El partido por excelencia

Logo del PSUCEl PSUC ha cumplido 75 años entre la indiferencia y el olvido

Josep Maria Sòria.- El pasado 23 de julio se cumplieron 75 años de la fundación del Partit Socialista Unificat de Catalunya, (PSUC), organización que jugó un papel muy destacado durante la guerra civil, en la resistencia al franquismo y en la transición. Tan importante es su historia como elocuente el silencio con que ha transcurrido el aniversario. Hace 25 años, en cambio, en la conmemoración del 50º aniversario, el president Jordi Pujol agradeció a un PSUC ya en horas muy bajas todo su esfuerzo por las libertades de Catalunya. Un cuarto de siglo después, parece que muy pocos se han acordado del que fue el partit antifranquista.

El grupo comunista catalán nació en el bar Pi, en la plaza barcelonesa del mismo nombre, el 23 de julio de 1936, apenas cuatro días después de haber sido aplastada en Barcelona la rebelión militar de Franco. Cuatro grupos marxistas protagonizaron la fusión: la Unió Socialista de Catalunya de Serra i Moret, la federación catalana del PSOE, el Partit Proletari Català y el Partit Comunista de Catalunya, formación representativa del PCE en Catalunya. Como secretario general fue elegido Joan Comorera. La creación del PSUC no fue una casualidad ni un acto voluntarista, como acostumbraba a pasar en la época. En poco tiempo pasó de seis mil a 30.000 militantes, a pesar de la guerra.

Dos elementos a tener en cuenta. El primero es el cambio de estrategia operado en 1935 en el Komintern. La Tercera Internacional, organización que reunía a los partidos comunistas del mundo, se decantó por la política de los frentes populares, es decir, pactar con los partidos socialdemócratas y republicanos de izquierda para hacer frente a la emergencia del fascismo y del nazismo en Europa. El segundo, el vacío que había en la izquierda radical catalana, mucho más evidente desde los hechos del 6 d´Octubre de 1934 y de la represión posterior.

El éxito electoral del Frente Popular, en febrero de 1936, potenció la necesidad de la fusión para ofrecer un futuro político y profesional a un amplio espectro de la sociedad catalana, desde ERC a Acció Catalana y el resto de organizaciones republicanas catalanas, incluido el Estat Català de Josep Dencàs. El PSUC no se limitó a un planteamiento obrerista, sino que ofreció un discurso catalanista y de orden social que convencieron a quienes veían con preocupación las colectivizaciones puesta en marcha desde el Govern por el POUM y ERC y la ola represiva desatada desde el Comité de Milícies Antifeixistes y la FAI. De ahí que se prefiriera el concepto de socialista al de comunista para el grupo. Una cuestión que define de forma clara los objetivos del partido dirigido por un Comorera que siempre abogó por defender el orden republicano y ganar la guerra ante todo. A diferencia de otros, nunca se abstuvo de denunciar a quienes perjudicaban a la República con sus comportamientos cruentos. También propuso una alternativa sindical a la CNT a través de UGT, la cual tendría entonces un auge desconocido en Catalunya. Pero la guerra había empezado y la prioridad fue organizar la Columna Del Barrio, que partió el 26 de julio con 2.000 hombres y tres baterías de artillería. Su misión era ocupar la zona entre Tardienta y la sierra de Alcubierre, para rebasar Huesca por el sur y ocupar Zuera. La columna contaba con un grupo de comunistas alemanes, en Barcelona para la Olimpiada Popular, que se sumaron al bloque antifascista.

Desde el principio, Joan Comorera y Serra i Pàmies, su segundo de a bordo, impusieron su tesis de que el PSUC había de desarrollarse con independencia del PCE. Por otro lado, las diferencias entre los grupos republicanos y la lucha por poner orden entre psuqueros y poumistas y faieros se resolvió a tiros en mayo de 1937 a favor de los primeros, incluido el secuestro y asesinato por agentes soviéticos del líder del POUM Andreu Nin, sobre el que Comorera guardó silencio.

El otro frente fueron los intentos de integrar al PSUC en el PCE, una operación promovida por el agente soviético Togliatti, y que pasaba por apartar a Comorera y situar en su lugar al obediente Pere Ardiaca. Tampoco los aconteceres de la guerra fueron propicios. Desde el Gobierno, Negrín acusaba injustamente a los catalanes de no poner toda la carne en el asador, mientras que Del Barrio criticaba las operaciones militares, incluida la del Ebro. El final de la guerra y el exilio no aplacaron las diferencias entre PSUC y PCE. Las potenciaron.

En 1940 se produjo una escisión, en México, de entre otros, Serra i Moret, Serra Pàmies, Victor Colomer y Miquel Ferrer, por el sometimiento del PSUC al PCE y al Komintern. De este núcleo surgiría el Moviment Socialista de Catalunya (MSC) que con el tiempo dirigirían Joan Raventós y Raimon Obiols y que fue uno de los partidos fundadores del PSC en 1976. Comorera resistió, mal que bien gracias a su reconocido estalinismo, los embates para vincular el PSUC al PCE, hasta que en 1949, acusado de titista, fue descabalgado de la cúpula del partido. En 1954 era detenido en Barcelona y condenado a 30 años. Murió en el penal de Burgos en 1958. Nunca se ha aclarado de dónde procedió la delación que provocó su caída.

Por otro lado, la ilegalización de los partidos comunistas en Francia y la Segunda Guerra Mundial obligaron a muchos militantes a desperdigarse por Latinoamérica y Rusia, o a vivir en la clandestinidad para apoyar la resistencia a Franco con la lucha guerrillera de los maquis, o a los nazis en Francia. Las caídas de militantes en España, muchos de los cuales fueron pasados por las armas, no fueron óbice para consolidar la imagen de un partido en lucha contra la dictadura, hasta el punto que en los medios clandestinos fue siempre conocido como “el partit”.

El primer congreso del partido, celebrado en 1956 bajo el título Per la reconciliació nacional,y el acceso al poder de las nuevas generaciones del PSUC y del PCE -Gregorio López Raimundo y Santiago Carrillo, respectivamente-, comportaron un cambio estratégico fundamental: el fin de la lucha armada contra la dictadura y la decisión de ocupar los cargos básicos en las elecciones sindicales y estudiantiles para poner en contradicción las instituciones franquistas, como poco a poco fue ocurriendo a partir de los años sesenta, cuando se fraguaron las primeras instituciones unitarias de resistencia contra el franquismo y en las que el PSUC jugaría un papel fundamental. Tanto que sin su concurso, la transición en Catalunya y, por tanto, en España, no hubiera sido la misma.

La Vanguardia (8.08.2011)

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