2010 se cierra como el peor año de la democracia para los asalariados

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El repunte del IPC agrava la pérdida de poder adquisitivo

Carlos Sánchez.- Si 2009 fue el annus horribilis del empleo -se destruyeron 1,2 millones de puestos de trabajo-, el año 2010 pasará a la historia como el ejercicio en el que se registró el mayor deterioro de las condiciones laborales de la democracia. Reducción de los salarios reales como nunca antes había sucedido desde 1977, aumento de la jornada laboral hasta niveles desconocidos en más de una década, menos asalariados protegidos por convenio colectivo y una tasa de paro inédita desde el segundo trimestre de 1997. 

Lo peor, sin embargo, es que nada indica que 2011 vaya a significar un punto de inflexión. Todo lo contrario. El repunte del índice de Precios de Consumo (IPC) correspondiente al mes de enero refleja que mientras los precios suben ya en tasa interanual un 3,3%, los salarios privados pactados en convenio apenas avanzan un 1,3%; y lo que es igualmente representativo, se incrementan tan sólo un 1% en el caso de los convenios de empresa. 

Las malas noticias para los asalariados no acaban ahí. Según datos de la Comisión Consultiva Nacional de Convenios Colectivos -un organismo dependiente del Ministerio de Trabajo-, el año 2010 se cerró con el mayor número de horas trabajadas desde 1999. En concreto, la jornada anual fue de 1.761 horas, nueve horas más que un año antes y 18 más que en 2007, que determina el mínimo de horas trabajadas. Y todo ello en un marco de relaciones laborales enrarecidas en el que el número de asalariados protegidos por convenio colectivo se ha reducido a la mitad. Los últimos datos oficiales muestran que en 2010 se firmaron únicamente 2.704 convenios colectivos, la mitad que los 5.475 cerrados un año antes. Y lejos, en cualquier caso, de los 5.987 suscritos en 2008. O dicho en términos más directos. Apenas 7,9 millones de trabajadores cerraron sus relaciones laborales el año pasado, a años luz de los 11,07 millones de un año antes. La pérdida de poder adquisitivo tiene que ver con el claro retroceso del número de convenios en los que existe una cláusula de garantía salarial que se activa en caso de que se produzca una desviación de los precios. Y que en 2010 se situó en el 45,8%, muy por debajo del 61,3% registrado un año antes. 

El ajuste en los salarios y en la calidad del empleo hay que relacionarlo, lógicamente, con la persistencia de la crisis económica, que ha puesto al borde del abismo a muchas empresas y ha hecho crecer el paro hasta el 20,3% de la población activa. Si en 2009, el ajuste se hizo vía empleo (los convenios reaccionaron tarde al nuevo contexto macroeconómico), en 2010, la válvula de escape han sido los salarios.

 De hecho, la remuneración por asalariado en términos de contabilidad nacional crece a ritmos del 0,5%, muy por debajo de lo que está aumentando el pib nominal (con inflación). Mientras que los costes laborales unitarios (relación entre productividad y empleo) están cayendo un 1,4% tras los fuertes incrementos de años anteriores, en los que se dañó la competitividad de la economía española.

 

Salarios y empleo de baja cualificación

 

La moderación salarial es incluso superior si se tiene en cuenta el llamado efecto composición, toda vez que al haberse cebado los despidos en los salarios más bajos (de menor cualificación), los que suben ahora son los medios y altos, lo que introduce un sesgo alcista en las tasas de variación. Sin este efecto composición, la subida de los salarios sería todavía más reducida. De hecho, en los convenios colectivos de empresa, que se ajustan más rápidamente que los sectoriales o los territoriales a las circunstancias de mercado, la subida salarial media se limita ya al 1%. Este ajuste salarial, sin embargo, todavía no se ha trasladado con fuerza a la capacidad de competir de las empresas españolas en los mercados internacionales. Básicamente por un problema de productividad. Los datos oficiales muestran que el coste laboral unitario medido por el cociente entre la remuneración por asalariado y la productividad por ocupado se sitúa en el 76,5%. Es decir, muy por encima del 69,2% de la zona euro, hacia donde se dirige el grueso de las exportaciones españolas. 

Dicho en otros términos, los salarios españoles son más bajos que en la eurozona (23.603 euros frente a 27.153 de media), pero la productividad es también sensiblemente inferior (30.859 euros frente a 39.255 en la zona del euro. Y eso está, precisamente, detrás de los bajos salarios.

 

El Confidencial (1.02.2011)

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