Pedagogía del odio

Pedagogía del odio“Yo odio al Madrid y al blanco (…) No me pongo camisetas blancas para jugar, sólo la de mi selección. La verdad es que no sé de dónde procede este sentimiento, pero desde que llegué a Barcelona lo tengo.”

Son palabras de Hristo Stoitchkov, aquel jugador tosco y mal encarado del Barcelona de Cruyff que se erigió en la encarnación de todo lo que desprecia de España el nacionalista tópico.

Llegó desde Bulgaria cargado de fútbol emocional y mucha ignorancia. De España y de Cataluña toda. Su carácter racial le llevó a empaparse de esa atmósfera despreciativa al Madrid, a España y valorar la calcomanía que el catalanismo nacionalista culé vendía.

Dice en el Marca a dos días del Madrid-Barça sobre el posible triunfo de su antiguo equipo: “Saldré a festejarlo con mi bandera catalana independestista. Me da suerte  y no me separo de ella desde que me la dieron en Wembley. Entonces yo no sabía que era independentista”.

Sigue colgado en internet el vídeo “Catalunya: forjant la nostra llibertat”, que utilizan los organizadores de colonias de niños para condicionarlos sentimentalmente contra España y a favor de la independencia de Cataluña. En el camino dejan un hedor insoportable de racismo cultural encubierto, que, en su fundamentalismo nacionalista, acaban por homologar con los usos culturales de la democracia. El colmo del dogmatismo mental: creer las propias motivaciones y deseos como moralmente superiores, y como únicas verdades posibles. Para ello no se paran en medios. Utilizan los más indecentes, aquellos que destruyen la capacidad de razonar para conseguir esclavizar las conciencias de los otros a través de las emociones. El método es la mayor basura conocida contra la libertad humana, y cuando se utiliza para esclavizar las mentes inocentes de los niños, un crimen contra la humanidad.

Una imagen del video

Dice en uno de sus folletos de propaganda a los padres: “Intentaremos educar a los niños desde una vertiente más lúdica a la que están acostumbrados, de manera que sin darse cuenta, adopten conductas y conocimientos que les queden impresos en el corazón y puedan servir más tarde, incluso de manera inconsciente”.

En lugar de educarlos con sentido crítico y en libertad para que adquieran criterio propio, pretenden esclavizarlos a sus convicciones. Talibanismo en estado puro, el más contrario al lema de la ilustración: “Atrévete a servirte de tu propio entendimiento”. Esto es lo que Félix de Azúa bautizó como pedagogía del odio. Talibanismo, sin embargo, que no se ve como tal, porque el talibanismo catalanista proyecta sobre los demás lo que no soporta de su propio comportamiento. ¿Pero qué diferencia hay entre la imposición de credo en Yemen del sur o la persuasión tramposa de estos talibanes de las catecolònies? El fin es el mismo: conseguir clones de sus propias creencias, los métodos son diferentes porque los sistemas políticos también lo son. Allí son violentos, aquí sutiles y sofisticados. Como la catarata de imágenes y sonidos “casi subliminales” de todo aquello que odian y han convertido en símbolo del mal: La mezcla pretende unir trazos de cultura española con la imagen de Franco y la democracia constitucional con críticos al catalanismo para desprestigiarlo todo y mostrarlo como enemigo de Cataluña. Así pasan por pantalla en centésimas de segundos, imágenes y sonidos de sevillanas, toros, falangistas, Curri Valenzuela, Intereconomía o Es Radio tras la imagen de Jiménez Losantos, Zapatero, Rajoy, Aznar, Ángel Rodríguez, Franco. Una ensalada mental tan indigerible por el tufo racista que destila, como su contraposición simplista para reducir la identidad de Cataluña al Barça, Montserrat, els castellets y las sardanas. En este caso, eso sí, el guión es un canto épico a la violencia donde la tierra y la espada sellan y firman el camino a seguir.

Esta parodia atrapada en un vídeo está diseminada en muchos comportamientos de responsables deportivos, educativos, políticos y periodísticos. Desde hace muchos años.

¿Qué diferencia hay entre los abusos sexuales a niños por parte de algunos religiosos, con las violaciones planificadas de la mente de nuestros hijos por parte de estos catalibanes? Sólo una: a la Iglesia hoy no se la respeta por los responsables de lo políticamente correcto, mientras que a la ideología nacionalcatalanista extrema, sí. De no ser así, los organizadores de estas catecolònias serían procesados.

Hristo Stoitchkov se parece mucho a los niños. Ccomo ellos, fue un espacio virgen donde sembrar cualquier cosa sin la resistencia de una formación previa. Como ellos, ha sido y es material emocional fácil de moldear. Como ellos, es una víctima.

Quizás Hristo Stoitchkov sepa ahora de dónde le viene ese sentimiento de odio.

Antonio Robles es periodista y profesor de Filosofía.

Factual (8.04.2010)

Sé el primero en comentar en «Pedagogía del odio»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Traducción »