Montilla sigue creyendo

Jesús Royo ArpónEl 10 de abril Montilla subió a Pinós, en el centro de Cataluña, como nuevo Moisés al Sinaí, a proclamar solemnemente su fe: “Creo en Cataluña, nación fuerte y orgullosa, celosa de su libertad, generosa y apasionada”. Como se ve, los adjetivos de los que dota a Cataluña pertenecen al género ‘leyendas de escudos’, porque son tan pretenciosos y tan huecos como las soflamas de todos los blasones de todas las ciudades, comarcas y corporaciones de toda laya que en el mundo han sido: muy ilustre, noble, leal, benéfica, liberal, heroica, fiel, hospitalaria, gloriosa, etcétera.

Montilla dedica siete párrafos a detallar esa fe catalana, pero sólo uno para su fe socialista: “Sigo creyendo en el socialismo, como ideal…” A veces pienso que los que sueltan el latiguillo ese de ‘socialismo como ideal’ en el fondo se alegran de que sea ideal, y que no van a hacer mucho para que llegue a ser real. Frente al resolutivo y rotundo ‘creo’ referido a Cataluña, el ‘sigo creyendo’ referido al socialismo suena a melancólico y cansino. Con toda la que está cayendo, y está cayendo enterita sobre los lomos de la clase obrera -digo clase obrera y no ‘clases desfavorecidas’, como estos neosociatas de pichinglís, que toman lo de ‘clases’ con papel de fumar, con dos dedos y levantando el meñique-, digo que con la que está cayendo, el socialismo debería ser algo más que un ideal de fondo, un horizonte plácido e inocuo.

Ese desequilibrio siete a uno -siete a Cataluña, uno al socialismo- es indicativo del propio PSC, un partido catalanista con un cierto aroma leve de socialismo, quizá ya sólo un recuerdo. Hace diez años se cambió el diseño de las siglas y a la C se le dio el doble de grosor que a la P y la S: ahí se declaraba plásticamente qué es lo sustantivo, la C, y qué es lo adjetivo, la S. Exactamente al revés de como lo sentimos la mayoría de militantes, para quienes que sea catalán es lo de menos.

Pero lo chusco es cuando Montilla va desgranando su fe catalana: “Soy catalán y catalanista, soy europeo y europeísta, soy español y federalista”. Si eres catalán, europeo y español, y te declaras catalanista y europeísta, ¿por qué no también españolista? ¿Por qué das el cambiazo a la carta y te sacas de la manga lo de federalista? La respuesta es clara: un aspirante a president no puede declararse españolista, aunque debe ser catalanista. España, por lo visto, mancha. Yo, la verdad, siento decirlo, este discurso oficial del PSC, este catalanismo ridículo y acomplejado, creo que destiñe. Me huele a cosa apolillada, al alcanfor de los armarios de antaño. Con lo fácil que sería: soy catalán, español y europeo. Y soy socialista. El resto sobra.

Jesús Royo Arpón

La voz libre (14.04.2010)

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