El imperio de la lengua

Enric Vilert, durante una rueda de prensa en la Diputación de Gerona (foto: ddgi.cat).Ante la lengua no hay ley que valga. Y es que hay un imperio que vale más que el imperio de la ley: el imperio de la lengua. Y él es el que se proclama el representante de ese nuevo dios en la tierra. ¡Viva el nuevo dios y Vilert su profeta!

Yo de mayor quiero ser como el presidente de la Diputación de Gerona. Me explico: no es que yo apetezca bienes materiales. No. Que el presidente autonómico cobre un sueldo superior al del presidente del Gobierno (98.000 euros del ala) ça m’indiffère. Pues no sólo de pan vive el hombre.

Veamos: el señor Vilert, que esta es la gracia del interfecto, acaba de sorprendernos al proclamar en relación a la posible suspensión cautelar del Reglamento de uso de la lengua catalana de la Diputación gerundense que “sea cual sea la decisión del juez no supondrá ningún cambio” y que “todos los escritos se hacen en catalán y continuará exactamente igual”. Eso es poderío primigenio y no el de la alquimia.

Yo de mayor quiero ser como el presidente de la Diputación de Gerona. Sí. Yo quiero tener ese poderío. Como decimos aquí: a mí la ley me la repampinfla. ¡Qué bonito es tener un presidente de la Diputación acratón! ¡La cuadratura del círculo! Bakunin, el príncipe Kropotkin, unos aprendices comparados al noble Vilert. Y es que nos sale muy barato. Habría que pagarle aún más a este singular adalid del imperio de la anarquía de Occidente.

Pero soy injusto con Vilert. Porque nuestro capitán de almogávares tiene sus razones. Razones que la razón no comprende. ¡Vilert es un creyente! “Si no defendemos nosotros nuestra lengua. ¿Quién lo hará?”, se ha preguntado. Eso está bien. Ante la lengua no hay ley que valga. Y es que hay un imperio que vale más que el imperio de la ley: el imperio de la lengua. Y él es el que se proclama el representante de ese nuevo dios en la tierra. ¡Viva el nuevo dios y Vilert su profeta!

¡Qué gran hombre este Vilert! Somos injustos con él al remunerarlo tan cicateramente. Como creador de una nueva religión se merece aún más. Es él, el que ha logrado el milagro de que cuando hablemos recemos. Él, el que ha convertido ya no las piedras en peces sino la lengua en la ley. La ley de la lengua. Una ley que está por encima de las leyes. Él, el que ha restaurado el imperio de la lengua. Siempre estaremos en deuda con él.

Francisco Caja es presidente de Convivencia Cívica Catalana

La voz de Barcelona (15.11.2010)

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