Lo que no puede ocurrir es que, entre un

Lo que no puede ocurrir es que, entre una cosa y la otra, acabe pagando más aquel a quien su familia ha dejado en herencia el fruto de sus trabajados y esforzados ahorros que los grandes acumuladores de plusvalías. La progresividad de los impuestos ha de significar justamente eso, pero las grandes fortunas tienen cogidos a los políticos por el cuello con sus argucias y/o amenazas, y quienes siempre acabamos pagando el pato somos las clases populares. Esa abultada curva representada por los grandes propietarios es la que se las apaña para salirse del gráfico en nuestro sistema impositivo. Creo que una reforma fiscal justa tiene que poner el acento en ese desnivel. En esto, como en la mayoría de las cosas importantes, haría falta un acuerdo que traspasara fronteras y que evitara las, digámoslo así, excepciones. Ésa es la razón por la que el nacionalismo es un paradigma tan reaccionario que debemos combatir sin descanso.

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