PSOE desactivaba la entonces casi centenaria Federación Socialista Catalana, renunciaba a la intervención directa en la política catalana y en las contiendas electorales, transfería al PSC (un partido diferente) su militancia, su potencial de voto y la presencia hegemónica de sus cuadros en la UGT. Por otra parte, los partidos socialistas catalanes, PSC Congrés y PSC Reagrupament, superaban su división de fuerzas y de siglas.

Las razones por las que el PSOE se avino a esta operación, a día de hoy, no son fáciles de entender. Las previsiones de respaldo electoral eran claramente favorables al PSOE; sin embargo se aceptó un trato entre iguales, cuando el patrimonio que aportaban las partes era claramente asimétrico. Se conoce que Willy Brandt, valedor de Felipe, le exigió la unidad del socialismo. Así mismo, se dice que Oriol Bohigas, conocedor de las expectativas electorales de los tres partidos previos a la unificación, argumentó a Felipe la incongruencia en la que quedaría la recuperación de la identidad de Cataluña con un PSOE que dejaría eclipsados en Cataluña a los otros dos.

En realidad, fuera de las encuestas, se manejó la situación para que no se evidenciara la diferencia de respaldo electoral. En las elecciones generales del 77, previas a la unificación, se fue a las urnas mediante una candidatura unificada, la Graella de los socialistas. La democracia exigía generosidad, y más todavía entre los que compartían ideología.

Así, en el primer congreso, se formalizó la unificación atendiendo a un reparto formalmente paritario entre unos y otros, llamado de “chico, chica, chico, chica…”, más o menos uno del PSC Congrés y uno del PSOE, y de vez en cuando, alguno de Reagrupament, ya que este partido apenas tenía militantes. Debe señalarse que esta aparente equidad no lo era en absoluto, si se atiende al respaldo de los votos, y por tanto, a la importancia real de cada partido.

No pasó demasiado tiempo para que se percibiera la asimetría de a quién favoreció el trato; la síntesis más cruda y realista de esta desigualdad la expuso con claridad cínica un dirigente del PSC, dirigiéndose a la militancia pesoísta: “Vosotros ponéis la cantidad, nosotros la calidad”. Cierto, los nuevos representantes del partido, y del sindicato, tenían que cumplir, aunque ello nunca se escribiera, el perfil “presentable”; es decir, formación, apellidos, y sobre todo lengua, lengua que no labia, lengua catalana para las instituciones catalanas. El axioma, tan machacón como falto de rigor, “A Catalunya, en català“, ya estaba grabado en el imaginario sagrado colectivo, y más aún en la izquierda, gracias a la impagable labor del PSUC.

Por ello, desde la apropiación de la legitimidad de unos, y desde la cesión fatalista y acomplejada de otros, la división de papeles y la demarcación interna de las nuevas clases socialistas quedaba fijada por consenso, sin necesidad de dejarla escrita, sin necesidad de mencionarla siquiera. Hasta los propios líderes de relieve que habían dirigido la federación del PSOE asumieron que no disponían de suficiente formación ni bagaje intelectual y catalanista como para asumir la responsabilidad de la representación pública que les vaticinaban las encuestas, es decir, ¡reconocían que tenían votantes, muchos votantes, tantos, que no sabían qué hacer con ellos!, sin dejar al desnudo la realització nacional plena de Catalunya, ¿tant demanada per les classses populars?

También los dirigentes nacionales del PSOE aceptaron un trato sobre cuyo desarrollo tan poco ha tenido que ver la tradición de la lucha por el socialismo y por la desaparición de las diferencias de clase. En su descargo debe decirse que esos valores se suponían compartidos y predominantes en el socialismo catalán, y seguro que lo eran en buena parte de sus dirigentes. Nuestra propia evolución histórica nos ha hecho ver la incompatibilidad de esos valores con los que sostiene el nacionalismo; algo que en Europa ya habían descubierto y sufrido en carne propia. Salvada la intención, más de una noche de pesadilla habrán sufrido los Guerras, Felipes, Ybarras… al percibir que la evolución ha conducido a un resultado decepcionante y deprimente. La aproximación al PSC actual, el del proceso estatutario, el de la alianza con ERC, el de las multas a los comerciantes insumisos por rotular fuera de la horma, el de la lengua preferente, el de la inmersión lingüística, el de la deslealtad constitucional, el del apoyo a los referendos independentistas, el del desacato legal, el de la insumisión delincuente, el del desafío al Estado… nos remite a la misma exclusión de la l’Assemblea, nos remite a la “obediencia catalana”.

Olegario Ortega es vicepresidente de Ágora Socialista y militante de UPyD

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Publicado el 10 de octubre: PSC y PSOE (I de VI). Introducción

Publicado el 16 de octubre: PSC y PSOE (II de VI). En aquel tiempo…

La voz de Barcelona (22.10.2011)

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