Einstein y el comunismo

Albert Einstein 

En un período de definiciones históricas como el nuestro, Albert Einstein publicó un profundo artículo [¿Por qué el socialismo?] en el Monthly Review, Nueva York, en mayo de 1949, reproducido en La BitBlioteca de Analítica.com. Allí Einstein nos dice una verdad que los defensores a ultranza del mecanismo de mercado han escogido ignorar: que en la historia del capitalismo, «los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado» y «se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra». Ni siquiera el principio, éticamente cuestionable, de los neoliberales (Nozick entre ellos) de que la tierra es del primero que la posee, fue respetado en nuestros países, pues los indígenas fueron expropiados de sus posesiones (¡incluyendo la posesión de sus propias personas!).

Analizando al ser humano de su época, Einstein dice premonitoriamente que «su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente», y que «la anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente de mal». Es cierto que Einstein no conocía el teorema de la (organizadora) mano invisible del mercado. Pero intuía sus «fallas», que apelan al Estado y a la solidaridad, y mostraba velada conciencia de una verdad que los neoliberales también parecen haber escogido ignorar: que dados ciertos niveles imaginarios de felicidad de los individuos, asociados a una asignación de recursos y de outputs eficientes, que pueden ser escogidos por alguna vía, por ejemplo la democrática, hay una redistribución de la propiedad (de tierras, capital) tal que el mecanismo de mercado, puro y duro, consigue esa asignación. Por supuesto que esto es un fundamento para una revolución capitalista: en un proceso inicial, como el que vivimos en Venezuela por la vía de una nueva Constitución y leyes, una redistribución de los derechos de propiedad, en particular de la tierra, sin compensación alguna, produce, para asombro de muchos, una asignación enteramente eficiente, que incluso puede ser igualitaria por razones políticas, por la vía del tan «respetado» mercado… Creo que Einstein tenía una tremenda instuición, no sólo en Física.

Finalmente, el creador de la Teoría de la Relatividad dice que «estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males: el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales». Concuerdo con que la sociedad se orientará, en un largo proceso construido paso a paso y sin imposiciones, de edificación del «capital moral» de la sociedad, por la vía de la demostrada eficiencia del mecanismo de la solidaridad (en las relaciones familiares, en los grupos de amigos, en las relaciones de comunidades locales, en empresas cooperativas, solidarias, en organizaciones voluntarias, en movimientos como el software libre), hacia el comunismo puro, el Reino del Amor, como lo concebía Jesús de Nazaret.

Felipe Pérez Martí

larepública (1.08.2011)

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