La redención del Anarquismo

Bandera y símbolo anarquistaNuevas publicaciones arrojan luz sobre el movimiento libertario

La extraordinaria historia de los libertarios españoles cumple cien años

ARRAIGO CATALÁN El poeta Carles Riba fue premiado en 1909 por un poema escrito en esperanto

REDUCCIONISMO HISTÓRICO “Se les asocia al terrorismo, pero tenían gran vocación educadora y cultural”

Jaume V. Aroca – Barcelona.- El anarquismo en España cumple esta semana cien años de historia. Una línea de pensamiento que hoy tiene una presencia casi testimonial en el mapa de las ideas políticas y que, sin embargo, en el siglo pasado logró cautivar y movilizar a millares de ciudadanos construyendo en España una excepción que todavía hoy sigue siendo objeto de severas discusiones entre historiadores y politólogos.

El 30 y 31 de octubre de 1910, un centenar de delegados de Solidaridad Obrera reunidos en el palacio de Bellas Artes de Barcelona, construido para la Exposición Universal de 1988 y desaparecido en 1943, acordaron la constitución de la Confederación General del Trabajo que, meses después, se convertiría ya definitivamente en la Confederación Nacional del Trabajo, la CNT.

Una organización obrera que, en algunos momentos de la primera mitad del siglo veinte, alcanzaría la representación mayoritaria de los trabajadores y un peso sin parangón en cualquier otro país europeo cuyos trabajadores, ya en el siglo XIX, habían empezado a abandonar las tesis antipolíticas que sostenía el anarquismo clásico. De ahí la excepción.

Una historia en la que Barcelona, como primera capital industrial española, tendrá un papel clave que aún hoy sigue atrayendo a historiadores pero también a miles de turistas, ciudadanos europeos y americanos, que, más allá de la cerveza low cost o los destellos del Camp Nou, rebuscan en la capital catalana los rescoldos de la dramática Rosa de Foc, del cooperativismo obrero o su vocación internacionalista.

¿Qué queda de todo aquello? Más bien poco, afirman dos autores que en estos días han lanzado sendos libros a la luz del centenario. Tierra y libertad,un volumen editado por Julián Casanova, y Anarquistas,el enciclopédico trabajo de Dolors Marín.

Sostiene Dolors Marín que buena parte del ideario y de las motivaciones que movilizaron a los anarquistas españoles “han sido devorados por el capitalismo. El derecho universal a la educación, el acceso a la cultura, los derechos laborales, los derechos de las mujeres, el pacifismo y el antimilitarismo o el ecologismo formaban parte del ideario avanzadísimo de los anarquistas”.

Una idea en la que coincide Julián Casanova cuando afirma que una de las explicaciones a la excepción española respecto de la expansión del ideario anarquista responde a la incapacidad manifiesta de los sucesivos gobiernos españoles en el siglo XIX y parte del XX para garantizar esos derechos. “El Estado era incompetente en España. Y este puede ser uno de los factores que explican el caldo de cultivo en el que se desarrolló aquí el anarquismo mientras que en otros países lo hacían el comunismo y el socialismo. Las posiciones antipolíticas respondían a un Estado que no servía para nada a los intereses y las necesidades de los ciudadanos”.

Añade Casanova una idea que se acerca al presente: “Es llamativa la constatación de que allá donde hubo federalismo hubo anarquismo”. Leyendo a Dolors Marín, cuyo libro aborda una reconstrucción minuciosa del acervo cultural anarquista, encaja con esta idea el interés de los catalanistas por algunas expresiones que caen de lleno en el repertorio del anarquismo y el obrerismo a principios del siglo XX como es el esperanto. Un detalle que revela Dolors Marín en su libro: el gran poeta noucentista Carles Riba fue premiado en 1909, año de la Setmana Tràgica, por un poema escrito en esperanto en el Congreso Internacional celebrado en Barcelona, cuando incluso algunos restaurantes de la ciudad elaboraron ediciones bilingües de sus menús para la ocasión.

Sin Estado o contra el Estado incapaz, el anarquismo perdió su vitalidad y remontó su popularidad en diversas ocasiones desde aquel 1910 hasta el final de la Guerra Civil, adonde llegó dividido internamente y devorado por su incapacidad para urdir un discurso coherente entre la acción – simplificada en la memoria colectiva con las quemas de iglesias, los paseíllos o el simple bandidaje-y el proyecto político. Se convertiría en una opción minoritaria a la vuelta de la democracia. Dos factores explican, según Julián Casanova, la deserción. “No había referentes internacionales para el anarquismo cuando se reconstruyó la democracia en España. Los tenían el PCE y el PSOE, la CNT no”. En segundo lugar, la propia evolución de la sociedad creó las condiciones para la incomprensión entre las sucesivas generaciones.

“Los anarquistas que volvieron a España en los años setenta no entendían a aquellas generaciones de hippies que fumaban porros. Ellos estaban educados en la cultura del trabajo y una mística obrera que ya no existía”.

Resulta interesante establecer sobre el presente algún nexo entre uno de los mitos del anarquismo barcelonés: su especial arraigo entre los inmigrantes interiores recién llegados a la Barcelona metropolitana, primero desde la Catalunya rural y luego desde el resto de provincias meridionales españolas, descrito con minucioso detalle en La quiebra de la ciudad popular de José Luis de Oyon, un imprescindible.

Dolors Marín considera que la adhesión de las clases subalternas de la segunda periferia – l´Hospitalet y Santa Coloma son un buen ejemplo-se explica porque “el anarquismo sí dio amparo y cobijo a través del cooperativismo, de sus escuelas racionalistas, incluso de sus viviendas, a aquella gente que estaba desamparada”. Una experiencia que puede aportar alguna luz a los comportamientos presentes de la sociedad catalana frente a la inmigración global.

“De todos modos, la idea de que el anarquismo era cosa de los murcianos es un mito que a la luz de los hechos no se sostiene. Muchos dirigentes anarquistas procedían de la propia Catalunya – afirma Marín -, incluso algunos de los que cometieron los actos terroristas más célebres”.

Casanova es muy crítico con la asociación entre terrorismo y anarquismo. “En Europa los anarquistas han pasado por ser los grandes terroristas de la historia. Pero hubo otros -ismos mucho más brutales y mortíferos: el gulag es comunista, los campos de concentración, fascistas”.

El anarquismo fue mucho más, sostienen al unísono ambos autores, quienes han tenido especial interés en recuperar la vocación educadora y cultural de los libertarios impulsada por “la fe casi absoluta – como sostiene Javier Navarro en Tierra y libertad-  en el poder de la transformación (e incluso la redención) social de la cultura”. De ahí la ingente producción editorial que jalona toda la corta pero intensa historia del anarquismo español.

Posiblemente la actividad editorial sea una de las expresiones anarquistas que han pervivido en Catalunya vinculada a colectivos a menudo poco visibles y vapuleados por la política al uso cuando ocasionalmente aparecen en escena. Se trata de pequeñas editoriales con producciones limitadas que, sin embargo, en la Barcelona del siglo XXI incluso llegan a hacerse un espacio en las estanterías de los grandes almacenes.

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La Barcelona negra

Un paseo por la ciudad permite revivir algunos de los acontecimientos que marcaron la historia del movimiento

RECORRIDO ‘ANARCO’ Hay guías que sitúan desde la muerte del Noi del Sucre hasta las sedes organizativas

BIBLIOTECA ARÚS Rossend Arús cedió a la ciudad uno de los mejores fondos sobre anarquismo

¿Pero allí no estaban los  comunistas? El pasado día 29 se septiembre, mientras los Mossos d´Esquadra se batían en la plaza Catalunya contra los grupos que habían ocupado el edificio del Banco de Crédito, alguien recordó que aquel edifico – antes, el hotel Colón-había albergado la antigua sede del PSUC, mientras que los anarquistas y los militantes del POUM se habían hecho fuertes en el lado opuesto, en el edificio de la Telefónica. Ocurrió en plena Guerra Civil, en mayo del 37. De un lado al otro de la plaza se batían a tiros.

Las calles de Barcelona pueden evocar, para el que quiera buscarlos, los escenarios del viejo anarquismo español. No todo ha desaparecido. Hace algunos meses el Ayuntamiento colocó una placa en el edificio del número 56 de la calle Bailèn donde el pedagogo Ferrer i Guàrdia creó la escuela Moderna, ejemplo del aquella voluntad de la redención por la cultura y de la escuela racionalista vinculada al pensamiento anarquista.

Hay incluso algunas guías específicas destinadas a evocar esos paisajes urbanos. La Barcelona rebelde,editada por Octaedro, lleva ya tres ediciones desde su aparición en el 2003 y se ha traducido al alemán. Pese a algunas inexactitudes (por ejemplo, yerra al ubicar la escuela Moderna en el número 70 de la calle Bailèn) y a una mezcla de hitos actuales y pasados, bien puede servir para el propósito de recorrer algunos de aquellos escenarios históricos de la mano de sus propios protagonistas, que dejan su testimonio en el libro.

Cómo no, la esquina de la antigua calle Cadena, hoy la rambla del Raval con Sant Rafael, donde en 1923 cayó, abatido por el pistolero Inocencio Feced, el anarquista Salvador Seguí, el Noi del Sucre.

O las sedes de organizaciones cercanas, de un modo u otro, a la corrientes de pensamiento anarquista, la escuela Natura, en la calle Municipi; la Associació d´Idealistes Pràctics, en la calle Provença ; el grupo Sol i Vida, en el barrio del Clot, o el Ateneu Enciclopèdic Popular, que tuvo diversas ubicaciones en el barrio del Raval. Aunque no se cita en esta guía, uno de los lugares imprescindibles en este recorrido debería ser la biblioteca Arús, que alberga uno de los mejores fondos sobre anarquismo que existen en España.

La biblioteca Arús constituye un ejemplo impecable del esfuerzo redentor de la cultura y, a la vez, de aquel apoliticismo que sugiere Julián Casanova en estas mismas páginas. En el testamento de Rossend Arús, en el que cede la biblioteca a la ciudad, ydel que fue albacea el federalista Valentí Almirall, se establece por norma que en las paredes de la biblioteca no podrá haber ninguna imagen de un dirigente político.

Quedan los lugares del drama: los edificios ocupados durante la Guerra Civil, o los escenarios de las barricadas en los primeros días del golpe en 1936, en la Rambla y el Paral · lel. O los lugares donde se celebraron las grandes concentraciones anarquistas, la plaza de toros Monumental o el cine Comedia.

En este recorrido, merece la pena detenerse por último en un detalle urbano poco conocido: las pajaritas de Ramon Acín. Acín fue un militante anarquista en la Barcelona de principios del siglo XX. Artista autodidacta, llegó a relacionarse con los surrealistas en la Residencia de Estudiantes. Sus dos pajaritas de hierro, una réplica de las que creó para el parque de Huesca, presiden hoy la embocadura de la rambla Guipúscoa. Acín, aragonés de origen, fue fusilado en 1936.

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Bibliografía básica

La quiebra de la ciudad popular JoséLuis Oyon Ediciones del Serbal x Un imprescindible para entender las condiciones sociales que se dieron en la Barcelona donde germinó el anarquismo. Oyon, catedrático de Urbanismo de la UPC, describe las relaciones humanas entre barrios, clases sociales y en el mundo del trabajo.

 Tierra y libertad Julián Casanova (coordinador) Editorial Crítica x Constituye la base científica a partir de la cual se ha desarrollado la exposición del mismo nombre en Zaragoza. Incluye artículos de José ÁlvarezJunco, Mary Nash o Javier Navarro.

Anarquistas. Un siglo de movimiento libertario en España Dolors Marín Editorial Ariel x Un trabajo que abre muchas puertas para la investigación del movimiento. Especialmente interesante resulta la lectura de los capítulos dedicados a la vocación educadora del anarquismo y a los movimientos culturales y a su actividad editorial.

Cien imágenes para un centenario. CNT 1910-2010
Varios autores Fundación Anselmo Lorenzo x Recopilación de la iconografía anarquista, así como de algunos textos de anarquistas como Cipriano Mera, Pestaña, Samblancat o Salvador Seguí.

La cultura anarquista a Catalunya
Ferran Aisa Edicions 1984 x Un libro que trata de recuperar el acervo cultural anarquista, esto es, el trabajo desarrollado en el mundo de la pedagogía y la cultura y que, según el autor, quedó difuminado.

La Vanguardia (24.10.2010)

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