Los romaníes y el abismo europeo

No al racismo de Estado. Libertad, Igualdad y Fraternidad, para Todas y Todos

“Preferentemente, los de los gitanos”. Estas cinco palabras al final de una circular [enviada por el Ministerio del Interior a todos los prefectos, instándolos a desmantelar los campos de alojamiento ilegales] no sólo significan que el gobierno francés ha mentido a la Unión Europea, sino también que Francia se ha traicionado a ella misma. Lo que es bastante más grave. Esta focalización en la etnia es indigna de una República que no discrimina en función de los orígenes. La lealtad con esa República pasa por rechazar estas palabras.

Hay muchos franceses que podrían no entenderlo así. Son aquellos que sobre todo, retendrán una imagen: la imagen de Bruselas llamando a capítulo a Francia, por haber puesto el dedo en la llaga y haber dicho en voz alta lo evidente. Sobre todo, si se trata de ciudadanos que van por su séptimo robo y la policía les explica, con razón o sin ella, que es por culpa de los gitanos. Si ven campamentos al pasar por la carretera. Si cogen sus trenes en la Estación del Norte (gare du Nord), en París, donde uno es asediado por mendigos agresivos. No era así hace tres años. En un país donde las leyes securitarias se suceden una detrás de otra, todo parece haberse atravesado más que nunca… La política tiene secretos que sólo pueden explicarse por una estrategia basada en dejar que los problemas se pudran.
Exasperados y quemados con la inseguridad, muchos franceses no atienden lo que los partidarios de la complejidad tienen que decirles. Que la policía sería más eficaz contra los robos y la mendicidad si sus efectivos no se encontraran bajo mínimos, o si no estuvieran ocupados en desmantelamiento de las caravanas. Que existirían menos campos ilegales si Francia hubiera construido suficientes campos legales para garantizar una coexistencia más armoniosa entre la vida sedentaria y la vida nómada. Que hay que diferenciar entre las personas nómadas (gens du voyage, frecuentemente nacionales franceses) y romaníes venidos de fuera (de Rumanía o Bulgaria).
Más bien al revés: es fácil que muchos piensen que la integración precipitada de Rumanía y de Bulgaria en la Unión Europea ha sido un error. Los romaníes dejan atrás con frecuencia unas condiciones de vida indignas en sus países de origen. La Unión debería asegurarse de que los millones de euros que reciben esos países sirvan para mejorar sus entornos antes que abrir las puertas a un éxodo imprevisible… Una vez más, la carrera por la ampliación por motivos económicos –un gran mercado y una mano de obra a bajo coste– ha jugado contra la Europa política.
Nacionalismos
El resultado está encima de la mesa. Son varios países de la Unión, y no solo Francia, que están sufriéndolo. En Italia, las reacciones de la población van hasta los pogromos. En Suecia y en Alemania, se tiene la delicadeza de actuar sin señalar con el dedo. En Francia, el presidente [Sarkozy] teme que su electorado emigre hacia la derecha de la derecha. Así que hace una apuesta cínica: volver a hacer el papel del que dice en voz alta lo que todo el mundo piensa en voz baja, desarrollar una política espectacular y la guinda del pastel, aparecer ante la opinión pública como el gobernante que se resiste a Bruselas.
¡Premio! Un Parlamento Europeo que se planta ante las intenciones del gobierno francés. Una comisaria europea [Vivianne Reding] que habla de “redada”. Un presidente francés que le replica señalando sus orígenes luxemburgueses. ¡Qué imagen! ¡Qué desastre! Y qué favor que se hace a los extremos… Esto es sólo el principio. A partir de 2011, la libre circulación se aplicará sin restricciones a los ciudadanos que vengan de Rumanía y de Bulgaria. Francia no podrá ya –como hace hoy– expulsar a estos ciudadanos comunitarios por razón de “recursos insuficientes”.
Es fácil imaginar el escenario y los diálogos de la campaña [presidencial de 2012]: “Ya véis. ¡La izquierda no quiere poner el dedo en la llaga y Bruselas me ata las manos!”.
Buen tiro. Aunque no está claro que, puestos a explotar este registro, el Front National (FN) [principal grupo de extrema derecha en Francia] no tenga actrices mucho más cualificadas [Marine Le Pen]. Hay patinazos controlados que terminan en el escenario…
Francia no será la única víctima. Como asunto europeo por excelencia, la “cuestión romaní” lo tiene todo para despertar a los nacionalismos. Puede incluso acabar con el sueño europeo. Salvo que la Unión Europea se dedique a mejorar con urgencia la situación de los ciudadanos romaníes en Bulgaria y Rumanía. Mientras tanto, Francia debe encontrar fuerzas para seguir siendo fiel a sí misma.
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Caroline Fourest (Aix-en-Provence, Francia, 1975) es socióloga, profesora de Sciences-Po Paris y destacada intelectual y activista en favor del laicismo, los derechos de las mujeres y los homosexuales. Ejerce como redactora-jefe de Pro-Choix, revista feminista y antitotalitaria de la que fue co-fundadora; y participa en diversos medios de comunicación (el diario Le Monde y la emisora de radio France Culture, entre otros, así como el semanario satírico Charlie Hebdo hasta hace poco). Entre su obra publicada, centrada en la reivindicación de una izquierda universalista, la denuncia de los integrismos y la crítica al multiculturalismo, destacan “Tirs croisés: la laïcité à l’épreuve des intégrismes juif, chrétien et musulman” (Tiros cruzados: la laicidad a prueba de los integrismos judío, cristiano y musulmán), “Frère Tariq” (Hermano Tariq), “La temptation obscurantiste” (La tentación oscuranista) y “La dernière utopie: menaces sur l’universalisme” (La última utopía: amenazas sobre el universalismo), por los que ha recibido varios premios nacionales e internacionales.
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Artículo publicado en Le Monde (17 de septiembre de 2010), disponible en versión original (en francés) en el blog de la autora [le blog de Caroline Fourest]. Traducción de Juan Antonio Cordero.

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