“Más que grandes personajes hay grandes circunstancias”

John ElliottJohn Elliott, historiador, hispanista; publica ´España, Europa y el mundo de ultramar´

Tengo 79 años: excelente edad para un historiador. Nací en Reading, hijo de maestros de escuela. Me eduqué en Cambridge y enseñé en Princeton y Oxford. Hoy la sociedad es ahistórica, ergo manipulable. Vicens Vives me enseñó a cuestionarlo todo y luego a elegir mi opción

Cuando llegué a Barcelona en plena dictadura para estudiar, puse un anuncio en La Vanguardia:”Joven inglés busca familia que le enseñe catalán”.

Buena idea, sir John.

Me contestaron más de cien familias y así empecé a aprender catalán.

Y hoy lo habla usted bien.

Lo aprendí cuando Franco lo perseguía, por eso me apena que hoy pongan multas por no rotular en catalán.

El peor servicio que puede hacerle un gobierno a su lengua es imponerla a quien no quiere utilizarla. Las multas lingüísticas son una aberración en cualquier idioma.

Usted siempre defendió que “Spain” no era tan “different” del resto de Europa. Porque entonces se exageraba la excepcionalidad de España, pero ahora se ha ido al otro extremo y me veo obligado a recordar algunas de esas diferencias.

Por ejemplo.

La pervivencia de moriscos y judíos conversos en España la hizo excepcional.

¿Por qué?

Porque el resto de los países europeos que ya habían expulsado antes a sus judíos y no tenían moros desconfiaban de que España fuera un país cristiano de verdad…

¿Y esas críticas cundieron?

… Tanto que, para defenderse de ellas, los monarcas tuvieron que probar la pureza cristiana de España y se originó así un impulso uniformizador que duró siglos.

La obsesión por la pureza de sangre.

La otra gran diferencia española es que fue la primera potencia europea en tener un imperio en ultramar. Y con él surgió la tendencia de intentar controlar el mundo a distancia mediante el papel: con su burocracia.

Tendencia nunca abandonada.

Y que origina siempre tensiones entre aquellos que querían gobernar desde el centro mediante el papel y las periferias, que recelaban de ese empeño.

En eso andamos.

Durante las monarquías compuestas de los Austrias ese conflicto y la tensión no eran siempre negativos. De hecho, estas tensiones fueron a menudo creativas y mejoraron de algún modo el modo de gobernar.

¿Cómo?

Eran buenas para la administración siempre que los políticos sirvieran a todo el país y no sólo a su provincia… Pero me temo que los políticos hoy no tienen un nivel terriblemente alto…

Me temo que no discreparé, sir John.

Pero en su época se dijo lo mismo de quienes hoy se consideran grandes estadistas.

También es cierto.

Ese es el trabajo del historiador: dar perspectiva histórica.

Hoy España, tras efímera gloria, vuelve a ser el enfermo de Europa.

El Reino Unido no tiene problemas diferentes ni menores, pero me temo que España no puede devaluar su moneda para reaccionar ante la crisis, porque ya no la tiene.

Y no sé si desear una vuelta atrás…

Yo saludé el proyecto europeo como el mejor modo de evitar nuevas guerras, yha funcionado, pero me preocupa que Bruselas se acabe convirtiendo en un centro uniformizador que minimice las diferencias nacionales europeas.

¿Por qué le preocupa tanto?

Porque la diversidad de sus naciones es la mayor riqueza europea.

Integración no es uniformización.

Eso espero, pero soy escéptico.

¿La historia la hacen grandes personajes o grandes estructuras?

No creo que haya grandes personalidades mejores o peores que otras, sino simplemente personas con un cargo que intentan gestionar peores o mejores circunstancias.

Hay quien juega mejor peores cartas.

Se trata más bien de lidiar con lo inesperado, porque las buenas cartas, la historia las va cambiando de manos. Tampoco hay pueblos mejores o peores.

Por ejemplo.

En Imperios del mundo atlántico propongo una hipótesis contrafactual: ¿qué habría pasado si hubieran sido los ingleses, no los españoles, los primeros en llegar a México? ¿Habrían actuado igual?

La leyenda negra al revés.

Pues probablemente los ingleses habrían explotado igual la colonia, y si la monarquía inglesa hubiera recibido la enorme cantidad de riquezas y poder que proporcionaba América a Felipe II, seguramente habría sido igual de absolutista y autoritaria.

¿Para qué sirve saber historia?

Para ser libres. Los ciudadanos sin memoria histórica son más manipulables.

No sé si algunos líderes saben mucha más historia que sus votantes.

Puede ser peor: algunos la creen irrelevante: un alto cargo de Washington, cuando le recordaron la historia de Iraq, llegó a proclamar contrariado: “¡Hoy la historia la creamos nosotros con nuestras decisiones!”.

¡Cuánta soberbia!

Sólo posible porque reina sobre una ignorancia aún mayor. Hoy nuestra sociedad es ahistórica. La mayoría de los ciudadanos desconoce la historia y por eso los gobiernos pudieron invadir Iraq sin un plan para después, olvidando los errores que ya había cometido allí Gran Bretaña. Por no mencionar lo imposible que ya fue para el imperio británico controlar Afganistán.

—–

CAPEAR LOS HECHOS

Saber historia ha vuelto a sir John (“si usa el título – apunta-no añada apellido”) inmune a la soberbia y capaz de desenmascararla de todos sus disfraces: chovinismo, racismo, culto a la personalidad y la eterna tentación de todo pueblo a sentirse víctima o elegido. Contra la ingenuidad de reducir la historia a los hechos de los grandes hombres, cita la respuesta de Harold Mcmillan a un joven periodista: “¿Cuál es el peor problema del primer ministro?”. “Los acontecimientos, hijo mío, los acontecimientos”. Y es que, más que dirigirlos, los hombres sucumben ante ellos – los mejores con dignidad-y si alguno acierta a torear lo inesperado, la suerte apenas suele durarle un par de temporadas.

La Vanguardia (16.02.2010)

Sé el primero en comentar en «“Más que grandes personajes hay grandes circunstancias”»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Traducción »