El cambalache anual

López (PSE) y Basagoiti (PP)Al pactar con el PNV, Zapatero perjudica el cambio en Euskadi

El pacto que se cerró ayer entre el Gobierno y el PNV, en el último segundo y por teléfono, para alcanzar la mayoría suficiente que permita aprobar los Presupuestos Generales para el año próximo da mucho que pensar sobre la calidad y la buena salud de nuestra forma de gobierno.
Convertir en costumbre anual la aprobación de los Presupuestos del Estado en un cambio de cromos entre el partido del Gobierno y los partidos nacionalistas de ámbito no estatal – sea PNV, CiU, ERC o, indefectiblemente cada año, Coalición Canaria – es distorsionar por completo el sentido de función que se está realizando.
La aprobación de los Presupuestos es una de las principales tareas de las Cortes Generales ya que determina muchas de las políticas que se llevarán a cabo al año siguiente. Lo legítimo, lo políticamente ético, es que los grupos parlamentarios discutan y negocien, dada su importancia, sobre su contenido. Lo ilegítimo, y éticamente reprobable, es que el voto, favorable o desfavorable, esté condicionado por el cumplimiento de cuestiones ajenas a los mismos, como sucede en este caso, como sucedió también el año pasado y en tantas otras ocasiones: entonces la natural negociación sobre una ley se convierte en un simple cambalache impropio de dirigentes políticos serios. Más aún cuando una de las partes, que no defiende intereses generales sino parciales, aprovechándose de la debilidad de la otra, cuela allí lo que no puede alcanzar por otros medios. Desde luego, con esta frivolidad no se construye el Estado de las autonomías.  
En la situación actual se añade otro desconcertante factor. Este trueque para aprobar los Presupuestos se establece entre un Gobierno estatal socialista y un partido, el PNV, que en su comunidad autónoma está en la oposición de otro Gobierno socialista. Ciertamente, hay un cambio positivo en el actual PNV respecto al de Ibarerretxe: ahora, por lo menos, no pone en cuestión la legalidad vigente. Pero por más que se quiera disimular, el PNV no deja de aparecer a los ojos de los ciudadanos vascos como la pieza clave para resolver los “problemas” de Euskadi. Así, Zapatero perjudica uno de los aspectos más positivos de su mandato: el cambio de gobierno en Euskadi. Por otro lado, tampoco en nada ha ayudado el PP, tan comprometido como el PSOE en esto último: no ha hecho ningún esfuerzo para contribuir a la aprobación de los Presupuestos – si gobernara no hubiera confeccionado otros muy distintos – para así evitar que el PNV fuera decisivo.
En España existe desde hace años un grave problema de estabilidad gubernamental. No echemos toda la culpa a la ley electoral. También son responsables las dos grandes formaciones políticas estatales al anteponer sus intereses de partido a los intereses del Estado. Por eso se improvisan bodrios tan peligrosos el pacto presupuestario que ayer se consumó.   

Francesc de Carreras Serra, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona

La Vanguardia (16.10.2010)

 

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