Sólo él lo sabe todo

PSOEEl punto menos conseguido de nuestro sistema político es tal vez la democracia dentro de los partidos

Quizás Zapatero anuncie hoy su decisión de presentarse o no a las próximas elecciones. Fíjense en que en esta primera frase hay dos incógnitas: no se sabe si se presentará, ni se sabe si lo dirá hoy. Nadie sabe nada, sólo él lo sabe todo. No me digan que no es cómico el asunto. Obviamente, no cometeré el error de hacer un pronóstico. Como decía aquel: nunca hay que hacer pronósticos, sobre todo si son de futuro…

El problema que quiero plantear es otro y afecta a un punto crucial, probablemente el más problemático y menos conseguido, de nuestro sistema político: la democracia dentro de los partidos. ¿Cómo es posible que el PSOE, con cientos de miles de asociados y diez millones de votantes, esté desde hace meses tan pendiente de la decisión de uno de ellos, de su líder máximo? ¿No debería ser al revés? Es decir, ¿lo natural no sería que en una sociedad democrática en la que los partidos, muy especialmente los partidos, también deberían ser democráticos, fueran sus asociados e, incluso, sus votantes habituales quienes decidieran su candidato a presidente del Gobierno? Pues no, no es así. Hacia finales del año pasado, en respuesta a la pregunta de un periodista, quizás en broma, aunque tampoco lo ha aclarado, el presidente del Gobierno afirmó: “Si me presento o no sólo lo saben mi mujer y un miembro del partido”. Quizás en broma, ya digo, porque a mí sólo me suena a broma. Que la respuesta la sepa su mujer, con lo pesado que debe de ser tener a un marido de presidente, me parece de lo más normal: debe de ser la primera en saberlo y, sobre todo, antes que eso, tiene derecho a opinar. “O lo dejas o te dejo”, quizás le dijo su esposa al presidente. No es una frase sin sentido sino cargada de razón: cuando ella dijo “sí, quiero”, no sabía el porvenir que le esperaba, el absorbente cargo del marido no estaba en las cláusulas del contrato. Estos ocho años no se los devuelve nadie. Que lo sepa su mujer es, pues, justo, equitativo y razonable.

Pero ¿por qué uno, y sólo uno, entre los miles de militantes del partido, entre los cientos de altos dirigentes, entre las varias decenas del consejo federal o entre el grupillo no tan reducido de la ejecutiva? ¿Por qué uno solo? ¿Y quién? ¿No tendrán envidia los demás? ¿“No serás tú el que lo sabe y callas como un p…”, se dirán unos a otros? “Dijo miembro y no miembra”, recordará quien todos sabemos, “aquí no hay paridad, ¿y la ley, para qué hicimos la ley?”

¿Cómo puede el máximo dirigente de un partido coquetear de esta manera sobre su futuro y sobre el de sus compañeros? Es imposible, era una broma, estoy convencido de ello. Pero lo que no es una broma es el problema de fondo. Si Zapatero dice que sigue, es que sigue y todos a callar. Si dice que no sigue, a hacer primarias y aún gracias. ¿Por qué no hacer primarias en todos los casos?

Francesc de Carreras

La Vanguardia (2.04.2011)

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