UPyD 2008-2011: tres años y tres días después

UPyDUno es despistado y este sábado 15 de enero no me percaté de que hacía tres años y tres días también presentamos en ese mismo teatro a los candidatos de UPyD para las elecciones generales de 2008, las primeras a las que nos presentamos –yo mismo encabecé con descaro la de Valencia- y en las que Rosa Díez obtuvo su valiosísimo escaño en el Congreso de los Diputados. Me lo recordó ayer, en Twitter, el blog de Alex Roa. Una ocasión oportuna para hacer un pequeño balance de dónde estábamos y dónde estamos.

Comencemos por lo más importante de cualquier proyecto político: las personas. En ambas citas en el Teatro Alcázar hubo llenazo, aunque creo que en esta ocasión algo mayor que en 2008; para que nadie quedara fuera, la empresa habilitó muy amablemente el cuarto piso, un gallinero ahora cerrado que llaman “el del Fantasma”. Pero el cambio fundamental se produjo en la naturaleza del público y en los protagonistas de la jornada. Respecto al primero, buena parte de los asistentes –cerca de mil personas- eran afiliados de UPyD veteranos o nuevos, pero plenamente implicados en el proyecto y no espectadores más o menos curiosos o esperanzados. En el escenario, mientras en 2008 dominaron los discursos rectores de Rosa Díez o Fernando Savater, en esta ocasión los protagonistas absolutos fueron los 12 candidatos elegidos sin excepción por sus compañeros en las recientes elecciones primarias: ellos llevaron el peso del acto y de los discursos, por tiempo y por contenido. Todos ellos dijeron, exactamente, lo que quisieron y como mejor supieron. Estos candidatos fueron la mejor muestra de lo que es UPyD, de cómo ha ido creciendo estos tres años con variedad de acentos, profesiones, edades, ideas y experiencias. La transversalidad que postulábamos en el Manifiesto fundacional del 2007, y por la que algunos nos criticaron ácidamente con la vehemencia de los sabihondos conservadores (de izquierda o derecha), es ahora una realidad incontestable. No hay una forma mejor de expresarla que la presencia de algunos protagonistas del evento: David Ortega, el candidato a la alcaldía de Madrid, es católico y liberal confeso; José María Fidalgo, exsecretario general de CCOO, sindicalista y socialdemócrata, y en esto último coincide con Luis de Velasco, candidato al Parlamento de Madrid, que fue Secretario de Estado con Felipe González mientras que José Luis Ros sigue estudiando en la universidad. Hubo abogados, médicos, carteros, ingenieros, escritores, empresarios, incluso actores y actrices –Toni Canto y María Luisa García- pese a no olerse subsidio alguno… Con la instauración de la transversalidad, el gran salto adelante de UPyD ha sido convertir en realidad el sueño de comprometer activamente en política a ciudadanos corrientes y molientes como cualquiera de nosotros.

La segunda cosa en importancia de un partido político son sus ideas. ¿Ha cambiado algo al respecto en estos tres años? Sí, que tenemos las mismas ideas y programa básico del momento fundacional, pero maduradas y profundizadas en una arquitectura política mucho más completa. No sólo propugnamos una regeneración democrática genérica, necesariamente abstracta en 2008, sino concretada con detalle en un programa económico, social o educativo surgido tanto del debate interno como del gran trabajo parlamentario de Rosa Díez, Gorka Maneiro y Paco Sosa. Permítaseme estar orgulloso de algo poco frecuente en los partidos al uso: la participación intensa de los afiliados en los debates de los distintos programas, y en el I Congreso del partido en noviembre de 2009. Sólo en éste se presentaron más de 3.000 enmiendas a la ponencia, centenares de las cuáles fueron agregadas total o parcialmente a un texto de resoluciones muy sintético y representativo de lo que somos y pensamos en UPyD. Ahora tenemos mucho más claro qué entendemos por Estado laico, qué reforma de la Constitución propugnamos –el Estado federal-, y qué debe hacerse en política educativa o cómo hacer frente a la crisis económica. Irónicamente, la mejor demostración de este avance hay que buscarla no en UPyD sino en nuestros rivales: aumenta la frecuencia con la que PP y PSOE plagian con más o menos literalidad, pero mucha desvergüenza, propuestas de UPyD que ellos mismos han rechazado poco antes votando en contra en el Parlamento, se trate de la racionalización de las administraciones o de política educativa. Desde luego, no se molestarían si no fuera porque son buenas propuestas, libres del estigma infamante de alguna ideología rastrera. Y ya se sabe: la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud…

Este último fenómeno nos lleva al problema de la comunicación, la tercera cosa más importante para un partido. Pues no sirve de nada tener buenos candidatos y buenas ideas si no consigues que lleguen a la gente. Aquí se impone una realidad bifronte: la actitud de los viejos medios de comunicación y la de los nuevos. UPyD nació en internet y no ha dejado de crecer en este entorno a pesar de las limitaciones económicas y profesionales que sin duda padecemos. Pero los grandes grupos de prensa, y especialmente las cabeceras nacionales que forman la “opinión pública”, siguen siendo mayoritariamente hostiles, oscilando entre el deliberado ninguneo de El País y Prisa en general (con silencio sepulcral en la SER), y las dosis homeopáticas de supuesta empatía, puramente ocasional y generalmente instrumental, de los demás medios que compiten por encabezar el ranking nacional de prensa concertada: poco vendida, crecientemente subvencionada y cada vez peor. En el futuro alguien investigará la actitud de esta prensa hacia UPyD y sin duda sacará conclusiones tan interesantes como que para la misma fue muchísimo más relevante la “información” sobre las infidelidades sexuales del oso polar o las nuevas tendencias del diseño en Zambia que nada relacionado con ese partido, excepto si se trataba de algo escandaloso o derogatorio, como las jaleadas “escisiones”, “bajas masivas de afiliados”, “fugas de centenares de fundadores” o ausencia de “democracia interna” (a pesar de ser el único partido con primarias obligatorias y elección directa y universal de la dirección), noticias rara vez corregidas aunque hayamos probado documentalmente su tergiversación o clara falsedad. Sin pretenderlo ni buscarlo, hemos probado que la falta de una verdadera prensa independiente que refleje razonablemente el pluralismo de la sociedad española y cumpla la misión de informar sin sectarismo o intereses espurios es una de las principales carencias de nuestro sistema democrático, al mismo nivel que la supeditación del poder judicial, la politización partidista de cajas de ahorro e instituciones supuestamente privadas, o el declive del sistema educativo público. La actitud negativa de los medios dificultará y retrasará sin duda el progreso del trabajo político que hemos iniciado, pero poco más conseguirá. Por fortuna, el mundo ha cambiado y se ha democratizado en este ámbito gracias al desarrollo de las herramientas y redes proporcionadas por internet: para nosotros eso no es futuro, sino el presente cotidiano.

Y para cerrar este breve repaso, hablemos del partido político constituido por estos afiliados y candidatos, estas ideas y esta política comunicacional. ¿En qué ha cambiado estos tres años? Por supuesto, ha crecido: de los poco más de 3000 implicados en la fundación, en septiembre de 2007, a los algo más de 7000 de ahora mismo. Pueden parecer pocos, pero es algo desusado en un país de bajísimo nivel asociativo y donde cuesta mucho comprometerse con algo, sobre todo si hay que pagar una auténtica cuota mensual. Entre tanto se han producido las inevitables crisis de crecimientos y sarampiones infantiles que afectan a cualquier empresa colectiva: despistados que se marcharon al comprobar que UPyD no era su proyecto, como pensaban, y otros menos desorientados y sí más interesados en la destrucción del partido si no podían controlarlo. Unos y otros se han ido yendo, en silencio o vociferando su resentimiento, y otros los han ido sustituyendo con entusiasmo y dedicación. Y en mi opinión, muy ventajosamente para todos.

La mejor prueba del crecimiento y la renovación la ofrecían los candidatos elegidos en primarias que protagonizaron el acto del sábado. También los muchos voluntarios que, como siempre, hicieron posible el acto dedicando muchas horas a organizarlo. Y entre ellos había también algunos que fueron candidatos en las primarias y no salieron ganadores esta vez. La colaboración sin reservas de ganadores y perdedores –pero el sábado todos eran, sin excepción, ganadores– ha sido la demostración palpable del acierto del sistema de elecciones primarias, pese a las dificultades materiales de su organización para un partido que sólo tiene 22 personas contratadas para su administración y servicios, pese a la inevitable tensión que algunas malas prácticas difíciles de erradicar consiguen introducir, y pese a la inevitable complicación de la falta de experiencia (y es que nadie puede darnos lecciones de cómo celebrar unas primarias como éstas).

Así resulta que en tres años y tres días hemos pasado de ser un partido novel y novato, más o menos simpático para según quién, enfrentado al hercúleo desafío de obtener representación en las primeras elecciones a las que concurría,  a ser un partido pequeño y mirado con desconfianza por los instalados en el sistema o con esperanza por quienes aspiran a cambiar éste mediante el ejercicio activo de la ciudadanía. Se trata más de poner en marcha un movimiento ciudadano articulado por un proyecto político, la marea magenta, que de competir con partidos no solo mucho más poderosos que el nuestro, sino decididos a oponerse y evitar todas las reformas de fondo por las que nacimos. De si se logra o no activar ese movimiento de ciudadanos por el cambio, esa marea magenta, dependerá que UPyD consiga su propósito o se quede en triste nota al pie de un libro de historia conformista. Eso es lo que está en juego, ahora más todavía que el 12 de enero de 2008.

Carlos Martínez Gorriarán

El blog de Carlos Martínez Gorriarán (17.01.2011)

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