Me parece excelente este artículo de Ga

Me parece excelente este artículo de Gabriel Jackson, gran personalidad que ha estado residiendo en Barcelona desde 1984 hasta la fecha. Es imposible referirse a las diferencias de clase y a las trabas que se le ponen al pleno desarrollo del Estado del Bienestar si no atendemos al origen de las personas, a su nacionalidad de origen, a su lengua, al grupo étnico al que se supone que pertenecen, incluso a su filiación ideológica o estilo de vida en algunos casos. Los privilegios no son más que eso, diferencias en el trato que reciben personas, grupos sociales o territorios que socaban el principio básico de la democracia de igualdad de los ciudadanos ante la ley independientemente de los más variados factores. No tiene sentido referirse a la clase obrera en los EEUU si no tenemos en cuenta que el grueso del lumpen, de los trabajadores no cualificados y de las personas con menor poder adquisitivo en general proceden básicamente de las minorías étnicas como los negros y los hispanos. Cada país tiene su particular clase obrera con unas características definidas que suele corresponder con ciudadanos que no radicaban, originariamente, en los lugares donde se concentra la mayor actividad económica del país, pero sin cuya participación sería imposible la prosperidad de dicha nación o territorio. También se ha dado este fenómeno con poblaciones que se han visto desplazadas o minorizadas -caso de los indios americanos, por ejemplo. Esta dialéctica igualmente tiene su correlato en las relaciones entre Estados, por supuesto. La región española en la que residimos, Cataluña, no es ninguna excepción. El catalanismo es la ideología a medida de la burguesía local que ha servido para justificar el clasismo y las escasas inversiones en materia social que han caracterizado las políticas de los gobiernos nacionalistas e incluso la actitud y las actividades llevadas a cabo por los poderes locales durante la dictadura. Una “normalización lingüística” falsamente integradora que ha agrandado las diferencias de clase en la educación pública y entre ésta y la privada; inversiones constantes y dilapidadoras en todos los resortes de la “construcción nacional” mientras la propaganda oficial achacaba las deficiencias estructurales al “déficit fiscal”. A algunos todavía les indigna reconocer que los negros y los hispanos de Cataluña somos el grueso de la población hispanohablante de Barcelona y su amplio cinturón industrial, la clase obrera catalana a la que, en las últimas décadas, se nos han añadido personas procedentes de otros países. Los conservadores estadounidenses defienden sus intereses de clase perjudicando al resto de la población de su país, y los nacionalistas catalanes hacen lo propio en nuestra región. Unos lo hacen a su modo en función del contexto que les enmarca, y los otros también. No voy a extenderme más, pero sólo voy a referirme al marco que cubre anécdotas, simplemente ilustrativas, como la del catalanista “de izquierdas” Joan Puigcercós (ERC) poniendo su partido al servicio de la patronal catalana -tal cual- en aquel ignominioso mítin pronunciado hace unos escasos tres años en el World Trade Center de Barcelona. Otra anécdota nos la brindó el profesor de Derecho Héctor López Bofill, figura destacada de una hipersubvencionada plataforma secesionista vinculada a ERC, cuando pidió recortar derechos sociales a aquellos catalanes que no se expresaran en lengua catalana. Gabriel Jackson, comprometido hombre de izquierdas, no sólo se percata como el que más de la situación política y social de su país de origen, sino que también supo leer perfectamente el partido en Cataluña, y apoyó siempre que pudo al movimiento no-nacionalista. Bravo por su honestidad y valentía en ambos casos.

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