El bofetón del náufrago

Viñeta

Una bomba política extravagante acaba de explotar en Girona. Ferran Mascarell quiere nombrar director general a Joan Pluma, un político cuarentón hecho a imagen y semejanza de Joaquim Nadal. Un socialista de toda la vida, hijo de un socialista histórico, profesional del socialismo desde su tierna juventud. Pluma no estaba, como Mascarell, en la reserva: distante, distinto y desaprovechado. Joan Pluma es un alto protagonista del PSC local: portavoz en el Ayuntamiento y máximo cargo socialista en la Diputación. Si existe un socialista en Girona caracterizado por sus enfrentamientos con CiU este es Joan Pluma. En esta legislatura, ha recibido tres peticiones, tres, de dimisión por parte del opositor convergente Carles Puigdemont.

Cuando empezó, hace 20 años, Pluma era una especie de “Mini Nadal”: parodiaba sin querer los gestos y modos del factótum gerundense. Pero, profesional ciertamente aplicado, ha ganado con los años soltura y singularidad. No es un político transversal y conciliador, sino un rudo fajador: correoso y polémico. Junto con Jordi Martí, delegado barcelonés de Cultura, Pluma forma parte del grupo de continuadores de la visión cultural que Mascarell impulsó en La Virreina. Está sobradamente preparado en el aspecto técnico para el cargo para el que será nombrado. Pero su falta de flexibilidad ha emborronado su currículo, precisamente en la especialidad que Mascarell le ofrece: gestión del patrimonio. Su incapacidad para llegar a acuerdos le ha costado al ayuntamiento, por vía judicial, 1,3 millones y un importante cambio de edificabilidad en la parcela del Xalet Tarrús, una casa racionalista de los años treinta.

El nombramiento de Pluma ha causado un tremendo impacto emocional en la militancia histórica convergente, que percibe el ascenso de este conspicuo socialista como un sonoro bofetón. Pero a la vez es signo de la descomposición del nadalismo: el personaje que encarnaba el relevo generacional socialista en Girona salta del barco en pleno naufragio. Ferran Mascarell, dicen, ha escogido a un amigo de confianza. Pero Joan Pluma no estaba en la empresa privada, alejado de la jerarquía. Tenía mando y ejercía de típico portavoz sectario.

¿Mascarell abraza a su amigo Pluma o apuñala a su ex compañero Nadal? Lo que Artur Mas ideó en abstracto para ampliar su espacio, toma inesperados giros shakesperianos.

Ambición, traición, travestismo, puñaladas. “La vida no es más que una sombra en marcha (…) un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada” (Macbeth, Acto V, Escena V).

Antoni Puigverd

La Vanguardia (16.01.2011)

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