La verdad incómoda

Rajoy & ZapateroHoy lo políticamente correcto es apelar a la necesidad de que PSOE y PP hagan un Pacto de Estado que permita a España afrontar con mayores garantías de éxito y celeridad la salida de la crisis económica. Desde el republicano Carod Rovira (el del pacto del Tinell), hasta su Majestad el Rey han coincidido en los últimos días en la necesidad –y la posibilidad–, de que el PSOE y el PP acometan de manera inmediata  un gran Pacto de Estado.

La demostrada tendencia al ensoñamiento de los españoles explica que tengamos esa enorme capacidad para construir universos paralelos en los que las cosas ocurren en función de nuestros deseos y ajenos totalmente  a la cruda realidad. El Pacto inminente y mágico ha pasado a ser una especie de bálsamo de fierabrás que nos conducirá a velocidad de crucero a las verdes praderas plenas de brotes  y flores multicolores.

Durante muchos años hemos vivido por encima de la realidad (de ahí la burbuja, no sólo económica en la que hemos ido cociendo nuestro destino) y ahora queremos agarrando a un nuevo espejismo. Ahora repetimos el nuevo mantra: “Pacto”, para ahuyentar la cruda realidad y seguir fiando nuestra suerte a un destino mágico. Tan mágico como imposible.

Se lo digo yo que en nombre de UPyD pedí al Presidente del Gobierno, en el Debate sobre política económica del 10 de febrero del año 2009, que convocara un gran pacto de estado o convocara elecciones. En aquel momento nos adelantamos a los acontecimientos y pusimos negro sobre blanco lo que a nuestro juicio necesitaba el país. Le explicamos al Presidente del Gobierno –y también al líder de la oposición que acababa de intervenir poniendo su programa electoral sobre la mesa– lo que representa un Pacto de Estado: diagnóstico común y, a partir de ahí, política común. Les explicamos que los pactos de estado son mucho más que la suma de propuestas, a veces incompatibles y/o inconexas; les explicamos que un gran pacto, que es lo que España necesita, requiere de una voluntad conjunta de sacar al país adelante, pensando en las próximas generaciones; les explicamos que eso requiere de generosidad, de amplitud de miras, de ambición de país. Y le dijimos al Presidente que si no estaba dispuesto a hacer eso, si seguía confundiendo el Pacto con la adhesión, que nos dejara hablar a los españoles en las urnas.

No es la única vez que he planteado esa cuestión en Las Cortes. Lo volví a hacer en el debate sobre política general, en setiembre del año pasado. Es cierto que en esa ocasión ya tenía serias dudas sobre la capacidad de los dos grandes actores (PSOE y PP, Zapatero y Rajoy) para iniciar siquiera la reflexión. El tiempo y los comportamientos de ambos han demostrado que seguir insistiendo sólo nos puede conducir a la melancolía.

No cabe apelar a un Pacto de Estado entre dos fuerzas políticas empeñadas en vencer electoralmente por agotamiento del contrario,  aunque el país se vaya por la fregadera mientras tanto. No cabe pensar que PSOE y PP van a ser capaces de acordar las políticas necesarias para salir de la crisis y preparar al país para ser competitivo en el futuro si sabemos, como sabemos, que ninguno de los dos está dispuesto a afrontar las grandes reformas de carácter estructural que son imprescindibles para hacer algo más que tapar las vías de agua.

Ni el PSOE ni el PP están dispuestos a revisar la financiación autonómica que acaban de aprobar y que es una vía más de ruina para España; ni el PSOE ni el PP están dispuestos a afrontar la despolitización y profesionalización de las Cajas de Ahorros, que van a ser el siguiente gran quebradero de cabeza de nuestro sistema financiero; ni el PSOE ni el PP están dispuestos a revisar los muros competenciales que impiden una verdadera reforma en nuestros sistema educativo: mientras haya diecisiete leyes educativas ningún papel que firmen Gabilondo y Rajoy será otra cosa que un placebo. Ni el PSOE ni el PP están dispuestos a afrontar una verdadera reforma del mercado de trabajo superando lo más peyorativo de la ideología y poniendo en valor la experiencia propia a ajena; ninguno de los dos está dispuesto a afrontar una reforma del sistema electoral para corregir de fondo y a fondo una ley que pervierte el sistema y que está en  el origen de la perversión de las instituciones democráticas:  en base a ese sistema de representación injusto se constituyen unas instituciones que tienen como máximo objetivo repartirse el poder entre los dos grandes partidos políticos españoles.

El único Pacto de Estado posible es el que ya funciona entre el PSOE y el PP: no tocar nada de lo sustancial, no cambiar nada de lo que les garantiza el reparto alternativo de poder. Y ese pacto, tan dañino para España, sólo puede romperse en las urnas, dando la voz a todos los españoles.  Por eso no vamos a caer en el juego de lo políticamente correcto; no vamos a pedir lo que sabemos que es imposible mientras dependa de estos dos actores políticos que controlan instituciones políticas, mediática y económicas. Que no cuenten con nosotros para frustrar más a los ciudadanos. Nos vamos a seguir atreviendo a decir lo que pensamos; porque es el paso previo para poder hacer lo que debemos. Y tengo para mí que millones de españoles están de acuerdo con nosotros. En todo caso, aunque así no fuera, es nuestra tarea hacer siempre lo que creemos que debemos hacer. Decir la verdad es la primera de nuestras obligaciones. No hay otra manera de regenerar la democracia. Ni de defender la España que nos importa: la de ciudadanos libres e iguales ante la ley.

Rosa Díez

blog de Rosa Díez (15.02.2010)

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