«Sufro por mi madre pero no puedo pedirle que deje la huelga»

Por la libertad del SáharaJaque a la diplomacia española / Fin al aislamiento de la familia

Rosa Díez, con los hijos de Aminatu [puedes ver video pinchando aquí]

Luís Ángel Sanz – El Aaiún.- Los hijos de Aminatu Haidar están destrozados. Su madre cumple hoy 29 días en huelga de hambre y en el Sáhara Occidental, donde ellos viven, aseguran que su determinación se mantiene firme y que no va a abandonar, aunque sus fuerzas ya flaquean ostensiblemente.

Los dos chicos, de 13 y 15 años, recibieron ayer una reconfortante visita directamente de parte de Aminatu y una carta de su puño y letra para darles ánimos en que les dice que piensa en ellos «en cada instante».

«Os quiero infinitamente y os echo mucho de menos», les dice, como adelantó ayer EL MUNDO.

La diputada Rosa Díez, líder de Unión Progreso y Democracia (UPyD), fue la encargada de entregar la misiva. Ayer acudió a la casa del padre de sus hijos, Mohamed Ali El Kossimi, en El Aaiún (capital del Sáhara Occidental) y les dio en persona las notas que Haidar escribió para ellos el miércoles en el reverso de una postal con su imagen y con la leyenda Libertad y justicia. Todos con Aminatu. Además, les transmitió que el pueblo español está con ellos.

Su hija Hayat, de 15 años, mostró una entereza impresionante. La niña, con el pelo cubierto por un hijab azul, parece haber heredado el brillo de los ojos de Aminatu. Cuando Díez les entregó la carta, el pequeño Mohamed no pudo más y arrancó a llorar. Hayat mantuvo su firmeza.

En conversación posterior con este diario, la niña demostró la misma determinación que su madre.

-«¿Pedirías a tu madre que deje la huelga de hambre y cediera?», le preguntó uno de los tres periodistas que estuvieron con ella, entre ellos el de este diario.

«Sufro mucho por ella, continuamente, pero a la vez, no le puedo pedir que deje la huelga de hambre», decía en un correcto francés con la carta en sus manos.

«Mi mamá es un ejemplo a seguir. Estamos muy orgullosos de ella y es muy difícil para mí responder a esa pregunta. Yo no se lo puedo pedir».

En la sala donde Hayat hablaba con esa pasmosa seguridad, los familiares de Aminatu la escuchaban. Una sobrina de cinco años señaló la imagen de la carta y la nombró: «Aminatu».

La portavoz de UPyD viajó ayer a El Aaiún con un doble motivo: humanitario y político. El primero lo cumplió con los hijos de la activista, con el padre de éstos, con el padre de Haidar y con su hermana, entre otros familiares. La casa de los Kossimi (el apellido de su ex marido) se abrió de par en par a Díez y a todos los que la acompañaban durante más de una hora.

El segundo, el objetivo político, lo cubrió también al llamar la atención sobre el problema del Sáhara Occidental, un territorio en parte ocupado con Marruecos que espera desde hace años un referéndum de autodeterminación que ordenó la ONU y que nunca se celebra. Díez pidió al Gobierno español que «presione a Marruecos a través de todas las vías diplomáticas posibles» para que ceda y deje entrar a Aminatu en su país y abandone así la huelga de hambre.

La casa del ex marido de Aminatu está en una calle destartalada y sin asfaltar del centro de El Aaiún. La comitiva había quedado con él a las 16.00 horas y el progenitor se equivocó y se dirigió hacia los tres periodistas que esperaban a que se celebrara el encuentro: «¿Rosa Díaz?», les preguntó.

«Sí. Estamos con ella. Pero está allí», le señalaron.

Mohamed Ali El Kossimi abrió su casa, su salón principal rodeado de sillones y con una mesa baja y redonda en su centro y recibió a Díez y a toda la comitiva. «Bienvenidos y gracias», repetía cada uno de los familiares que se cruzaban con ellos, muchos de ellos niños.

Nada más comenzar la visita, la hija de Aminatu llamó a su madre desde un teléfono móvil y, tras saludarla, se lo pasó a Díez: «¡Hola Aminatu! Como te dije, estoy aquí, en la casa de tus hijos. Y estoy con ellos transmitiéndoles tu cariño».

Casi todos los presentes -unas 12 personas- contuvieron la respiración para dejar hablar la débil voz de la activista al otro lado de la línea.

El ex marido de Aminatu, Mohamed El Kossimi, explicó luego a Díez la importancia de la visita:

«Es fundamental», le dijo, «que sus hijos y todos vean que no estamos solos. Que mucha gente quiere que esto se arregle», dijo a Díez.

Un tío de Aminatu, Mohamed, que no quiso decir su apellido, relató poco después que la lucha de la activista y su huelga de hambre está dirigiendo los ojos del mundo hacia el Sáhara y que eso les da mucha fuerza.

«Ahora estamos ganando muchas cosas porque el mundo está pensando en lo que pasa en el Sáhara y en lo que pasa con Marruecos».

Según él, «el 99% del pueblo saharaui denuncia la situación y quiere luchar para arreglarla».

Mohamed quiso agradecer «al pueblo español» que apoye a Haidar: «El pueblo español quiere ayudar al pueblo saharaui. Todos lo sabemos. Menos mal que Haidar está en España».

Eso sí, la política del Gobierno de España no es la misma: «El Gobierno no, el Gobierno no está haciendo lo que podría hacer».

La opinión en El Aaiún, por lo menos entre los saharauis -la capital está llena de policías y marroquíes-, es que la presión internacional debería duplicarse para que Marruecos se viera obligado a reconocer las resoluciones de la ONU.

La entrevista de Rosa Díez con los familiares duró algo más de una hora. Pero justo a su término, una decena de supuestos periodistas marroquíes irrumpieron en la casa. «No son periodistas. Son policías», decían a los españoles los habitantes de la casa.

Su aspecto, muchos trajeados y casi todos con chaqueta, no les hacía parecer ciudadanos normales de El Aaiún.

Rosa Díez regresa esta misma mañana a España, pero vuelve «muy feliz» por el resultado de su visita. «Estoy muy contenta porque todos los que me han recibido sienten así el aliento de una parte de España que está con ellos», explicó a este diario.

En su opinión, «sólo una gran presión internacional por parte del Gobierno, pero también de la UE y de Estados Unidos, puede hacer que Marruecos ceda y que rectifique para que Aminatu pueda volver con sus hijos».

El Mundo (14.12.2009)

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