Yo lo que lamento es que hemos llegado a

Yo lo que lamento es que hemos llegado a un punto en el que el sectarismo sociopolítico, el lavado de cerebro mediático y los muchos complejos hacen que los mayores disparates sean admitidos como necesarios o, en el mejor de los casos, ignorados. Tantos años de «socialismo» nacionalista acompañando al nacionalismo explícito de CiU y al griterío de los niñatos «radicales» del «independentismo» han propiciado una sociedad mediatizada, alimentada a base de falacias y de demagogia, que ha aprendido toda una retahíla de padrenuestros nacionalistas que, lamentablemente, ya forman parte del subconsciente colectivo en el Principado. Y esto se retroalimenta con la implementación de todo un corpus legal cada vez más antidemocrático y coercitivo. Existe una cierta desazón en la sociedad catalana respecto a la desastrosa situación presente, pero parte de ese descontento se va a volcar a favor de Artur Mas y los suyos, otra parte se colará por el saco cada vez más grande de la abstención, y sólo una pequeña porción lo recogerán los partidos blasfemos, C´s y UPyD. Captar el interés del elector no-nacionalista tendente al abstencionismo ha de convertirse en el santo y seña de UPyD, y para ello es necesario, en gran medida, ponerse en su lugar, no sólo limitarse a explicar un programa. Tenemos que lograr la empatía. La experiencia de C´s ha sido frustrante en no pocos aspectos, y esto ha servido para desilusionar a mucha gente que confió en ese partido en las elecciones de hace cuatro años. Pero, ¿será capaz UPyD de asimilar ese antiguo voto? ¿Existirá ese deseado efecto llamada, esa consigna? Lo que está claro es que no nos lo han podido poner más difícil. Aquellas elecciones supusieron la novedad, íbamos todos vírgenes y había mucha ilusión, mucho empuje y entusiasmo. Sin embargo, lo de ahora es una segunda parte tras habernos peleado y vuelto a pelear entre nosotros. Hemos permitido que los nacionalistas se partieran de risa mientras reproducían el eco de nuestras disputas. La situación puede parecer penosa, justo es reconocerlo. En cualquier caso, toda complicación encierra un desafío, un reto que hay que saber aprovechar en nuestro beneficio. Son demasiadas las razones que nos invitan a no desfallecer. Todavía nos falta mucho camino hasta exhalar el último suspiro. La próxima convocatoria está a la vuelta de la esquina y no pueden pillarnos desprevenidos. Hay que dejarse la piel y, sobre todo, seguir insistiendo.

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