A mí lo que más me ha preocupado siemp

A mí lo que más me ha preocupado siempre es la figura del charnego agradecido, víctima del “síndrome de Cataluña”, como diría Antonio Robles. El lingüísta Jesús Royo Arpón describe a estos personajes como tiernos por lo patéticos, pero yo creo que son ellos la verdadera amenaza. Cualquier catalán básicamente hispanohablante que no sea beligerante con el nacionalismo alberga ciertas características del prototipo de charnego agradecido. Frases hechas como “es más peligroso el nacionalismo español” y cosas por el estilo ya pertenecen al eco impuesto por los medios y la educación catalanistas. Esta matraca constante contra todo lo que representa España ha generado una suerte de nacionalismo o antiespañolismo de baja intensidad que, sin embargo, va cobrando forma día tras día. El caso extremo de este síndrome sería el de aquel individuo que asume acríticamente todos los mantras del catalanismo por el grado de acomplejamiento al que ha sido sometido, o bien por creer que pertenece a un grupo o clase social que en realidad no es más que su clase antagónica. Su primario pensamiento suele ser una mezcla de falacias vergonzantes, manipulación de la historia y de los conceptos, así como añadidos pintorescos pero que ejercen una poderosa fuerza simbólica, como el nacionalfutbolismo -rivalidad Barça / Real Madrid. El número de charnegos agradecidos puros está aumentando debido a las redes clientelares y a la presión mediática y educativa, pero el porcentaje mayor de catalanes responde a quienes, no considerándose nacionalistas, han permeabilizado inconscientemente estrepitosas falacias como la del déficit fiscal o la de que Cataluña es una nación. Pero el problema de fondo radica en todos aquellos catalanes que sienten una antipatía más o menos explícita hacia el nacionalismo si bien no son capaces de movilizarse políticamente. Esto también viene a ser una manifestación de los complejos inconscientes. Porque una vez surgidos partidos como Ciutadans o UPyD no tendrían que ponerse excusas para no acudir a las urnas, una movilización que de producirse generaría un espectacular vuelco en la política catalana y en el futuro de Cataluña y el conjunto de España. Sin embargo, vuelven a ser los complejos, como la persistencia en la paradoja que considera fascista cualquier grado de oposición al nacionalismo, los que imposibilitan el cambio necesario en nuestra región. En este sentido, los que sí estamos involucrados en el combate ideológico contra el nacionalismo tenemos la responsabilidad de deshacer estos vicios adquiridos por la sociedad catalana y de hacer atractiva nuestra opción política. En ello puede encontrarse el quid de la cuestión.

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