Resignación de los funcionarios

Antoni Serra RamonedaCon cristiana resignación, nuestros funcionarios han aceptado el trágala del recorte salarial impuesto por el Gobierno para reducir nuestro preocupante déficit público. Alguna protesta se ha oído, pero de pocos decibelios. Las centrales sindicales convocaron una huelga; solo una minoría de los convocados acudió a la llamada y con escasa convicción. Contrasta este comportamiento con el de los trabajadores franceses ante las medidas que el presidente Sarkozy quiere imponer con idéntica finalidad. La que mayor indignación ha provocado es prolongar la edad de jubilación hasta los 62 años. Las imágenes televisivas han mostrado la importancia de sus manifestaciones y numerosos servicios públicos han dejado de funcionar.

El mundo al revés. Todos hubiéramos esperado una respuesta más contundente aquende los Pirineos, habida cuenta de la mayor temperatura sanguínea que nos diferencia de los naturales del Hexágono. Pero además de este rasgo genético, las condiciones laborales de que disfrutan los trabajadores franceses, especialmente los funcionarios públicos, son considerablemente mejores, por lo que hubieran debido ser más indulgentes ante los sacrificios que se les exigen que sus colegas del sur. Por cierto, 60 años no parece una edad muy avanzada, dada la actual esperanza de vida, para dedicarse al dolce far niente. La resistencia a aceptar una espera de dos años para alcanzar tan deseada condición dice poco de la satisfacción de los funcionarios franceses con las tareas que desempeñan, lo que es preocupante.

La reacción hispana hubiera sido más estentórea si la noticia de las nutridas cuentas bancarias que 3.000 conciudadanos tienen en Suiza a resguardo del fisco hubiera precedido a la del recorte salarial. Personas pudientes han intentado esquivar su contribución a la lucha contra el déficit, mientras a unos resignados, y a menudo escasamente pagados, funcionarios se les exige solidaridad. En respuesta, el Gobierno, ahora, está moralmente obligado a ser muy severo con quienes han eludido sus obligaciones fiscales.

Antoni Serra Ramoneda, Presidente de Tribuna Barcelona

El Periódico (29.06.2010)

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