La imagen y el fondo

ZapateroUna vez más, Zapatero se ha comportado como maestro de la táctica y de la imagen

Una vez más, Zapatero se ha comportado como maestro de la táctica yde la imagen. Cuando lo conveniente era dar sensación de frescura y modernidad, el Gabinete estaba compuesto de acuerdo con estrictas normas de paridad de sexos. Ahora que conviene reforzar el Gobierno y el partido, debido a la creciente pérdida de apoyo por parte de sus potenciales electores, recurre a veteranos y experimentados políticos. No hay duda de que, de entrada por lo menos, este cambio es positivo para el Ejecutivo ypara el PSOE. Ahora bien, ¿es suficiente?

En todo caso, una cuestión provoca perplejidad. Si el creciente descrédito del Gobierno es debido sobre todo a las medidas emprendidas para hacer frente a la crisis económica, ningún cambio, a excepción de la ya prevista sustitución de Corbacho, ha afectado a los ministros responsables de estas medidas. Por tanto, el sentido de todos estos cambios es más complejo de lo que parece y plantea una cuestión que hay que dilucidar: ¿es un cambio de políticas o de imagen?, ¿va al fondo o es simplemente epidérmico?

Dejando aparte las novedades de menor calado, parece indudable que los nombramientos clave han sido los de Alfredo Pérez Rubalcaba y Ramón Jáuregui – como vicepresidente primero y ministro de la Presidencia, respectivamente-y el de Marcelino Iglesias como secretario de organización del PSOE. Los dos primeros reemplazan a María Teresa Fernández de la Vega, sin duda una pieza fundamental desde el 2004 en todos los gobiernos de Zapatero pero que ya comenzaba a dar claras muestras de desgaste como portavoz del Gobierno ante la opinión pública. Seguramente, en los últimos años, Alfredo Pérez Rubalcaba ya era de facto el ministro político con más influencia en Zapatero, en realidad la eminencia gris del Gabinete, además de un eficaz ministro del Interior. Ahora esta situación fáctica estará revestida de la autoridad – interna y externa-que da un cargo formal.

Pero tan importante como la nueva posición de Rubalcaba es la vuelta a la política española, tras un breve paso por la europea, de Ramón Jáuregui, uno de los mejores activos del Partido Socialista. Jáuregui es un político serio, responsable, concienzudo, preparado y fiable. Todos estos calificativos le son reconocidos tanto por sus compañeros de partido como por sus adversarios políticos. Tiene experiencia de gobierno – delegado del Gobierno en Euskadi durante los duros ochenta y después vicepresidente vasco con Ardanza-y experiencia de cargos internos de partido en la sede central de Madrid. Un indudable todoterreno de la política. Muchas de las funciones que acumulaba Fernández de la Vega ahora pasarán a Jáuregui, entre ellas, compartida con Rubalcaba, la de ser portavoz del Gobierno.

Por último, la renovación en la secretaría de organización del PSOE es significativa tanto por la que se va como por el que viene. La que se va, Leire Pajín, seguramente tiene virtudes que se nos escapan. Pero en todo caso no tiene la virtud de saber comunicar y esto le hemos comprobado los sufridos televidentes en estos últimos años: era una especie de robot que repetía la nota que le habían confeccionado sin trasmitir la menor credibilidad a lo que decía. Todo lo contrario de su sustituto, el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, que sabe encontrar el tono justo, denota gravedad en la mirada y en el gesto y con pocas palabras, siempre precisas, comunica bien lo que quiere expresar. Además, según parece por su experiencia entre los socialistas de Aragón, es hombre componedor, que sabe mediar con criterio entre posiciones contrapuestas, algo que hace falta en el revuelto PSOE de los últimos tiempos.

Por tanto, y resumiendo, los cambios en el Gobierno y en el partido son, además de relevantes y positivos, todos ellos centrados en el aspecto político y, muy especialmente, en la capacidad de los recién nombrados para comunicar la política del Gobierno ydel PSOE. Ahora bien, como antes hemos dicho, el principal problema no es político, sino económico. Y en este campo no ha habido cambios. Esto es lo más extraño. España está en fase de pronunciado descenso en el ranking económico internacional: según los expertos, en los próximos cuatro años es previsible que descienda del noveno lugar en que ahora se encuentra al décimocuarto. Además, el paro no cesa de crecer, del déficit público ni hablemos y la desigualdad social va en aumento.

¿Seguirá nuestra política económica  confiando únicamente en una recuperación mundial que extienda sus beneficios a España o bien el Gobierno – nominalmente de izquierdas-está dispuesto a efectuar las correspondientes reformas fiscales, financieras e industriales que remedien la actual situación? Unos buenos comunicadores políticos no son el talismán que todo lo cura.

¿Seguro que la desconfianza creciente en el Gobierno Zapatero es sólo debida a problemas de comunicación? Me temo que no, que el problema es más de fondo y que el año y pico de legislatura que le queda no resolverá su débil posición frente a la opinión pública a menos que sepa comunicar de forma convincente el meollo de la cuestión: cómo afrontar los problemas económicos de fondo.

Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB
La Vanguardia (28.10.2010)

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