Stiglitz se indigna y exige acción

CAÍDA LIBRE Joseph E. StiglitzEl Nobel anticonformista utiliza la crisis para mostrar el fracaso del fundamentalismo de mercado

El autor ajusta cuentas con los defensores del consenso neoliberal y de la eficiencia de los mercados

El desigual reparto de la riqueza en EE. UU. explica la explosión del endeudamiento privado

Manuel Estapé Tous.- No es difícil recensar un libro del economista posiblemente más a la izquierda que haya sido premiado por el Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel (en el 2001). Desde su forzada salida como economista jefe del Banco Mundial, en el 2000, por orden expresa de Lawrence Summers (hoy con Barack Obama), Joseph Stiglitz, con la fe de sus convicciones, se ha dedicado a desmontar los postulados del neoliberalismo que se impuso universalmente tras la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989. Su escepticismo acerca del funcionamiento real de diferentes mercados (laboral, coches de ocasión, seguros) se despertó ya en 1984 con un estudio sobre las asimetrías de información existentes entre compradores y vendedores en los citados mercados. Ni la información era perfecta ni estaba bien distribuida.

Con la ventaja adquirida en términos de credibilidad al saltar en marcha del consenso (neoliberal) de Washington sobre políticas económicas, Stiglitz evita recurrir al “ya lo predije” y procede a un análisis de las causas y de los prejuicios neoliberales que explican la Gran Recesión. A ustedes, como a la reina de Inglaterra, se les habrá ocurrido preguntarse cómo (prácticamente) ningún economista vio venir tamaño desastre. El autor fue uno de los pocos clarividentes, como Nouriel Roubini, George Soros, Stephen Roach y Robert Schiller. El libro, parece inevitable, se torna en ajuste de cuentas cuando alude a la fe en que el mercado tiende al equilibrio y a autocorregirse en personajes como Alan Greenspan, su sucesor, Ben Bernanke, o Hank Paulson.

La crisis fue una crisis de exceso de endeudamiento que a su vez provocó una burbuja inmobiliaria que contaminó las titulaciones de activos financieros respaldados por hipotecas que habían sido diseminadas por todo el planeta con la bendición de las agencias de calificación de solvencia. Stiglitz escarba en este exceso de endeudamiento de los hogares y lo que encuentra es un fuerte aumento de las desigualdades sociales: “Descontando la inflación, el ingreso mediano de los hogares (el que los divide en dos mitades) en Estados Unidos en el 2008 era un 4% inferior al del 2000 a pesar de que el PIB medio per cápita había crecido un 10%”. Estados Unidos vivía por encima de sus posibilidades, muchísimos norteamericanos lo hacían para mantener su nivel de vida.

En su trayecto a lo largo de la crisis, Stiglitz fascina cuando se indigna e ironiza sobre los banqueros centrales: “Suelen ser conservadores y no creen en la intervención del gobierno en los mercados. Y es extraño porque su principal tarea es fijar uno de los precios más importantes en la economía, el tipo de interés”. En estas esferas, pese a siglos de experiencia, se seguía creyendo religiosamente en la hipótesis de la eficiencia de los mercados. Como los mercados eran eficientes, nunca se producirían burbujas. Una posición que desazona profundamente cuando han pasado tantos años desde que Charles Kindleberg publicó en 1978 su fundamental historia de las crisis financieras, Manias, panics and crashes. Stiglitz recuerda una de sus principales lecciones: “Las crisis financieras se suceden con intervalos aproximados de diez años a lo largo de los últimos 400 años”. El libro es una buena recopilación de errores a cargo de gobernadores, reguladores, banqueros y promotores inmobiliarios. Tal vez uno de los más incomprensibles se produjo en abril del 2004, cuando la Securities and Exchange Commission decide permitir que la ratio de endeudamiento de los bancos de negocios pase de 30 a 1 a 40 a 1.

´CAÍDA LIBRE´ Joseph E. Stiglitz Traducción de Claudia Martínez Taurus. Madrid, 2010 423 páginas Precio: 21,50 euros

La Vanguardia-Dinero (25.04.2010)

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