Estado de alarma

Francisco Sosa Wagner (UPyD)Terminamos el año y empezamos otro nuevo alarmados, es decir, asustados y sobresaltados. Y yo quisiera explicar que no hay razón justificada para ello porque la autoridad competente ha tenido el caballeroso gesto de declarar el estado de alarma.

Hemos visto como se ha reunido la tal autoridad con las demás autoridades, se han sentado en torno a una mesa llena de códigos y ahíta de sabios asesores, han cogido recado de escribir y han tomado la decisión de que es obligado declarar la alarma, es decir, avisarnos a todos de la existencia de un peligro cierto que nos acecha habida cuenta de la preocupante situación en la que nos encontramos. A mí esto me parece un signo de claridad y de sinceridad que debe ser agradecido por la ciudadanía. ¿Alguien se molesta con la jefatura de tráfico porque nos advierte de que nos pueden caer unas piedras sobre el parabrisas del coche si persistimos en circular por tal o cual carretera? ¿O con el ministerio de industria porque nos previene que, si tocamos un poste de la luz, nos podemos quedar como es fama queda el triste residuo de un cigarrillo abandonado a su suerte? ¿O con el radiólogo que nos avisa del riesgo que corre la mujer grávida si entra confiadamente por sus dominios?

Parece claro que, a la vista de tales prudentes advertencias, todos tomamos nuestras medidas y quedamos tan agradecidos.

Pues lo mismo con quien ha declarado el estado de alarma: autoridades llenas de sabiduría y sensatez que, a la vista de cómo anda el patio, nos señalan el peligro cual padres que velan por la seguridad de sus hijos. Ahora que estamos en época de restricciones yo propondría que a estos beneméritos gobernantes se les suba el sueldo porque esta vez de verdad se lo han ganado. Limpiamente y con suma honradez.

Por el contrario, lo que es absolutamente reprochable es que no lo hayan hecho hasta ahora pues señales de alarmas llevan sonando desde hace muchos años en el solar hispano de nuestras entretelas. Así, verbigracia, cuando se enteraron, porque así lo consignaron estudios serios avalados por organizaciones internacionales de prestige (perdón, de prestigio), de que el nivel educativo en España era bajísimo, que el jovencillo con el bachillerato acabado confundía a Pérez Galdós con Pérez Rubalcaba, y creía que Napoleón era una acreditada marca de calzoncillos con abertura aliviadora, o no sabía más que el nombre del río que pasa por su pueblo ¿por qué no declararon el estado de alarma?

Y cuando esa misma autoridad u otra parecida ha decidido destruir millones de vacunas compradas alegremente por causa de la improvisación con el dinero de los contribuyentes o cuando los ganaderos se veían obligados a tirar la leche por el desagüe ¿por qué tampoco se declaró el estado de alarma?

Y cuando todos nos endeudábamos de forma desenvuelta haciendo cola ante las oficinas de bancos y cajas de ahorro formando un ovillo inextricable que habría de estallar como estallan las luminarias de feria ¿por qué no se declaró el preventivo estado de alarma?

Y cuando nos enteramos de que cientos de investigadores españoles no pueden volver a su país porque la investigación en la Universidad está agarrotada por la endogamia ¿por qué no se declaró el estado de alarma de la creación y la inventiva?

Y así podríamos seguir …

Es decir que, en un Estado de alarma como el que vivimos, lo procedente es declararla a boletín oficial destapado y con las vergüenzas al desnudo. Y esto es lo que se ha hecho con limpieza. Lo que esperamos ahora es que no vuelvan a ocultarnos nunca más el alarmante estado de nuestro Estado.

Francisco Sosa Wagner
Dura lex (19.12.2010)

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