El fin de la aventura

 Entesa Catalana de Progrés

Los cambios en la cúpula de ERC y la no renovación del pacto con el PSC e IC para seguir en el grupo parlamentario Entesa Catalana de Progrés en el Senado pueden considerarse como un fin de etapa en la política catalana. Ahora empieza a dibujarse un nuevo escenario, todavía por definir, pero con nuevas reglas.

En efecto, la etapa que termina empezó tras las elecciones autonómicas de 1999: el PSC, encabezado por Pasqual Maragall, había perdido por puntos ante una CiU ya muy debilitada. Los socialistas creyeron entonces que ellos solos nunca podrían vencer electoralmente a CiU: había, pues, que buscar aliados. Ante la imposibilidad de un acuerdo con el PP, sólo les quedaba mirar a la izquierda. De antemano tenían asegurada la complicidad de IC, pero no bastaba. Había que tentar a ERC, entonces liderada por Carod-Rovira.

El primer paso se dio inmediatamente, en febrero del 2000. El PSC ofreció a ERC (y a IC) un doble pacto: formar una comisión parlamentaria para estudiar una posible reforma estatutaria y, en garantía de que su actitud era firme, aprovechando la debilidad del PSOE de entonces, formar a su vez la Entesa como grupo parlamentario conjunto en el Senado. Carod aceptó la oferta sin comprometer el futuro. Pero se empezó a tejer una buena relación entre ambos partidos, en especial en la comisión de estudio parlamentaria que a fines del 2002 acabó aprobando unas bases para la reforma del Estatut.

Durante este periodo, los sondeos de opinión iban aumentando las expectativas de voto de los republicanos al tiempo que proporcionalmente disminuían las de CiU. Esta pagaba el peaje de estar apoyada en el Parlament por el PP del vilipendiado Aznar. Ante este panorama, Jordi Pujol anunció que no se presentaría a las próximas elecciones y Artur Mas fue designado candidato y nuevo líder del partido. Inmediatamente dijo que él no pretendía una reforma estatutaria sino un nuevo Estatut. Había comenzado la subasta entre CiU y ERC por ver quién era más nacionalista.

Ante las elecciones de noviembre de 2003 cada partido, como es natural, fue marcando perfil propio. Carod mantenía la equidistancia respecto a convergentes y socialistas: ERC era, por un lado, nacionalista y, por el otro, de izquierdas. Hasta el final no quiso Carod desvelar por quién se inclinaría si su formación era decisiva para formar Govern. A su vez, un interesante debate se desarrollaba dentro de ERC. Hasta hacía poco el viejo partido catalán se había mantenido como un simple apéndice de CiU, sus mismos votantes tenían como verdadero líder a Jordi Pujol. El nacionalismo era un movimiento con dos alas, Convergència y Esquerra, la derecha y la izquierda. Pero los réditos que sacaba ERC de esta situación eran escasos o nulos: había que cambiar de estrategia.

Para ello el nuevo planteamiento de ERC fue el siguiente: los partidos catalanes no debían articularse en torno a dos polos, el nacionalista (CiU y ERC) y el no nacionalista (PSC, PP e IC), sino en torno a los propios de un país normal: derechas (CiU y PP) e izquierdas (PSC, ERC e IC). Los sectores más catalanistas del PSC participaban de la misma opinión. Desde el punto de vista nacionalista, esta nueva estrategia se justificaba en la necesidad de que en cada polo el partido dominante fuera nacionalista: en la derecha estaba ya claro que era CiU, en la izquierda aspiraba a serlo era ERC, quedando el PP y el PSC como partidos subordinados en sus campos respectivos. Así, la natural alternancia entre derecha e izquierda no supondría un cambio en el esquema nacionalista. Ahora bien, para lograr la hegemonía dentro del campo de la izquierda, ERC debía ir arrebatando los votos del área industrial de Barcelona al partido socialista mediante posiciones socialmente progresistas y un nacionalismo independentista pero no identitario como el de CiU. En ERC cabían todos, con independencia de sus orígenes. Carod-Rovira expuso estas posiciones en conferencias y artículos de prensa.

Así, en la noche electoral del 16 de noviembre de 2003, mientras Pasqual Maragall, a la vista del mal resultado, estaba visiblemente deprimido y a punto de abandonar el barco, Montilla, Iceta, Carod y Puigcercós quedaron en verse al día siguiente para intentar un pacto de gobierno. Al fin y al cabo, PSC y ERC, más IC, es decir, el bloque de izquierdas, sumaban más votos que CiU y el PP, el de derechas. Unos, los socialistas, querían sólo el poder; otros la influencia y la ideología, llevar a la Generalitat hacia la ruptura con España, proclamar el independentismo sin complejos.

Así el PSC se metió en un laberinto del que no ha podido salir, enredado en la trampa que le tendió ERC. Esta, aunque como partido se encuentre en situación crítica, tiene el mérito de haber sabido poner el independentismo en el mapa catalán. Todo empezó debido a un interesado, e ingenuo primer paso del PSC: formó gobierno con un partido independentista para aprobar, nada menos, que un nuevo Estatut. Años antes, como prenda, les habían regalado grupo parlamentario en el Senado. ERC, al rechazar formar parte de dicho grupo, ha puesto fin definitivo a la aventura.

Francesc de Carreras, Catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

La Vanguardia (22.09.2011)

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