Un año en el Parlamento Europeo

Francisco Sosa Wagner escuchando a Rosa Díez en una intervenciónCuento ante los amigos de UPyD mis andanzas en este primer año de legislatura europea. Debo empezar advirtiendo que no ha sido un tiempo fácil porque carezco del nutrido apoyo técnico con que cuentan los diputados que se hallan integrados en los grupos grandes del Parlamento. Menos mal que dispongo de dos asistentes muy valiosos, Alberto Fuertes y Verónica Santamaría, que siguen todos los asuntos y luego los despachan conmigo antes de que se produzcan las votaciones. También he podido beneficiarme de la ayuda que me han prestado numerosos afiliados y simpatizantes de UPyD, expertos en determinadas materias, a quienes he acudido en los casos de votos técnicamente complejos. De manera que puedo decir que, aunque nos podemos equivocar, le vamos cogiendo el tranquillo a este oficio que consiste en atender mil y un problemas. Para que se haga una idea el lector, enumeraré algunas -solo algunas- de las cuestiones tratadas en el último Pleno de Estrasburgo (semana del 14 al 17 de junio): mercados de derivados; ordenación del tiempo de trabajo de las personas que realizan actividades móviles de transporte por carretera; información alimentaria proporcionada al consumidor; transparencia de la política regional; política de innovación en un mundo cambiante; programa europeo de Observación de la Tierra; Estatutos de la Agencia Internacional de Energías renovables; adopción del euro por Estonia; derecho a interpretación en los procesos penales; prohibición de la captura comercial de ballenas; conclusiones de la cumbre UE-Rusia …
A veces los papeles y la documentación llegan pocas horas antes de las votaciones y entonces el esfuerzo se hace más angustioso. Todo esto es, como digo, fácil de resolver en los grupos que cuentan con muchos funcionarios. En el de “no inscritos” donde yo figuro tan solo me han asignado una persona -cierto que de gran experiencia- hace aproximadamente un mes.
Con todo, además de recibir decenas y decenas de visitas de personas y grupos -españoles y de otros países de la UE-, y de participar en un número elevado de cócteles -cruz que el diputado lleva con resignación-, he participado, haciendo uso de la palabra, en ocho Plenos y en debates relacionados con asuntos como la Presidencia de la Comisión; los resultados del referéndum de Irlanda; las conclusiones del Consejo Europeo de octubre de 2009; la presentación del programa de la Presidencia española; el seguimiento del Consejo europeo de febrero de 2010; los resultados de la Cumbre de mayo de 2010 y de la reunión de los ministros de Economía y finanzas … Ahora espero participar en el debate de conclusiones de la Presidencia española y para ello tengo pedida la palabra.
Mi Informe sobre “la gobernanza de Internet” obtuvo en el Pleno el respaldo de los grupos mayoritarios de la Cámara y, según me han dicho, no es fácil que un “no inscrito” obtenga el encargo de un asunto tan relevante y menos que alcance una votación tan holgada. Mi trabajo inicial consistió en escribir el Informe y en ponerme básicamente de acuerdo con los colegas de los distintos grupos políticos correspondiendo a Verónica Santamaría ajustar las piezas para lo que tuvo que desplegar un trabajo realmente meritorio (tambien ella es nueva en estas lides).
Otro Informe del que soy autor es el de “opinión” relativo a “la agricultura y el cambio climático”. Estos informes, como digo llamados “de opinión”, son más fáciles y exigen un menor compromiso para el ponente. Con todo, lo sacamos adelante en la Comisión de Industria y Energía con casi todos los votos a favor.
He dirigido a la Comisión preguntas sobre: el sistema de cuotas lácteas; la contaminación acústica producida por ciclomotores; las agencias de calificación financiera; el Sahara; la aduana comercial de Ceuta con Marruecos y los productos financieros (los “swaps”). Tengo en el telar otras relacionadas con asuntos medioambeintales y de protección del patrimonio histórico.
Por último, he dedicado un buen número de las “Tribunas” que mensualmente publico en el diario “El Mundo” a los asuntos europeos. Siempre exponiendo lo que son mis ideas básicas que son las que defendí en la campaña electoral y he repetido tanto en el Pleno de la Eurocámara como en las entrevistas que me han hecho los medios informativos.
Y que, resumidas, son las siguientes: Europa ha conseguido mucho en sus años de andadura. Ha asumido la existencia de un interés general superior al de los Estados que la componen; ha puesto en pie instituciones democráticas que no existen en ningún otro continente; ha trenzado unas fórmulas de cooperación inéditas y, lo que es más importante, ha instaurado la solidaridad de los ricos con los pobres (ahí están los fondos estructurales y de cohesión como testimonio), prueba irrefutable de la existencia de una conciencia común. Queremos todavía más pero debemos saber que la perfección suma es un horizonte al que solo nos acercaremos si nos hacemos no solo creyentes sino practicantes del credo europeo.
Ese horizonte es para mí un horizonte federal. En tal sentido, los Estados Unidos de Europa son un buen sueño para movilizar a los europeos siempre que admitamos que la América federal no se construyó en un fin de semana sino en un siglo largo con episodio bélico incluido. Nosotros podemos estar orgullosos de haber descartado la guerra como medio para resolver los conflictos sustituyéndola por los textos legales y por las sentencias del Tribunal de Luxemburgo. Es magnífico que en la construcción de Europa se hayan reemplazado los ejércitos y las piezas de artillería por los razonamientos jurídicos. Se me dirá que son poco amenos, que están redactados a trompicones y con alarmas de opacidad, y es verdad, pero siempre serán mejores que el campo de batalla. De un pleito se vuelve con una sentencia adversa, no con una pierna de menos o en un ataúd.
Ahora Europa necesita avanzar. El federalismo europeo no se puede decidir por decreto, es un producto que se forma con el acarreo pausado y meditado de los materiales apropiados.
Por todas estas razones, en Europa se debe descartar la nostalgia de las “independencias nacionales” y recordar, con Mitterrand, que “el nacionalismo es la guerra”.
Se trata, dicho de otra forma, de que la vitamina federal robustezca a las instituciones y afiance sus raíces reforzando la unidad financiera y fiscal, articulando una política económica común, aparejando los instrumentos para la creación de un presupuesto europeo.
Porque hoy la construcción de Europa obliga a explicar la soberanía de una manera nueva pues ya no puede ligarse sin más al “Estado” sino a una combinación que incluiría a este y a la supranacionalidad europea: se trata de la soberanía “conjunta o compartida”, apta para garantizar la diversidad de los niveles de gobierno con la unidad de la acción política y de su medio de expresión más solemne que es la producción jurídica. Se ha esfumado el “poder único e indivisible” para emerger otro de rasgos renovados basado en la existencia de un orden jurídico complejo e irisado pero dotado de los suficientes elementos para ser reconocido como un todo unitario, trabado por el derecho y cimentado por el principio de “lealtad” de la Unión con los Estados y viceversa. Me he atrevido a denominarla “soberanía diluida”.
Con estas ideas, el esfuerzo de mis colaboradores y la ayuda de todos los amigos de UPyD seguiré trabajando desde mi escaño europeo.
Francisco Sosa Wagner
upyd.es (27.06.2010)

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