Las elecciones catalanas

Os adjunto varios documentos sobre el resultado y valoración de las elecciones catalanas. Veréis que hay varias lecturas. La de UCE ofrece una interpretación bastante completa de los datos y avanza una lectura destacable: la hegemonía  catalanista en el Parlamento. No es que sea nueva, sino que se acrecienta. La  transversalidad catalanista de las élites y partidos políticos catalanes era  hegemónica desde el desenlace de la Transición, pero no se había acrecentado  tanto como ahora. En mi opinión, que no es solo mía pues la he leído en varios  analistas, ese es un “mérito” de los años de gestión y rumbo del Tripartito, una  herencia natural y poso de su política de huida adelante hacia el soberanismo,  aunque, como en el caso del Estatut, la posición ante el T. C., etc., fuera un  camino a ninguna parte; bueno, a ningún aparte, tampoco, porque era un camino  que tendía y tiende a alejarse de la democracia y del Estado constitucional  hacia derroteros nacionalistas identitarios y “diferencialistas” (asimétricos) como el lombardo, el bávaro y los que se cobijan al amparo de la historicista y  etnicista “Europa de los pueblos” y del multiculturalismo. 

En realidad, tampoco es que se haya producido una situación radicalmente nueva o  una ruptura con lo anterior, como Maragall y el Tripartito tampoco lo fueron con  su antecedente, el pujolismo. La transversalidad catalanista ha seguido  funcionando antes y después como un factor de continuidad. Ante todo, se ha  producido un trasvase de votos dentro de la misma familia política o del campo  del consenso catalanista (el del Pacto del Tinell), normales si tenemos en  cuenta las sombras, contradicciones, ineptitudes y pérdida de rumbo de la  gestión del tripartito, pero sí que aparecen más en primer plano y marcadas, a  modo de novedad, algunas aristas alevosas del nacionalismo como el “soberanismo”  fiscal y un mayor calado social de ese discurso lombardo y multiculturalista,  que es el que explica también el acrecentamiento de la xenofobia. Otra cosa es  que de la xenofobia se aprovechen otros grupos políticos. Ese mayor  calado  social de las posiciones nacionalistas, que preocupa, me parece un mérito claro  y una herencia natural del tripartito.  

En suma, se ha producido un incremento de la hegemonía parlamentaria del Partit  de Catalunya, en un sentido más amplio que la imagen del Pal de paller. La  fragmentación de los partidos independentistas y la caída de ERC no me parecen  hechos centrales, sino de movilidad del voto familiar dentro de ese gran Partit  de Catalunya, como les gusta decir ahora a Cacciari y otros politólogos  italianos. Tan grande como excluyente. Digo esto sin haber podido participar en  el debate del martes por skype de la gente de UCE, que quizá ofreciera más  matices.

La otra lectura es el batacazo histórico del PSC. Ayer titulaba su artículo F.  de Carreras como “El itinerario suicida del PSC”. Pero, tampoco ha sido un  batacazo que haya roto ninguna continuidad; el batacazo en las autonómicas se  viene produciendo, con leves oscilaciones, desde los tiempos de Obiols/Nadal y  era ya patente en las elecciones a la Generalitat inmediatamente anteriores.  Solo que en esta ocasión las tenían todas consigo para que el batacazo fuera  como el que ha sido. Os adjunto un artículo de A. Pavón, que sin mayores  pretensiones refleja, en mi opinión, bastante bien el porqué y el cómo de  ese batacazo desde los tiempos de la “unificación del socialismo catalán”. No  suele recordarse a Borrell, que fue, para mi, el más claro síntoma de la  inevitabilidad del batacazo social del PSC entre su propio electorado  autonómico. 

La deriva catalanista del PSC ha invalidado hace tiempo la efectividad de la  divisoria izquierda/derecha para convertirlas en algo casi puramente virtual en la vida  política. Es más, el panorama sociológico de Cataluña. tras el tripartito, como se  aprecia en el informe de la A. C. de Sociología, hecho público dias atrás, es el  propio que dejan detrás de sí los tradicionales gobiernos de derechas, similar  al panorama desolador que está provocando el gobierno socialista, de  “izquierdas”, de ZP en Madrid, que hasta muy pocos meses contaba con el apoyo o  la complicidad del conjunto de la izquierda parlamentaria y sindical mayoritaria, y, desde luego, no es mejor que el paisaje social de la C. A. de Madrid, gobernada por las “derechas”. No tiene sentido que  los nacionalistas de izquierdas digan  que ha entrado la derecha en la  Generalitat, porque lo esencial de unos y otros es el nacionalismo, el  soberanismo o como quieran llamarle, y lo redistributivo viene muy, pero que muy  después, y siempre con permiso de los bancos y entes financieros que les  financian.

Se repiten algunos hechos diferenciales catalanes respecto a otras elecciones autonómicas españolas, como es el mayor índice de abstención (clamoroso con el Referéndum), que puede interpretarse como un mayor desinterés social pero  también como una mayor desafección al régimen partitocrático y/o nacionalista, y hechos coincidentes como la ocultación (o eliminación) del voto en blanco y la  desaparición en los balances de los votos minoritarios, de lo que se mueve en el  subsuelo del “régimen”. Merece interés el balance de UCE en el último apartado  de su informe.   

Pienso que la clave de la dinámica política que aprisiona la vida política de  Cataluña arranca del resultado de la Transición y en particular del devenir de  la Asamblea de Cataluña, tal y como aparece en el texto de la conferencia que organizó Agora  Socialista y que os adjunto. Es particularmente útil para entender la vigencia  de la hegemonía del principio de transversalidad catalanista como factor  prevalente sobre cualquier otro y el de la deriva “suicida” del PSC. En mi  opinión, cuando se decantó la situación fue, en particular o con mayor  precisión, durante y con motivo de la inversión de fuerzas entre 1977 y 1981,  cuando las organizaciones políticas transversales (nacionalistas) -con el PSUC  en cabeza- fueron consumando la usurpación de la fuerza y hegemonía que habían  tenido los movimientos sociales y políticos antifranquistas entre los años 1964  y 1977 aproximadamente. A eso hace referencia también un articulito mío que escribí por encargo en el 2001.

Rafa N.
3/12/10

Nota de ACP.- Se adjunta a continuación el artículo de Rafa N. y el de A. Pavón. La conferencia de Agora Socialista por su longitud podemos facilitarla a quien lo solicite o bien entrando en su bog: http://lacomunidad.elpais.com/agorasoc/posts. Os ponemos un enlace al artículo de DeVerdad digital

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El intelectual y el compromiso político

Toda producción cultural de las sociedades humanas tiene -ha tenido-, obviamente, una dimensión y unos destinatarios sociales. En este sentido, todo arte, toda creación literaria, toda producción cultural, responde a una suerte de función y compromiso social.

La aparición de la figura del intelectual y el debate sobre su función y relación con la política, es decir, la polémica sobre el compromiso político del intelectual, es un fenómeno contemporáneo que aparece con el movimiento ilustrado y emerge a la vida pública con el triunfo de la modernidad. Cuando se buscan los precedentes y paradigmas de los intelectuales contemporáneos es inevitable pensar en los Spinozza, Voltaire, Diderot, Rousseau, D´Alambert, etc.

Es, por otra parte, conocido el protagonismo de los “profesionales liberales”, de cuyas filas proceden generalmente los intelectuales, entre las élites políticas e ideológicas del Estado liberal y de la nueva sociedad burguesa. En el momento de su gestación, coincidente con el movimiento romántico, resulta obligada la adscripción militante del artista al liberalismo o a la reacción tradicionalista.

Pero, fueron la postura de E. Zola en el affaire Dreyfus y la reacción que provocó su escrito “Yo acuso” los hechos que mejor delimitan y acotan las connotaciones que ha adquirido desde entonces la polémica sobre el compromiso político del intelectual.
 
Desde entonces, se ha asociado la función pública o social del intelectual al papel de portavoz de la conciencia crítica y a lo que hoy llamaríamos el progresismo. El apoyo del intelectual a las causas republicanas, antisemitas, anticolonialistas, laicas, antifascistas, antiimperialistas,  en pro de la igualdad de los derechos cívicos, etc., se ha presentado como una especie de exigencia histórica. Una de las encrucijadas claves en la formación de esta imagen es, sin duda, en el terreno internacional, la Revolución soviética y los frentes antifascistas, y, en nuestro caso, la guerra civil española y el antifranquismo. A los intelectuales que apoyaron el fascismo y el franquismo se les consideraba desertores o una contradicción en sí misma, es decir, algo así como un contraintelactual. Es interesante asomarrse al carácter instrumental de esta imagen que nos ofrece A. Muñoz Molina en Sefarad.

Un recoveco de singular interés en este proceso es la versión gramsciana del “intelectual orgánico”, que, a la vez que remite al compromiso político militante, apunta a las formaciones políticas (se entiende que de izquierdas, comunistas) como colectivos pensantes y críticos, algo que está en las antípodas del funcionamiento orgánico de los pertidos políticos en nuestros días.

Los cambios acaecidos con el paso del tiempo no sólo han subvertido esa visión gramsciana de la izquierda sino lo que se entendía por función pública del intelectual como portavoz de la causa progresista y conciencia y voz críticas con los movimientos y regímenes totalitarios y con el poder. Bajo los humos evanescentes de los movimientos de los sesenta del pasado siglo empezaron a vislumbrarse los múltiples e incesantes desplazamientos hacia la institucionalización e integración de los intelectuales europeos, ejemplarmente escenificados durante el miterradismo, y a la reclusión en las instituciones académicas, sin mayor trascendencia pública, de la mayor parte de los intelectuales norteamericanos. En España, fue durante el felipismo cuando se produjo la gran succión institucional de los sesentayochista con el aparente pretexto de las carencias del PSOE (de la izquierda, se decía) en el momento de gestionar el poder y con la suerte de cara con el descrédito y crisis de los regímenes soviéticos.

La caída del muro de Berlín ha sido el gran asidero ideológico que ha dado legitimidad a las subversiones y cambios mencionados y espoleado teorías tan peregrinas como el “fin de la historia” y el “choque de civilizaciones”, en las que se esfuma la función ideológica que se le asignaba al intelectual y en nombre de las cuales se le demanda que ejerza de voz áulica de los valores occidentales.

En sociedades como la catalana, el correlato de la citada subversión semántica e histórica lo encontramos en el sostén intelectual de la hegemonía institucional nacionalista. Al amparo del empeño legitimador de las doctinas particularistas como alternativa a las corrientes uniformizadoras y globalizadoras y acuciados por las estrecheces del mercado cultural nacional propio, los intelectuales han contribuido poderosamente a la subversión de la memoria histórica, instalándose en el discurso y la sinecura institucionales.

De este modo, si hasta hace unos años se admitía que el peso del movimiento antifranquista había corrido a cargo de las organizaciones obreras y de izquierda, que habían asumido determinados postulados catalanistas o “integradores”, de un tiempo acá, como exponía de forma tan candorosa como clara y deascarada un intelectual de la prensa de comarcas (J. Sedó, El 9 Nou, 2-10-01), se considera el catalanismo ccomo el pal de paller ideológico y político de la oposición al franquismo, al que de manera natural y siguiendo la lógica histórica se subordinó el movimiento antifranquista en calidad de fuerza subalterna o mozo de espadas de los postulados catalanistas.Ya que entonces, se piensa y dice ahora, la causa de la izquierda era la defensa de los “derechos nacionales”, se reniega de este presente en que los xarnegos de segunda y tercera generación se resisten a la “integración” por la que lucharon sus padres.

¿Qué pensar, pues, a estas alturas del nuevo milenio, caracterizado por el despliegue de la globalización, sobre la función del intelectual? Pensamos que quizás su papel sea -o debiera ser- el mismo que el de Marx y Engels cuando en El Manifiesto exponían tan admirativa como criticamente el gran orto de la globalización hoy triunfante, con una diferencia: hoy más que entonces la lucha se establece en el campo de las ideologías y en el dominio de la opinión pública. Hoy más que ayer se requiere un compromiso del intelectual con la política, un ejercicio alternativo y crítico con el poder, pero, sobre todo, un talante intelectual de la sociedad, cuya inexistencia nos parece la verdadera fuente de todos nuestros lamentos y melanccolías.

Rafa N.
Octubre, 2001.            

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EN CATALUÑA, FEDERACIÓN DEL PSOE O PSC

Ahora y después del resultado electoral, es el momento de que la ciudadanía tenga libertad de optar por dos corrientes: la socialdemocracia federalista del PSOE y la nacionalista del PSC.

La ventaja de tener cierta edad y de haber vivido momentos irrepetibles de la reciente historia de España, es poder luego explicarlo a mis conciudadanos, que por edad o por geografía, no lo vivieron directamente o les llegó distorsionado o mediatizado.

Me refiero a la reciente historia del socialismo en Cataluña, aunque yo nunca he estado afiliado a ningún partido socialista. Sí lo estuve, en los duros años  en la Universidad, a Bandera Roja. No teníamos carnet, poseíamos el auténtico libro rojo de Mao (aún anda por casa un ejemplar) que a mí me lo entrego personalmente el maestro y profesor Solé Tura, en la cátedra de Derecho de la facultad de Derecho de la Universidad Central de BARCELONA.

En esa época se cocía el socialismo catalán, sus ingredientes eran: PSC Congrés de Joan Raventós, PSC Reagrupament de Pallach y la Federación catalana del PSOE, liderada creo recordar por Triginer.

Corrían los años de 1974 a 1977 y, en plena transición democrática, el socialismo en Cataluña bullía. Convergencia Socialista de Cataluña quiso ligar la salsa final y por lo visto, o no se ligó bien o se ha cortado al cabo de los años.

En ese momento estaba en pie la unificación del socialismo en Cataluña promovido por Convergencia Socialista de Cataluña, que integraba a los dos PSC mencionados.

Se quiso ligar la salsa con la Federación catalana del PSOE, y se llegó a un acuerdo para presentar una única lista electoral en las elecciones de junio de 1977.

Y después, en el año 1978, en un Congreso extraordinario de Unidad del socialismo, se fundó el PSC-PSOE, una salsa compuesta por nacionalistas, españolistas,  socialdemócratas y socialistas.

Esa salsa fue perdiendo o ganando consistencia, según como se mire, primero suprimieron el PSOE del nombre del socialismo catalán, y luego el PSC fue dominado por los nacionalistas socialistas. Parecía que los capitanes, Montilla, Corbacho y alguno más iban a parar esa deriva, pero no ha sido así, ya han visto el invento del Tripartito…

Pero, vista la actuación  del tripartito, el ceder y ceder por parte del PSC,  el olvido de sus  orígenes y la sumisión a los independentistas, es lo que ha dado lugar al resultado electoral.

Con perdón, ha sido una generación de dirigentes socialistas nefasta para ellos mismos. Muchos de ellos Ministros de la nación española, que no la han sabido o querido defenderla por seguir en el cargo. No diré aquello, tan dicho de que la historia los juzgará, sino que los electores ya los han juzgado. Y creo que por muchos años.

Por lo menos Montilla, ha presentado su dimisión, pero no solo él, además deberían presentarla todos los dirigentes del PSC, y oxigenar, renovar y vender una imagen nueva del socialismo, definiendo lo primero: ¿Quiénes son y a donde quieren ir?

Bueno, mi paisano-expresidente, a partir de ahora, a gozar de despacho, secretaria, coche oficial y protección. Él no lo ha pedido, fue Pujol quien lo instituyó, por lo menos esta es una forma de progreso de un trabajador en la sociedad capitalista.

Lo importante no es el pasado, sino el futuro del socialismo catalán y español.

Perdón que vuelva a las batallitas personales, pero en aquellos años universitarios  los que estábamos en el ajo, discutíamos entre nosotros si el socialismo debía ser primero y luego la nación, o al revés. Primero socialistas y luego nacionalistas o bien primero nacionalistas y después socialistas. Pues mira, después de tantos años estamos igual en ese punto discutido y discutible.

En esa larga travesía del desierto, ¿qué le queda al socialismo en CATALUÑA?, empezar de nuevo opino yo, hacer una regresión.

Que los ciudadanos catalanes que quieran puedan estar  afiliados a la federación del PSOE o al PSC. Yo conozco a ciudadanos que han preferido, viviendo en Cataluña, afiliarse al PSOE que al PSC, pues se sentían más solidarios con el resto de la ciudadanía española.

Los socialistas catalanes tienen que dar libertad de afiliación al PSOE o al PSC, y si tardan 20 o 30 años, en volver al poder, no pasa nada, al final existen las coaliciones electorales.

Ahora bien, si realmente se  produce lo que pido, cambiaría totalmente el mapa político catalán y sus fuerzas electorales y de gobierno, a todos los niveles, autonómico y municipal.

Tengo que escribirlo para quedarme tranquilo. Se equivocó Montilla con ERC y el Tripartito, le han entregado el gobierno a la derecha por muchos años y sólo  por detentar y repartirse el poder.

El PSC no puede ser al tiempo, catalanista, español y  federalistas. No son el Misterio de la Santísima Trinidad.

Zapatero no ha entendido todavía lo que es el socialismo en Cataluña. Creo no lo ha leído y menos vivido, y se fía de lo que le cuentan algunos compañeros y así les va.

Por supuesto, felicito a Convergencia y Unió, y les deseo que gobiernen con tino y preocupándose de la prosperidad y felicidad de los ciudadanos catalanes. Ya saben que cuando vayan a negociar a Madrid pueden decir que tienen un par de fuerzas independentistas en el Parlament  que los traen fritos. A ver cómo gobiernan……………………………………………………………QUE PAIS.   

A. Pavón

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