Relanzando el universalismo

Logo Consejo de Derechos Humanos de la ONUA la espera de la evolución –incierta– de los acontecimientos derivados de la resolución del Consejo de Seguridad sobre Libia, es en el Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas que se escribe una nueva página del universalismo. Abierto a casi todos los países, tanto los más democráticos como los más tiránicos, el Consejo de DD.HH. nos ha acostumbrado a los mayores excesos. Desde el episodio de Sudán felicitando a China por sus “campos de reeducación a través del trabajo” al caso de Irán tronando contra los dibujos “blasfemos” sobre Mahoma. El organismo antecesor del Consejo de Derechos Humanos [la antigua Comisión de Derechos Humanos de la ONU] pereció tras haber elegido como presidenta a una delegada del régimen libio. La reforma del organismo no resultó convicente. Algunos piensan, incluso, que lo que habría que hacer es enterrarlo sin más, o incluso suprimir la ONU.
La última sesión del Consejo de Derechos Humanos, sin embargo, ha desmentido las visiones más pesimistas. Ésta se abrió sobre una decisión histórica, votada un poco antes en sesión especial: la expulsión de Libia. Y terminó con un intercambio constructivo en materias en las que las batallas terminológicas y los choques de culturas normalmente arrasan.
Tras el asunto de las caricaturas de Mahoma, asistimos a un diálogo de sordos entre la Unión Europea y numberosos países africanos y/o musulmanes con motivo del concepto de la “difamación de religiones”. Un caballo de Troya semántico, pensado para hacer pasar toda “ofensa” al islam por racismo. La cuestión fue sido objeto de múltiples resoluciones, sobre todo a raíz de los acontecimientos de Durban 2 [II Conferencia de la ONU sobre el Racismo, celebrada en Ginebra en 2009, utilizada por el presidente de Irán para hacer propaganda antijudía], la famosa conferencia celebrada para examinar la estrategia antiracista adoptada en África del Sur [en la I Conferencia de la ONU sobre el Racismo, celebrada en Durban (Suráfrica) en 2001]. La Unión Europea se ha negado siempre a legitimar esta retórica equívoca. Su determinación ha terminado por dar sus frutos.
En esta última sesión del Consejo de DD.HH., la mayor parte de los países se pusieron de acuerdo para combatir, no la “difamación de religiones”, sino “la incitación al odio y la violencia contra personas por razón de su religión o sus creencias”. Una formación que lo cambia todo. Fundamentalmente, gracias a la toma de conciencia de Pakistán. La posición del país centroasiático evolucionó a partir de los recientes asesinatos, por parte de un grupo de fanáticos, de un gobernador y un ministro partidarios de derogar la ley pakistaní sobre la blasfemia.
Las muertes de ambos dirigentes hizo reaccionar al Consejo, que se compromete ahora a proteger a toda persona perseguida por su fe o por su cambio de fe. Como los cristianos en Argelia, Pakistán o Egipto…
Eso no es todo. Una simbólica declaración fue también leída. Para “poner fin a los actos de violencia y a las violaciones de los Derechos Humanos por causa de la orientación sexual o la identidad de género”. Defendida en su momento por Rama Yade [antigua secretaria de Estado de DD.HH. del gobierno francés, entre 2007 y 2009] en nombre de Francia, la declaración no convenció más que a 66 países en 2008. En esta ocasión, el número de firmantes ha crecido hasta los 83, entre los que se encuentran varios países africanos, como la República Centroafricana, Guinea-Bissau, Ruanda, las Islas Seychelles o Sierra Leona.
Esta vez, es la persecución de homosexuales en Uganda la que ha sacudido las conciencias. Aunque no haya podido evitar ciertos comentarios odiosos, como el del delegado de Nigeria, que descalificaba la lucha contra la homofobia como contraria “a los valores de los países del grupo africano”, mientras acusaba a los países occidentales de no creer en Dios.
El progreso más sorprendente se refiere a la creación de un “nuevo mandato/país”. Ciertos regímenes autoritarios, Cuba a la cabeza, creían haber enterrado estas misiones que permiten investigar sobre la situación de los Derechos Humanos en un país en particular. Sorpresa, la alianza entre tiranos está tan resquebrajada, la fractura entre chíitas y sunníes está tan viva que no ha podido impedir la creación de una nueva misión centrada en… Irán. Prueba de que el concierto de las naciones puede cantar sólo cuando el contexto geopolítico lo permite. En otras palabras, la evolución de la intervención aérea en Libia –su brevedad o, al contrario, su eternización– tendrá un impacto decisivo sobre las próximas sesiones de la ONU. Sobre todo, sobre Durban 3, la tercera parte de la estrategia de la ONU contra el racismo, que empieza a diseñarse.
Caroline Fourest
[Traducción Juan Antonio Cordero]
Le Monde (25.03.2011)

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