El nacionalismo se desinfla

El nacionalismo se desinflaTodo el edificio teórico del nacionalismo se ha venido abajo de repente, de un plumazo. Bastó que el Constitucional borrara del Estatut el adjetivo ‘preferente’ para que todo el discurso ‘linguonacionalista’ se disolviera como un bolado. Bolado es lo que también llaman azucarillo o mere…ngue, clara de huevo montada con azúcar, y que, siendo una bola blanca y consistente, se queda en nada al meterla en un vaso de agua fresca: tan solo queda el agua dulzona y con un leve aroma de limón.

El nacionalismo siempre busca la preferencia, la prioridad y la ventaja. Si invierte argumentos para decir que es un orgullo ser, por ejemplo, francés, porque Francia tiene una historia gloriosa, porque en Francia todo es especial, porque los franceses tienen el mejor qué sé yo, porque el francés es una lengua especialmente dotada para lo que sea…, no será para concluir que los franceses deben tener un trato igual que los demás. Puesto que los franceses son mejores, está claro que se merecen lo mejor. “Les français d’abord”, clamaba Le Pen. “Primer els de casa”, repite Anglada. ‘Catalunya primer’, fue lema electoral de CIU. Siempre lo mismo: soy el más guapo, luego me llevo a la chica. Quien dice la chica dice el puesto de trabajo, el chollo, la bicoca, la sinecura, el chanchullo.

El mecanismo es zafio, impresentable. Más aún después del horror de Hitler y de los desmanes del Kukluxklán americano, hijos directos del nacionalismo. Pero persiste en ‘zonas de sombra’, que normalmente gozan de la impunidad de haber sido una causa perdida, o una causa perseguida. En ese caso, la buena conciencia mundial suele dar cobertura al nacionalismo de siempre, revestido de ‘buena causa’. El caso más palmario es Israel, que utiliza el Holocausto como un cheque en blanco para justificar todas sus fechorías. La lengua catalana es una de esas ‘zonas de sombra’ donde suspendemos el criterio de equidad, donde toda discriminación se da por buena. El catalán, con la ayuda inestimable de Franco, acumula el rasgo de lengua perseguida al de lengua minoritaria. Es una lengua-víctima amenazada y en peligro, como una cría de foca objeto de la avaricia de las corporaciones peleteras internacionales, ‘el Mal’. El resultado es que para el catalán toda discriminación es positiva. Con lo cual hemos creado una ‘causa blanca’, por encima de toda discusión racional, inmune a cualquier sombra de sospecha. Un agujero negro que todo lo engulle: por el catalán, todo es poco. A ver quién es el guapo que se opone, a ver quién se arriesga a ser un ‘exterminalenguasamenazadasdeextinción’.

El montaje funciona, ha funcionado, siempre que se engrasen debidamente las cláusulas justificadoras de la excepción: certificado de genocidio en el pasado, lengua-nación sin estado en el presente, lengua propia amenazada por lengua ajena. Y siempre que se eviten los focos, la luz, la exposición detallada de razones, la discusión sin bulas, ni dogmas. Ha funcionado para la propaganda política, ha funcionado para reconducir a la izquierda -antes universalista- al campo ‘nacional’, ha funcionado para que traguemos con una evidente iniquidad como es la inmersión escolar obligatoria. Pero no funciona para la justicia: “Muy bien, usted es catalán, usted lo hace todo por Cataluña, vale, pero usted está aparcado en doble fila, señor”. El Constitucional, el Supremo y la grúa municipal no saben de excepciones.

Jesús Royo Arpón

La Voz Libre (29.12.10)

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