No hay bisagra sin el quicio catalán

Arcadi Espada, promotor de Ciutadans de Catalunya y director de FactualUnión, Progreso y Democracia, el partido dirigido por Rosa Díez, se presentará a las próximas elecciones autonómicas catalanas. Será la primera vez que lo haga. Su espacio electoral, un sector de los catalanes no nacionalistas, es el mismo que el de Ciudadanos.

No hay espacio para dos partidos de esas características ni en Cataluña ni en el conjunto de España. Lo sabe bien Albert Rivera, el presidente de Ciudadanos. Ha mostrado su disposición al pacto, en términos razonables. El problema de Rivera, sin embargo, ha sido la errática política de Ciudadanos (ejemplificada en su inconcebible y fracasado acuerdo con Libertas) que le ha conducido a una situación interna muy delicada. El partido ha sufrido divisiones graves, con los abandonos de los diputados Antonio Robles –ahora afiliado a UPyD– y José Domingo. No es, por tanto, este partido el mejor ejemplo de solidez, coherencia y disciplina.

Así Rosa Díez tiene motivos suficientes para la desconfianza. UPyD pretende presentarse en toda España con las mismas siglas y no repetir nada parecido a las experiencias de partidos “hermanos” como el PSC y UPN respecto a los dos grandes partidos españoles. Frente a Ciudadanos su estrategia es casi transparente. Rosa Díez está convencida de que acabará destruyéndose, más pronto que tarde, y aspira a quedarse con sus votantes y militantes, sin condición ninguna.

La cuestión peliaguda es justamente ésta: o más pronto o más tarde. La solidez e implantación de UPyD es en estos momentos muy superior a la de Ciudadanos. En todos los lugares de España… salvo en Cataluña. El objetivo prioritario de UPyD no son las próximas elecciones catalanas. Incluso podría permitirse, tras las votaciones catalanas, que quedara un paisaje fracturado e inoperante por la concurrencia depredadora de dos listas. Para UPyD sería un paso más en la estrategia de hacerse con los restos del naufragio. Sin embargo, Ciudadanos, que a trancas y barrancas aún mantiene un grupo parlamentario y que explotará en su campaña electoral el privilegio mediático y propagandístico de tener diputados, podría resistir y obtener un resultado mejor que el de UPyD. Esa posibilidad estaría directamente vinculada a que la coherencia de Rosa Díez fuera interpretada como soberbia y convocara el rechazo de los antiguos votantes de Ciudadanos. De ser así UPyD se enfrentaría a un grave problema. Porque su objetivo político -que alientan además diferentes encuestas– es ser el partido bisagra del próximo Parlamento español. Esto es, decidir si es el PSOE o el PP el que gobierna. Este objetivo, por mucho y muy lógicamente que quiera relativizarlo Rosa Díez, no es a largo plazo. Es para la próxima legislatura. Para dentro de dos años. Cuando será, con bastante seguridad, el momento de UPyD. El Momento; que ocurre y pasa.

Ese objetivo es imposible sin una implantación convicente en Cataluña y en medio de una lucha fraterna por el espacio político antinacionalista. Este objetivo sólo es posible con la desaparición de Ciudadanos o con algún tipo de acuerdo con Ciudadanos, que por lo demás podría tener un efecto multiplicador y energético, electoralmente hablando. Fríamente observada, la vía del acuerdo ni siquiera es incompatible con la destrucción. Incluso por eso merecería ser considerada.

Factual-Editorial (4.01.2010)

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