La vuelta de Malaparte

Curzio MalaparteAhí están los límites del periodismo y las avenidas de la literatura; un placer cuando devienen aleación

Por razones que ignoro, la olvidada figura de Curzio Malaparte goza en España de un desprestigio notable, como tipo humano y como escritor. O se le desdeña o se le descalifica, y no encuentro otro motivo que no sea la ignorancia o la mala intención. Decir que fue un fascista, en un país como España, donde hubo que esperar hasta 1956 para que los primeros falangistas asumieran posiciones democráticas, no deja de resultar sarcástico. Afirmar que fue un mal escritor es una frivolidad. Basta leer la reciente reedición de Kaputt (Galaxia Gutenberg), sin las mutilaciones de la antigua censura, para adentrarnos en un modo de narrar de una brillantez que haría palidecer las pascuas de escritores anglosajones en mi opinión limitadísimos; verbo y gracia, como se decía antes, Bruce Chatwin, que me resulta particularmente insufrible, oTom Wolfe, muy estimado por la gente guapa.

Los esfuerzos de dos fuertes personalidades en la vida cultural española de posguerra, como fueron Dionisio Ridruejo y Juan Ramón Masoliver, dieron un sesgo a la personalidad de Malaparte, creo que parcial y muy influido por su propio periodo falangista y mussoliniano.

Apuntado al fascismo desde la primera hora, participa en la Marcha sobre Roma de 1922, y unos años después pasa a dirigir La Stampa de Turín. Disfruta de una equívoca aureola de hombre audaz y de intelectual oportunista. Ha participado en la Primera Guerra Mundial como voluntario, apenas adolescente, en las filas del ejército francés; lo que representa una temeridad tratándose de un italiano nacido en la Toscana – Prato-de padre alemán, su verdadero nombre fue Kurt Erich Suckert. Malaparte hace la figura de un arrogante guaperas de salón, con un altísimo concepto de sí mismo. Le dura el mussolinismo tres veranos, lo suficiente para escribir La técnica del golpe de Estado,un libro de éxito fulgurante, por el que acaba condenado a cinco de destierro.

Luego vendrá la Segunda Guerra Mundial y esa peculiaridad del fascismo italiano de asimilar, o neutralizar, a aquellos que sin ser enemigos podían llegar a serlo; algunos, como el propio Malaparte, viejos compañeros de ruta en tiempos de ofensiva. Nada que ver con lo que ocurrió en España. Es la etapa de corresponsal de Corriere della Sera en el frente del Este, asimilado al ejército hitleriano. De esa experiencia saldrá Kaputt,yo creo que su libro más brillante. Allí están sus conversaciones con nuestro Agustín de Foxá, diplomático en Rumanía y Finlandia, que convertirán al conde de Foxá en personaje de leyenda, incómoda para el franquismo, de la cual se salvará aprovechando esa facilidad de palabra que se le atribuía. Concedió una gran entrevista al Abc madrileño, donde no sólo desmentía a Malaparte, sino que además le calumniaba.

La respuesta la incluyó Curzio en su Diario de un extranjero en París y la reprodujo, en francés, la edición italiana de sus Obras completas (Vallecchi Editori). Es demoledora para Foxá y no admitía respuesta sin meterse en un conflicto de mayor envergadura. Contaba la historia de un crimen político franquista y en sí misma tiene la envergadura de un relato. Empieza con una afirmación implacable:

“Foxá, que es un buen conversador, no es sin embargo un buen escritor”. (Como este oficio de escribir, decía Ortega, no es como en infantería, y hay que explicarlo todo, añado: me parece una estupidez que un ayuntamiento de izquierda denegara unas conferencias sobre Foxá porque se trataba de un escritor fascista. Hasta los escritores menores exigen su parte en la memoria colectiva). Es pena que la reciente edición española que me ha provocado este artículo no se hubiera esmerado llegando a la excelencia de incluir ese texto, tan revelador, tan bien escrito y tan desconocido en España.

Nosotros conocimos muy poco de la obra de Malaparte. Desde finales de los cincuenta algunos grupos de teatro amateur – los voluntariosos TEU, Teatro Español Universitario- representaron alguna vez También las mujeres perdieron la guerra,una de las tres obras dramáticas que escribió. Por supuesto, nunca llegamos a ver su película Cristo prohibido,de 1951. Incluso su libro más exitoso, La piel (1949), nos llegó con un retraso enorme; la Iglesia lo había incluido en el Índice de Libros Prohibidos .

En la demora contaba también su trayectoria política; al Régimen y a sus logreros les gustaba más quedarse con la evocación de un Malaparte mussoliniano. Tras su tardía vuelta a Italia, a finales de los años cuarenta, se fue inclinando hacia los comunistas de Togliatti y despreciando olímpicamente la Italia corrupta y meapilas de los democristianos en el poder. Su deriva hacia el comunismo le llevó a la China maoísta, de donde saldría un convencido de que por ahí iba el futuro, hasta tal punto de que su espectacular mansión de la isla de Capri la legó a la República Popular China. En el fondo y en las formas pertenecía a otra generación, la que había terminado con la guerra. Los Calvino, Moravia, Patrolini… se sentían ajenos a aquel tipo que se hacía el parisino, que cuidaba el cuerpo como si se disfrazara de Mishima y que adoraba el lujo y las damas antiguas. ¡Pero si había conocido a Axel Munthe! (Aquí habría que poner una nota a pie de página, ¿alguien se acordará todavía del doctor Munthe, aquel solitario magnífico que iluminó nuestra primera adolescencia?)

Curzio ejercía de marginal de postín. Probablemente se sentía más atraído por la peculiar personalidad de un líder como Togliatti – una tentación que sufriría también el cineasta Visconti-que por las teorizaciones del Partido Comunista más poderoso de Occidente. También se enamoró de Chile, y por supuesto, de una chilena, y pasó cuatro meses en ese país que llegó a considerar un paraíso. Para que tengan una idea de la extorsión que sufrió nuestra imagen de Malaparte bastaría recordar su muerte. Los diarios españoles le dedicaron muchos artículos a su supuesta conversión al catolicismo en los momentos postreros. Fue en el verano de 1957 y en la repentina conversión de aquel descreído biológico desempeñó un papel primordial una monja española, nada menos que alavesa, y por buen nombre sor Patrocinio, como la monja milagrera de Isabel II.

Hay varias razones para volver a Malaparte y a su Kaputt.Ahí están los límites del periodismo y las avenidas de la literatura; esa mezcla compleja que resulta un placer cuando se comporta en aleación. Resuelve en relatos magistrales el supuesto dilema entre vivirlo para contarlo o contarlo como si lo hubieras vivido, haciendo literatura, reelaborándolo en el tiempo. Particularmente  eficaz en los relatos de violencia entre hombres, no alcanza la fuerza que logra cuando se trata de animales. Caballos y perros en una guerra donde el humano es la mayor de las bestias.

Quizá se note que aprecia a caballos y perros, por elegantes y consecuentes, y no al hombre, ese animal que tiene la particularidad, entre otras, de que para salvarse él siempre necesita matar a alguien. Todo, como ven, tan políticamente incorrecto como para constituir un festín para los sentidos. Y en Malaparte hay un perceptor de olores; sus mejores descripciones empiezan por el olfato. Quizá esto le sirvió para la política. Es un don que ayuda a la supervivencia. La figura de Foxá está retratada a golpe de sensaciones y va más allá del personaje real, sin duda. Ocurre siempre, en Malaparte y en la literatura. Los tipos humanos pierden mucha de su grandeza cuando se vierten en prosa; con adjetivos y frases subordinadas. ¿Qué era Foxá? El representante de un régimen inicuo. ¿Que Malaparte exagera? Seguro, pero le dejó tan bien que devendrá leyenda.

Nosotros apenas conocimos al escritor Curzio Malaparte. Aunque leyéramos Kaputt hace años, o La piel,antes de que Liliana Cavanni le dedicara una película mediocre, estábamos fuera de esa órbita. Fíjense si eran llamativas nuestras limitaciones, incluso en la canallería, que el escritor más golfo y más brillante de aquellos años grises fue Camilo José Cela. Lo que vino por demás era morralla.

Gregorio Morán

La Vanguardia (30.10.2010)

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