Un poco tibio a F. de Carreras en su art

Un poco tibio a F. de Carreras en su artículo con respecto a la visita papal. Mucho más acertado en su crítica me parece el artículo de Jose Castellano de Agora Socialista: Insultos que Ratzinger se ha ganado a pulso… …Pero que no voy a dedicarle. José Castellano (*) Andaba yo estos días a media lectura del libro que me ha enviado un buen amigo cuando, antes de aterrizar siquiera, el Papa, en su visita a España, ha vuelto a tomar el hacha de guerra contra el Gobierno de España y contra la dignidad de todos los españoles. Efectivamente, el señor Ratzinger, en su discurso oficial, ya en tierra, ha sido algo mas cuidadoso y diplomático de lo que lo fue con sus declaraciones a los periodistas que le acompañaban en el vuelo cuando, entre otras cosas, dijo que aquí se ha desarrollado un laicismo anticlerical y agresivo, comparable al de los años 30 en alusión a nuestra II República, para seguidamente identificarlo con la España actual. Fueron unas cortas frases que, por injustas y, sobre todo por referirse con notoria mala fe, a un periodo cuya herida permanece abierta y sangrante en muchos de nosotros, jamás debería haber pronunciado el Papa porque con ello insulta al Estado que tan bien le trata, mordiendo la mano que le da de comer y, mintiendo, oculta y traiciona lo mucho que él y su iglesia deben a los españoles y al Gobierno que los representan. Por eso, yo que no soy tan exquisito como aparenta serlo el Papa, pero que soy igual de negado para la Diplomacia como él acaba de serlo, quiero recordar al Obispo de Roma y al Jefe del Estado Vaticano unas cuantas cosas. La primera es que la que el regenta es la dictadura más antigua del mundo, y una de las más sangrientas por su historia y por todo lo que ha compartido, callado y/o aplaudido a lo largo de siglos de ejercicio del poder y de alianza al servicio de todos los poderosos que en el mundo han sido. Una dictadura en la que él es quien ejerce de manera absoluta el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, todo en una persona que además se tiene por infalible e intocable. La segunda es que la iglesia católica no ha sido capaz de pedir perdón ni de reparar a la sociedad y a sus víctimas, por los tremendos escándalos sexuales que sus representantes perpetraron, durante décadas, por todo el mundo y que este Papa, que se pronuncia en términos beligerantes y de enfrentamiento entre fe y el laicismo, es el mismo Ratzinger responsable de la horrible Inquisición, el mismo que desde hace muchos años ha venido dirigiendo la política vaticana, alentando el silencio y encubrimiento de quienes abusaron de miles de menores a los que destrozaron de por vida. En tercer lugar, los obispos, sus obispos españoles, son los mismos que ignoraban todos sus desmanes pero se echaban a la calle con lo peor de la derechona de este país, llamando a la rebelión contra la soberanía de nuestros legisladores e insultando a nuestro Gobierno a los que achacaba horribles crímenes cada vez que se ha intentado ampliar los derechos y libertades de todos los ciudadanos. Y, por fin, para no ser demasiado exhaustivo, señor Ratzinger, esta iglesia es la de las sacristías donde nació y se crió ETA, la misma que predicó y practicó “cruzada” a favor de los traidores alzados en armas contra el legítimo gobierno de la República, es la iglesia de los curas que colaboraron al robo y tráfico de miles de niños durante el franquismo, la que durante todo ese negro período llevaba bajo palio al sangriento dictador y la misma iglesia que “piadosamente” colaboraba con el régimen y acompañaba a los verdugos en los cientos de miles de fusilamiento perpetrados durante muchos años después de acabada la incivil guerra. Por todo ello, usted no es ni yo le reconozco ninguna autoridad moral ni terrenal y por todo eso es por lo que yo recordaba, al principio, ese libro que me enviara el bueno de Paco, un libro que todavía no he acabado de leer titulado “Palabras mayores: Inventario general de insultos” (Ediciones del Prado, 1995) del que es autor Pancracio Celdrán Gomáriz quien, a lo largo de 311 páginas, recoge “el extenso repertorio de injurias, improperios, insolencias y demás expresiones ofensivas de nuestra lengua.” Y por todo lo que acabo de escribir sobre la iglesia de este Papa Ratzinger, yo, aunque no soy ni tan fino ni piadoso como él aparenta, ni tengo ningún apego ni semejanza con la famosa diplomacia vaticana, ni soy tan buena persona como mi amigo Paco, católico de los decentes, no quiero dedicar al señor Ratzinger ninguno de los insultos de los que hasta ahora he alcanzado a leer en el libro. Y conste que vengo repitiendo lo de “señor” porque ese es el único título que le reconozco ya que no soy súbdito del vaticano ni cordero de aquellos a los que, en sentido literal, los curas y obispos pastorean, tantas gentes de buena fe; esos Obispos que en realidad sirven a tantísimos granujas de guante blanco y a tiranos con las manos manchadas de dinero y de sangre. Así, pleno de razones para expresar mi laicismo agresivo, yo sí, porque soy de los que no olvidan, señor Ratzinger, yo soy quien le recuerda unos cuantos insultos, que, aunque usted se los haya ganado a pulso, no se los voy a dedicar, sólo se los recuerdo, para que piense, honradamente si puede, en el modo de evitar hacerse merecedor de alguno de ellos: Asqueroso, en el caso de que su conducta moral pudiera causar repugnancia ahora y por todo lo que representa. Astroso, porque fuese un sujeto vil y despreciable capaz de llevar a cabo bajezas y traiciones. Bajo, si fuese vil, mezquino y miserable Bocazas, por si hubiese hablado imprudentemente Cínico, en el caso de que fuese individuo que se haya conducido con falsedad, hipocresía y mala intención. Descarado, si es que hubiere hablado con desvergüenza y frescura, sin pudor ni respeto. Fariseo si fuese usted hipócrita, falso y de mala intención Felón, porque cometiese traición, alevosía, perfidia y deslealtad. Y acabo, créame, Papa, créanme los lectores, que si paro aquí es sólo porque los citados son sólo una selección de hasta el punto en el que he llegado al libro y porque quiero reservar unas líneas para referirme a algunas de las reacciones, pocas y blandas, que he observado (y lamentado) ante las declaraciones del señor Ratzinger. A continuación, lamento que el Vicepresidente primero junto con otros Ministros y autoridades democráticas asistieran sin rechistar a la recepción del Papa y que Pérez Rubalcaba catalogase de reunión cordial su entrevista o que el Gobierno simplemente se limitase a mostrar sorpresa, restando importancia y poniendo la otra mejilla e incluso comprometiendo el pleno apoyo que se va a dar a la organización de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid en agosto de 2011 y que contará con la presencia del señor Ratzinger. Lamentable también ha sido el silencio, la sumisión y sonrisas bobaliconas con la que el Presidente Montilla ha homenajeado y reverenciado al insultón Papa con el que incluso ha intercambiando regalitos durante su estancia en Barcelona. También es de lamentar que fuentes de la dirección del PSOE hayan evitado polemizar con el Papa y diciendo esperar al final de la visita para hacer balance de la misma, porque no hacen falta más datos ni más razones sino que ya es hora de recordarle que, a pesar de todos los motivos que dieron para ello, aquí no se persigue a los curas ni a la iglesia sino que el Estado recauda de todos nosotros cuantiosos fondos para ella y se gastan millones en mantener sus iglesias y catedrales. Y, para abreviar también en esto, decirle a mi partido y a mi Gobierno que ni esta iglesia, ni ninguna, merecen que se traicione el programa electoral dejando colgada la ley de libertad religiosa que prometieron, sino que lo que deberían es denunciar los acuerdos con la llamada santa sede para acabar con los privilegios que disfrutan quienes piden para ellos el respeto que a nosotros nos niegan y, además, pretenden imponernos su trasnochadas creencias y su desprecio de las leyes humanas en nombre de unas truculentas leyes que sólo son divinas para quienes renuncian a su ciudadanía sometiéndose como súbditos a Curas, Obispos y Papas como éste. (*) José Castellano es militante del PSOE y Secretario de ÁGORA SOCIALISTA.

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