También a mí me gustaría ser optimist

También a mí me gustaría ser optimista; es verdad que POR AHORA parece una revolución democrática y popular, y que siempre cabe agarrarse a esa confianza. Pero sería ciego cerrar los ojos a los factores opuestos: En esas sociedades la religión tiene un peso determinante, los valores no cambian de un día para otro, los islamistas están ahí, muy bien organizados, y no hay la menor duda de que sacarán tajada. Cuando escucho la frecuencia con que se utiliza el grito ¡Allahu Akbar! (Alá es el más grande) como consigna en las protestas, o veo las inmensas filas de fieles en la plaza Tahrir rezando bien alienados dando cabezazos contra el suelo, y observo que uno de los momentos más conflictivos es la salida de las mezquitas en el rezo de los viernes… se me ponen los pelos de punta. No obstante, son ellos los que han iniciado un camino y tendrán que hacerlo como ellos quieran, con sus contradicciones, sus retrocesos y sus riesgos. Europa tardó mucho tiempo en cambiar el Antiguo Régimen y en poder salir del dominio de la religión. Quizá con toda su buena voluntad (y también con sus intereses muchas veces disfrazados de buena voluntad) Europa y Occidente lo que hacen es interferir y gripar el proceso con su eterno intervencionismo, hoy muy bien arropado de razones humanitarias, pero no diferente en el fondo del intervencionismo colonial de siempre, para el que también se daban razones “civilizadoras” muy bienpensantes. Cuando tal vez lo más sano sería dejar que sean esos pueblos los que peleen por si mismos su futuro, decanten sus contradicciones y elaboren ellos mismos su futuro.

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