Realmente es notable la coincidencia, au

Realmente es notable la coincidencia, aunque igual resulta que los escribas se hacen también contraprogramación, como la tele. Pero yo no veo gran diferencia de enfoque. Los dos se centran en una cierta demonización de la mendicidad; Reverte desde el modelo del falso mendigo profesional y Morán trayendo a cuento el chantaje moral de cierta mendicidad o su falsa pretensión de arte. En ambos casos, lo que se vapulea son las distorsiones del mendigo arquetípico; arquetipo que, en el fondo, responde claramente para ambos al modelo evangélico, tal vez agiornado con alguna pincelada de “buen salvaje”. En ese sentido, por ejemplo, es muy burda la importancia dada al “chantaje” moral del joven mendigo como algo novedoso ¿Quién no ha vivido, desde hace ya muchas décadas, la irrupción en el metro del manido mensaje “dadme una ayuda, que no quiero tener que robar”? Si algo de particular tiene el cartel del chaval es su faceta de “marketing” y de buen marketing, por cierto; la mendicidad comienza también por la propaganda y los reclamos clásicos, “una limosnita por caridad”, ya no funcionan; el chaval de la perilla ha entendido muy bien que hace falta algo que impacte y que llame la atención (como esos estrambóticos anuncios que cada vez vemos más en la tele) y que, para ello, unas cucharadas de morbo es ingrediente eficacísimo. Tal eficaz que el propio escriba se queda mirando embobado. Para mí (y en esto sí coincido con el comentario de Antonio F-Ordóñez) los dos artículos se van por las ramas, sin enfrentar el meollo esencial del porqué tal grado de mendicidad en una sociedad básicamente igualitaria, democrática y opulenta; tal vez un poco menos opulenta por la crisis, pero todavía opulenta.

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