Es inaudito que la izquierda española o

Es inaudito que la izquierda española oficial justifique cualquier clase de concierto económico, cuando tendría que ser quien más se opusiera a semejante injusticia. Sin embargo, lo más surrealista es contemplar a los cachorros “radicales” de las oligarquías nacionalistas metidos en grupúsculos abanderados por una ideología pseudorrevolucionaria vociferando sobre “autodeterminación” y mezclando una supuestamente necesaria “liberación nacional” con reivindicaciones de transformación social. Estos jóvenes subvencionados, muy activos desde que empezó la Transición, llevan décadas llenando Cataluña entera de graffitis en los que la hoz y el martillo acompaña a la bandera separatista catalana, con proclamas del tipo “independència i socialisme”. Tras el fracaso del MDT en los 80, ahí están las CUP como consecuencia de esta movilización que pretende imitar a la “izquierda abertzale”. De la misma forma que Batasuna y todos sus trasuntos sirvieron para eternizar a los gobiernos peneuvistas en el País Vasco, el fin último de este tipo de organizaciones en Cataluña no es otro que el de servir de mamporreros a la burguesía local y a los partidos parlamentarios que la representan. Huelga decir que la única opresión nacional y social que tiene que ver con esta gente es aquélla que ellos mismos ejercen contra el conjunto de la nación política a la que califican de opresora. Pero conviene señalar, precisamente, que el opaco cálculo de cupos y aportaciones es utilizado por los gobiernos nacionalistas -como lo fue el vasco durante treinta años- para practicar políticas antisociales y clasistas en las que se desatienden las verdaderas necesidades de la región mientras se financian -recordemos: con el dinero de todos los contribuyentes- delirantes y megalómanos proyectos de “construcción nacional”.

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