Saludos: De entrada una confesión. “Me

Saludos: De entrada una confesión. “Me he enterado de la existencia de Alemany leyendo la sabatina”. Culpa mía, lo reconozco. Pero quiero dejar bien claro que no voy a defender a semejante sujeto, ni es eso lo que me mueve a comentar un par de aspectos. Opino que lo más valioso, lo único verdaderamente valioso, de este ertículo es el primer párrafo. Respeto los análisis de Morán cuando de la política actual se trata. Y comparto la conclusión. Mejor será que no pasemos de controlar a nuestros políticos o vendrán problemas muy serios. ¿Del resto? Pues me parece que Morán se columpia. Ojo, que no insinúo que nada de lo comentado no sea cierto. ¿Quien soy yo para dudarlo? Me parece entender que trata de avisar del papel de los periodistas en estas tramas de corrupción. Perfecto. Y llega el problema. ¿Qué ha querido contar, mostrar o señalar con todo lo demás? ¿Que este sujeto era un reprimido, un meapilas, un cursi, un mediocre periodista o un acomplejado? Muy bien. Anotado queda. ¿Que estaba controlado por su madre? Me viene Norman Bates a la mente. Yo debo ser muy torpepero pues sigo sin entender. ¿Hay acaso una relación de causa-efecto? Mucha gente es muy retraída a la hora de actuar y no por ello acaban de consejeros de estafadores. ¿O es así por sistema? Parece como si a Gregorio Morán le perdiera el deseo de hablar de aquellos años y de sí mismo. Al menos en esta ocasión creo que se ha dispersado. De verdad, creo intuir dónde quiere llegar a parar. Pero este texto no lo aclara. Que un tipo no quiera escribir clítoris, no conduce automaticamente a que ayudará, en el futuro, a robar millones. Las argumentaciones deben ser más cuidadas. ¿O acaso sólo se trataba de contar una anécdota personal?

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