El Museo Español de la Burbuja

Francisco Hernando, el PoceroCualquier delincuente puede meterle a usted en un lío de mil diablos y un millón de euros

Seseña es un lugar que aún espera la cámara implacable de un documentalista, alguien capaz de transmitir visualmente la fuerza de la más grosera de las representaciones del mundo en el que estamos metidos. Mucha gente cree que la burbuja inmobiliaria, ese melanoma que ha llevado hasta el quirófano a la sociedad española, quién sabe aún por cuanto tiempo, sólo se refiere a bloques de pisos invendidos, a constructores voraces y banqueros irresponsables. También hace referencia a ciudadanos convencidos de haber descubierto la piedra filosofal de la economía, vivir del crédito eternamente renovado. Como exposición del milagro español de la candidez – ese salto de la pobreza mental a la riqueza virtual-,no creo que haya lugar tan elocuente como Seseña.

Confieso que llegué a Seseña casi sin proponérmelo, pero su espantoso atractivo te fuerza a detenerte. Seseña está a unos cuarenta kilómetros de Madrid, en un secarral de fealdad aliviado, es un decir, por algunas poblaciones humildes que conforman La Sagra toledana.

Aquí se le ocurrió un buen día a Francisco Hernando, más conocido por el Pocero,construir 13.508 viviendas, a la vera del viejo pueblo de Seseña, con apenas diez mil habitantes.

Por supuesto, no había ni depósito de agua, ni canalizaciones, ni siquiera transporte. Eso sí, había tren pero no estación. Para hablar con propiedad, se veía pasar el tren de la línea de alta velocidad Madrid-Toledo.

Una nueva ciudad pensada – es una manera de expresarse-para quien tiene coche.

Aunque parezca mentira todo iba muy bien, al menos para el constructor y para los ediles – mayoría socialista con los populares apoyando-,hasta que se denunció ante la Fiscalía Anticorrupción, y hubieron de ir dimitiendo todos. Un millón ochocientos mil metros cuadrados de suelo rústico recalificado, que se dice pronto, que coincidió con la titularidad de un fondo de inversión a nombre del alcalde, José Luis Martín, de 158.000 euros, y un piso en Málaga, y luego más fondos. Ante la justicia alegó un número de la ONCE premiado. Como lo oyen.

Quizá les falló el momento. Empezaba a declinar la burbuja y la obra se quedó en poco más de 5.000 viviendas, que son las que usted puede contemplar ahora como parque temático de la burbuja hispana. Hay que verlo para creerlo. Actualmente no habitan regularmente más de 250 familias, con derecho a comprar el pan en el único bar. Para lo demás, el coche. Manzanas de casas terminadas, por fuera, entre grandes avenidas donde la llegada de un vehículo extraño llama la atención y provoca una mirada inquisitorial del puñado de personas atrincheradas en sus casas. Hay un autobús por la mañana y otro por la tarde. Eso es todo.

Sólo he conocido un lugar donde la sensación de desamparo ante los bloques de cemento fuera similar a la de Seseña. Fue en Pyongyang, capital de Corea del Norte, hace ya muchos años. Incluso como allí hay un parque con aire a cementerio y que tiene nombre, se llama parque María Audena, o algo así, donde puede usted pasear como si estuviera en la luna, con todas las probabilidades de ser el único ser vivo en todo el territorio que abarque su vista. También se puede encontrar, si usted se adentra por la autovía AP-41 y tras muchos vericuetos, una entrada principal donde se enseñorean dos figuras escultóricas, tamaño natural dilatado – muy comunes en Corea del Norte-,pero en este caso no dedicadas a Kim Il Sung sino a los padres del constructor.

Las palabras están muy limitadas para mostrar la fuerza de la desolación en un territorio donde lo único que hay, y en abundancia, es sol. Toda esta monumental fantasmagoría, bautizada con el nombre de El Quiñón de Seseña, se inauguró con mucho bombo y no menos platillo en septiembre del 2007 y asistieron más de seis mil invitados, seis mil, con actuaciones en directo de un tal Falete, y Andy y Lucas, que no tengo el gusto. ¿Cómo fue posible tanta desmesura? Pues muy sencillo, comprándolo todo. Los terrenos, los ediles, los medios de comunicación, y así sucesivamente. Pero mucho cuidado, que estamos hablando de Francisco Hernando, el Pocero.Poca broma. Le ha metido cuatro, cinco u once – ya he perdido la cuenta-querellas criminales al pobre alcalde actual, Manuel Fuentes, un paisano de Izquierda Unida al que no le llega ya la camisa al cuerpo.

¿Y a que no se imaginan usted por qué? Por el honor supuestamente vulnerado de Francisco Hernando, el Pocero.Un delincuente, según sentencia de la Audiencia de Madrid desde el otoño del 2007, pero con los mejores abogados de España, aseguran, y por si fuera poco, con expertos mediáticos como Pepe Oneto, aquel Oneto antiguo del tardofranquismo y la transición, que luego fue sustituido por Alfredo Urdaci, el inolvidable entrevistador televisivo del presidente Aznar, que ya tenía que ser servil para llamar la atención; porque las entrevistas a los presidentes de Gobierno en la televisión estatal sólo pueden ser superadas por las entrevistas a los presidentes autonómicos en sus televisiones oficiales.

Cualquier delincuente puede meterle a usted en un lío de mil diablos y un millón de euros, y si no, que se lo pregunten al alcalde de Seseña, al que la juez instructora de Illescas, doña Carolina Hidalgo, cuyo nombre escribo no sin un pálpito de inquietud, puso una fianza de un millón, por cuenta del honor ofendido del mago del ladrillo.Ante una más que discreta indignación general nos enteramos de que se le habían ido los ceros a la máquina, y donde quería decir 10.000 le salió un millón. ¡Por menos que eso un juez te metería un puro de los de nomeolvides! Desde que he sabido que el mafioso ruso Kalashov, detenido en España, tiene por abogados a tres ex magistrados de la misma Audiencia Nacional que le juzga, he sacado la conclusión de que esto de escribir en los periódicos se está poniendo imposible. Y lo más gracioso, vamos, como para desternillarse, es que el alcalde de Seseña consideró el día más feliz de su vida (sic) cuando se enteró de que le habían rebajado la fianza de un millón a diez mil euros. ¡Diez mil euros de vellón por decir que hacerle una manifestación de obreros de la construcción a las puertas de su Ayuntamiento “son prácticas similares a las que utiliza la camorra siciliana”! La única pena posible, digo yo, sería corregirle y advertirle que no es lo mismo la camorra napolitana que la mafia siciliana, pero a lo mejor el paciente Manuel Fuentes estaba en la verdad y el constructor aunaba ambas prácticas.

Los pequeños detalles ayudan a entender las grandes tropelías. Porque el hecho de que Francisco Hernando, el Pocero, tenga un yate que se llame como su esposa, Audena, la del parque espectral, carece de trascendencia. Tampoco que disponga de varios jets privados que promociona en actos de caridad, o que produzca, junto al vivales de Andrés Vicente Gómez, un filme invisible sobre Manolete con Adrien Brody y Penélope Cruz. Lo que amilana es la impunidad. Esa sensación de acoquinamiento que te viene al constatar que al tal Pocero no le bastó con tener un diario gratuito, La Voz de La Sagra,sino que te puede llevar a la ruina, y no sólo porque le has comprado un piso en El Quiñón de Seseña,sino además porque un juez saleroso, muy profesional de seguro, decide que es más honorable delincuente gordo que periodista flaco.

Hace unos años se cerró la única publicación independiente que había en Cantabria, casi sin enterarnos. Un constructor aprovechado les puso una querella, el juez la admitió gustoso, y ahí les fue una fianza del tamaño adecuado para obligarles al cierre. Ahora acaba de suceder en Lanzarote. A un secretario de ayuntamiento denunciado, con hechos probados, considera el magistrado un exceso llamarle “corrupto”.

O sea que piénseselo dos veces a la hora de gritar “Al ladrón, al ladrón”, porque una cosa es que le roben la cartera y otra es que afecte al honor del delincuente.

Gregorio Morán

La Vanguardia (27.02.2010)

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