La gran Rosa Luxemburg no era partidaria

La gran Rosa Luxemburg no era partidaria del feminismo entendido como movimiento independiente con un sentido por sí solo. No era partidaria de las reivindicaciones parciales convertidas en ideología. Ella pensaba que el socialismo conllevaba los diversos grados y vertientes de la emancipación. UPyD, el nuevo partido español calificado de “fascista” por ignorantes y sicarios, es el que mejor parece entender la lección de la histórica socialista alemana. El énfasis en la igualdad por encima de otras circunstancias se ha convertido en el santo y seña del programa de la formación magenta. Las relaciones entre los sexos, como no debería de ser de otra manera en un partido de carácter progresista, están orientadas desde la máxima de la igualdad, frente al papanatismo sobreactuado de quienes predican y practican políticas discriminatorias que acaban consiguiendo lo contrario de lo que dicen pretender. En una democracia como la española, en la que queda mucho por hacer en este sentido, en gran parte debido, como tantas otras cosas malas, a los cuarenta años de dictadura ultraconservadora, no podemos trivializar los temas importantes y someterlos a la demagogia partidista. La falsa izquierda, la izquierda de la diferencia, la que día tras día va abjurando de sus principios fundacionales, acaba coincidiendo con los conservadores por su insistencia en desnaturalizar la convivencia entre hombres y mujeres. Por el contrario, UPyD es el único partido que está aportando racionalidad al debate gracias a su actitud desprejuiciada y alejada de los lugares comunes.

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