El catalán no es enemigo de nadie

Coordinadora 'Por una Cataluña en libertad. No a las multas lingüísticas'.| D. U.Los socialistas catalanes bajan el rostro avergonzados en privado y lo suben en público con estos temas

Las sanciones hacen daño a los que han luchado por la normalidad de una lengua antes perseguida

La catalana es un prodigio de lengua. Su literatura, tanto la de ficción como la teatral como la poética, está llena de riqueza, de secretos que parecen nimios pero que te conducen a un caudal de creación y conocimiento innatos en sí misma. No es la primera vez que lo digo: la lengua catalana es de primera división como la mayoría de las que nos llegan del latín. Y no solamente la lengua culta. El catalán, sobre todo el que se habla en los pueblos, el de comarcas, fluye con una imaginación portentosa. La abundancia de vocablos para determinar una cosa construye un patrimonio rico, un laboratorio de conceptos que sirve de apasionante materia prima para escritores, poetas y periodistas. En definitiva para cualquier persona que trabaje con las palabras. Algo tan evidente como lo que acabo de explicar, tan entendible para los que disfrutamos con esa lengua en la lectura de un libro, asistimos a una obra teatral o simplemente participamos en una conversación, se derrumba por ciertos personajes que pretende convertir esa lengua, con toda su inocencia, en una arma inquisidora, en una herramienta peligrosa de acoso al ciudadano que libremente quiera utilizar la otra lengua propia -sí, digo propia- que tiene Cataluña: el castellano.

Conversábamos sobre esta cuestión el pasado lunes durante la entrega de los premios Tendències otorgados por EL MUNDO de CATALUNYA con el gran Santiago Auserón. El gran músico y cantante se ha convertido por cuestiones de la vida y relación en ciudadano de Barcelona. El que fuera cantante de Radio Futura, compositor de músicas y letras memorables como El tonto Simón o Semilla negra, es muy querido y respetado en Cataluña. Hablamos de lenguas, de la suerte de vivir en una sociedad bilingüe. Nos dio por citar a Martín de Riquer, sospechoso de pocas cosas, académico y estudioso de las lenguas, sobre todo en los siglos XIV y XV. Comentamos las lecturas de Cervantes dedicadas al Tirant lo Blanc, o las de Garcilaso de la Vega con su amigo Ausiàs March, valenciano como Joanot Martorell.

Disfrutamos recordando ese trasvase de lecturas en una época donde las dos lenguas se tocaban con las yemas de los dedos. Qué placer.

Las lenguas son instrumentos de comunicación. Las lenguas no son armas políticas. Desde hace demasiados años los partidos nacionalistas e independentistas, y ahora también los socialistas catalanes, que bajan el rostro en privado avergonzados cuando se trata estos temas y lo suben en público para que nadie les pueda decir nada en contra, conducen al catalán a un lugar donde un idioma culto no debería entrar jamás. El espacio de la intransigencia, de la censura, de la persecución. Sólo así se puede calificar la reafirmación de las sanciones, por utilizar el castellano, que la mayoría de los grupos respaldó esta semana en el Parlament cuando se trataba el proyecto de ley del Código de Consumo.

Desde hace años, sobre todo desde la llegada del tripartito, las multas a través de la Agència Catalana del Consum se han incrementado. La posibilidad de sanciones se remontan a la época de Pujol, pero el ex president era muy amigo de votar leyes para la galería que después dejaba abandonadas en un armario.

La llegada de ERC al Departamento de Comerç agitó la ley del 98 y las posibilidades de sanciones a comerciantes que no rotulan en catalán. Primero fueron anónimas. Existían pero hubo comerciantes que decidieron callar porque no querían problemas. Cuando el tema se debatía en público se defendían negando la existencia de sanciones.

El año 2006 este diario comenzó a desvelar sanciones concretas. La primera fue a una horchatería cerca de la Universidad de Barcelona a la que obligaban a cambiar el nombre. El año 2007 hubo un total de 137 multas. El 2008 se incrementaron a 209. Y subiendo. Las primeras ascendían a 600 euros. Las que el miércoles debatió el Parlament pueden ascender a 10.000 euros. Pero la nueva ley es mucho más agresiva. Ya no se trata sólo de los rótulos, también de las facturas, recibos, comunicaciones, papel administrativo en general.

En el año 1976 se inició una campaña que condujo a muchos voluntarios a pasearse por los comercios de Barcelona y pegar un adhesivo que decía sobre fondo amarillo y letras rojas: En català si us plau. Era un mensaje de respeto lleno de amabilidad donde se pedía que, por favor, los ciudadanos comenzaran a utilizar el catalán con normalidad. Las sanciones no tienen nada de amabilidad y hacen daño a muchos de los que han luchado por la normalización de una lengua que hace mucho tiempo fue perseguida.

Cataluña es uno de los pocos lugares del mundo donde el bilingüismo está en su ADN, diga lo que diga la mayoría del Parlament. Contra esa riqueza de la cultura catalana es imposible luchar por muchas sanciones que se inventen algunos políticos.

alex.salmon@elmundo.es

Álex Sàlmon

El Mundo (31.01.2010)

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