El mérito no es suyo

Conseller BaltasarLos hechos, en cambio, dejan el trasero al descubierto, restan mérito y exigen más humildad

“La victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana”, dijo John Fitzgerald Kennedy, y la verdad de esta sentencia se corrobora diariamente, especialmente cuando chapoteamos en el volátil territorio de la política. Paraíso de la egolatría por excelencia, tan dado a la apropiación de méritos como a la huida de responsabilidades, es en la política donde más se discute la paternidad de una victoria. Por supuesto, lo de Horta de Sant Joan, por su trágico desenlace humano, por la destrucción de miles de hectáreas y por el trauma que representó en la sociedad catalana, no puede ser considerado una victoria. Pero, sin duda, la aclaración de los hechos, después de una larga y seria investigación, podría ser considerada un mérito político. Así lo reclamaba el president Montilla en la entrevista con Cuní en TV3, y así mismo lo exigía Joan Boada –que sólo da la cara si puede ponerse medallas– en la suya con Jordi Basté en RAC 1, ambos sacando pecho y atizando a la oposición porque no había felicitado al Gobierno. La tesis era simple, si la investigación se había hecho bien, la habían hecho los Mossos y los Mossos dependen del Govern, el mérito recaía en el susodicho. Y todos a aplaudir a tan notable elenco de responsables políticos. Sin embargo, ¿la cuestión es así de simple? Peor aún, ¿realmente es suyo el mérito de esta investigación, o se están atribuyendo un mérito que no sólo no merecen, sino que torpedearon desde el inicio? Personalmente, creo lo segundo, y si entonces me pareció irresponsable la actitud de la conselleria, ahora me parece, además de irresponsable, bastante fea.

Veamos. La propaganda dice que el Govern ha culminado una investigación exitosa. Los hechos, en cambio, recuerdan la negativa (con abuso de adverbio incluido: “rotundament”) del conseller Baltasar a cualquier otra hipótesis que no fuera un rayo. Y recuerdan más. Recuerdan que se dio por cerrada la investigación, que se respondió airadamente a quienes planteaban cualquier otra teoría y que si la investigación siguió, no fue por mérito del Govern, sino por la persistencia de una juez diligente. La propaganda habla de trabajo en equipo. Los hechos recuerdan que la conselleria no escuchó a los bomberos, a los Mossos y a los alcaldes de la zona, todos contrarios a la tesis del rayo. Es más, y como ha denunciado el alcalde de Horta, no sólo no se aceptó la tesis, sino que se exigió que se acallaran las voces disidentes. La propaganda saca pecho, enseña resultados y se apropia méritos. Los hechos, en cambio, dejan el trasero al descubierto, quitan méritos y exigen algo más de humildad. Al fin y al cabo, ¿cómo pueden apropiarse de los resultados de una investigación que no encargaron, no hicieron y dieron por cerrada? La propaganda, en definitiva, exige aplausos. Pero los hechos son demoledores y sólo inspiran sonoros pitidos.

Pilar Rahola

La Vanguardia (12.01.2010)

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