Se acabó lo de lengua preferente

Jesús Royo ArpónCuando el Tribunal Constitucional rechazó el término ‘preferente’ para la lengua catalana, la lió bien liada. Sin alharacas, como dicho de paso y a media voz, pero lo dijo: el catalán no puede ser lengua preferente en el uso oficial. Fue un hecho histórico, que marcará un antes y un después en Cataluña, y de rebote en el resto de nacionalismos. Como suele pasar con muchos otros hechos históricos, no nos hemos dado cuenta cabal de su trascendencia. Ni siquiera los que lo vivimos de cerca, en primera fila, nos hemos percatado de su importancia. Es un hecho que nos desborda. Pasará tiempo antes de que lleguemos a comprenderlo en profundidad. Algo parecido a lo que explica Nietzsche acerca de la muerte de Dios (‘La Gaya Ciencia’, cito de memoria): “Acabamos de matar a Dios, tenemos las manos manchadas de su sangre y, sin embargo, somos incapaces de hacernos cargo de la importancia cabal de lo que hemos hecho. Solo, andando el tiempo, las futuras generaciones sabrán aquilatar la importancia de nuestra hazaña”.

Dice el TC: “Las Adminstraciones públicas […] no pueden tener preferencia por ninguna de las dos lenguas oficiales”. Tal preferencia rompería el “equilibrio inexcusable entre dos lenguas igualmente oficiales y que, en ningún caso, deben tener un trato privilegiado”. “Solo los particulares […] pueden pueden preferir una u otra de ambas lenguas. Y hacerlo, además, en perfecta igualdad de condiciones […], lo que excluye que […] quienes prefieran el castellano hayan de pedirlo expresamente”.

Quizá no es la mejor, pero sí la más trascendente deficinión del ‘laicismo identitario’ que reclamamos insistentemente todos los bilingüistas. Igual que el Estado no puede preferir una religión, ni una raza, ni un club de fútbol, tampoco puede preferir una lengua. El Estado no puede ser cristiano, ni judío, ni musulmán: precisamente para que los ciudadanos puedan ser cristianos, judíos o musulmanes, o nada, según su opción libre, y en igualdad de condiciones. El Estado en Cataluña, que incluye la Generalitat, no puede preferir el Barça, ni TV3, ni la lengua catalana: precisamente para que los particulares puedan optar libremente por el Barça o el Espanyol, por TV3 o TVE1, por el catalán o el castellano. Y en perfecta igualdad de condiciones, es decir, sin presión ni coacción ninguna, sin perder por su opción ni un gramo de catalanidad, de legitimidad catalana.

Si tan catalán es ser creyente como ateo, del Barça o del Espanyol, tan catalán debe ser hablar catalán como castellano. El Estado -es decir, la Generalitat y los Ayuntamientos- debe hablar ambas lenguas por igual, para que el ciudadano escoja la que prefiera. El Estado solo puede ser bilingüe. Para que los ciudadanos puedan ser lo que les dé la gana: bilingües, o monolingües en castellano o en catalán. Ah, y sin desgorrarse, sin significarse. El TC tiene la delicadeza de bajar al detalle de que “los que prefieran el castellano no tengan que pedirlo expresamente”. Esa cláusula humillante estaba en el Estatut, y es la práctica habitual en la vida oficial catalana: si lo quieres en castellano, tienes derecho, sí, pero debes pedirlo expresamente, o debes justificarlo, o debes excusarte, o debes exhibir que eres pobre, o que eres de fuera, o recién llegado, o que practicas extrañas perversiones: preferir el castellano es una de ellas, al parecer.

Todo eso es ilegal, por inconstitucional. Esa ‘perfecta igualdad de condiciones’ para ejercer la opción del ciudadano excluye, por ejemplo, eso tan corriente -y tan triste- de la ‘lengua por defecto’, por la que, si no dices nada, te aplican el catalán. La página web oficial es en catalán, y si lo quieres en castellano, debes clicar en un icono remoto con la bandera española. Todo eso ya es ilegal: solo falta que alguien lo denuncie ante un tribunal. La práctica correcta debe ser presentar la opción ‘català – castellano’ antes de que corra el pograma, y que sea el ciudadano quien decida. Ojo: y que la presentación sea igualitaria. O sea que deberá ser también ‘castellano-català’, equitativamente. Fijaos en Bruselas.

Jesús Royo Arpón

La voz libre (9.12.2010)

Sé el primero en comentar en «Se acabó lo de lengua preferente»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Traducción »