Buscando pareja

Artur Mas, Presidente de la Generalitat de CatalunyaDespués del 20-N quizás Mas nos desvele el misterio de qué son el pacto fiscal y la transición nacional

Catalunya es plural y CiU es poliédrica. Lo primero se demostró, una vez más, en las intervenciones de los portavoces parlamentarios. Derecha e izquierda, nacionalistas y no nacionalistas, expresan el extraño cóctel en que se ha convertido la Cámara catalana. Como es obvio, el ingrediente dominante, su bloque central, es el irónicamente denominado Partit Unificat de Catalunya (PUC), formado por CiU, PSC, ERC e ICV, pero no todos los catalanes se sienten representados en él: algunos han escogido otras opciones, o ninguna. Catalunya es plural.

Y CiU es poliédrica, además de escurridiza, porque sus posiciones y sus votantes lindan, por lo menos, con otras tres formaciones políticas: PSC, ERC y PP, pónganlos en el orden que quieran. El partido que lidera Artur Mas es claramente mayoritario respecto a los otros grupos, pero no tiene la mayoría absoluta que se precisa para gobernar con comodidad y necesita socio. Lo está buscando y todavía no lo encuentra.

Sus posibilidades son tres: establecer una sociovergencia con el PSC, un bloque nacionalista con ERC o un centro liberal con el PP. Lo primero es difícil ahora por la débil e incierta posición de los socialistas, aquí y en Madrid: de momento han dejado de ser un aliado interesante.

Exactamente lo contrario de los otros dos, ambos de gran interés. La ERC actual está dando un giro respecto a la época del tripartito. “Olvidemos el pasado y volvamos al amor”, como en la canción, le vino a decir ayer Joan Puigcercós a Mas. Aunque puso el listón alto y una parte del electorado de CiU no está para más aventuras: pero los listones se gradúan después a conveniencia.

Con el PP, Mas coincide, casi al cien por cien, en su concepción liberal de la economía y la sociedad. Además, previsiblemente será el partido que próximamente gobernará en Madrid y quizás –en CiU se hacen plegarias– les necesitará para ser mayoritario en el Congreso. Alicia Sánchez-Camacho coqueteó ayer con CiU: también desea ser escogida como pareja. Pero un obstáculo les separa: la dichosa cuestión de la identidad nacional. ¿Es salvable? Lo es, lo fue con Aznar. Pero se pagó un precio muy alto: perder el gobierno de la Generalitat.

Por tanto, nada está claro, ni puede estarlo antes del 20-N. En último término siempre está la incómoda geometría variable: que se lo pregunten a Zapatero. Cuando el juego de alianzas quede establecido, quizás Artur Mas nos desvele el misterio de qué son el pacto fiscal y la transición nacional. Mientras busque pareja sería imprudente. ¡Ah! Las grandes fortunas catalanas duermen plácidamente.

La Vanguardia (29.09.2011)

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