Socialismo español, catalán y a la remanguillé

Maragall y Montilla, tras sellar en falso la crisis abierta por el conseller.| A. MorenoEl ADN del socialismo catalán es universal y no catalanista, como ahora se empeñan en reivindicar

Montilla lo dejó claro hace unos años. El PSC no votará nunca en contra de Zapatero, o sea del PSOE

Debía de ser el año 1976 cuando visité por primera vez la sede del PSOE en Barcelona situada en la Ronda Sant Pere, entonces claro San Pedro. Cerca estaban la entonces Casa del Libro -en pequeño Catalonia-, una boutique de Alta Costura, Ullibarri, más tarde Mayvell, que copiaba los patrones de la ropa que compraba en París -ya ven que lo de Zara no es un invento reciente- y un Farreras, también desaparecido. A unos cuantos adolescentes imberbes de 15 años nos atraía ya Felipe González, y puede que pensáramos que debía de estar en aquella sede, la cuestión es que la visitamos con la excusa de que éramos alumnos del mismo colegio al que él había ido en su Sevilla, el Claret. La referencia de un colegio cristiano, aunque fuera de misioneros, no cayó demasiado bien en aquel militante de la Federación catalana del PSOE del 76 que nos atendió, porque nos ventiló rápido. No eran días para que un socialista estuviera orgulloso de haber sido claretiano.

La sede estaba situada en un piso y las paredes se mostraban repletas de imágenes de González, Guerra y otros líderes a nivel español. Los contactos entre los distintos partidos socialistas eran continuos. La mayoría sabía que juntos podían llegar más lejos. Por ello, el pacto entre la Federación catalana del PSOE, el PSC-Congres de Joan Reventós y el PSC-Reagrupament, primero de Josep Pallach y después de Verde i Aldea, flotó desde el principio con fuerza, para, finalmente, conformarse en la gran fuerza política que es ahora, denominada hasta no hace mucho PSC (PSC-PSOE).

Ésa es la cuestión: PSC y PSOE. Hasta ahí las diferencias. Hasta ahí las formulaciones que han hecho unos y otros sobre lo que debía ser ese partido y nunca han logrado fraguar, aunque lo han intentado de todas las formas posibles. Y la demostración se demuestra analizando la diferencia de resultado entre las elecciones autonómicas y generales. Ese dato jamás ha sido armónico y siempre se ha convertido en una frustración rota a medias gracias al tripartito. Mejor sumar que quedarse fuera de la fiesta.

¿Qué es el socialismo catalán? Existen muchos ensayos, tesis, y reflexiones que se han escrito en los últimos 40 años intentando dar luz a un debate que siempre fue recurrente. Los fuertes flujos migratorios seguramente ayudaron a que el socialismo fuera, en su esencia, poco nacionalista. El que llegaba de fuera, en agradecimiento, siempre ha estado dispuesto a entender más de lo evidente. Así en los años 80 se produjo la mejor simbiosis entre las familias socialistas catalanas: la de la burguesía ilustrada y crítica y la de llegados desde todas partes de España que asumían Cataluña como propia, la amaban y con ellos amaban su lengua, que no hablaban, pero apretaban para que sus hijos sí la tuvieran como una lengua normalizada en los estudios.

El problema es que un señor bajito y feo, pero terriblemente inteligente, Jordi Pujol, los puso en su sitio, y perdieron las elecciones. Aquello fue la debacle anunciada de los que creían que tenían la victoria en el bolsillo. Recuerden, al grito de «¡Catalunya socialista!».

Las declaraciones de Ernest Maragall la pasada semana, aunque iban dirigidas al tripartito y sólo al tripartito, como ya argumentamos la semana pasada, abrieron la caja de Pandora que, aunque nunca nadie ha dicho que se haya cerrado, a ninguno le interesaba abrir. La cuestión es: ¿los socialistas son más PSC o más PSOE o su receta es a la remanguillé? ¿Es necesario y prudente un grupo parlamentario propio en el Congreso o la fórmula actual funciona?

El término «remanguillé» lo utilizaba en muchas ocasiones el que fuera redactor jefe de este diario, Antonio Galeote, para calificar a cosas desordenadas o estrambóticas. El sonido en su pronunciación matiza su intención. El socialismo catalán siempre ha vivido a la remanguillé. Desde los tiempos lejanos de Joan Reventós sesgado por los malos sueños de Alfonso Guerra que siempre evitó debilidades catalanistas, las ilusiones breves de Raimon Obiols, los desiertos frustrados de Joaquim Nadal, los fuegos de artificio de Pasqual Maragall o la sobriedad nacionalista de José Montilla.

Aunque José Zaragoza diga en la COPE que si gobiernan en solitario no cambiarán la Ley que sanciona a los comercios que rotulan en castellano -que sirva el detalle como ejemplo – el ADN del socialismo catalán es universal y no catalanista, como ahora se empeñan en reivindicar para sustentar al tripartito. El catalanismo del siglo XXI no debería existir. O se es nacionalista, independentista o socialista a la remanguillé.

Montilla lo dejó claro hace unos años. El PSC jamás votará en contra de Zapatero, o sea del PSOE. Por lo tanto, ¿para qué el debate de un grupo propio? El lío ayuda a debates inútiles y en lo que se debería centrar ahora el PSC es en liderar un proyecto de futuro y en solitario. Difícil, difícil lo tiene.  

alex.salmon@elmundo.es

Álex Sàlmon

El Mundo (21.02.2010)

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