Eres tú el que no quieres contemplar la

Eres tú el que no quieres contemplar la realidad. La desafección, como dice Montilla, entre la sociedad catalana y sus políticos es un hecho estadístico que tiene como colofón tanto las últimas autonómicas o municipales como el referéndum sobre el Estatut, cuyo fracaso de convocatoria fue clamoroso. En Andalucía, donde se impulsó un Estatuto nacionalista copiado del modelo catalán, el resultado fue aún más ridículo. También las elecciones al Parlamento Europeo -los separatistas necesitan el aval de Europa para ser “independents”- fueron un fracaso en Cataluña. El Principado y Baleares -parte de los “Païssos Catalans” según el delirante imaginario nacionalista- fueron las comunidades autónomas españolas en las que las europeas tuvieron menos éxito de convocatoria. Los no-nacionalistas son los que menos votan en las elecciones autonómicas catalanas. Consulta un mapa electoral y lo comprobarás. Suelen ser personas que votan socialista en unas elecciones generales, pero que se abstienen en las autonómicas. El nacionalismo ha gestionado de forma sibilina esta abstención consiguiendo mantener a Jordi Pujol en el gobierno durante más de veinte años consecutivos. Como te decía, el gran reto de la democracia catalana será movilizar a todo el electorado no-nacionalista potencial y evitar que tanto el PSC como el PPC secuestren su voto. Los catalanes que tenemos nuestro origen en otros lugares de España o del extranjero ni estamos a gusto aquí ni lo dejamos de estar. Ésa es una percepción subjetiva tuya que no viene al caso de lo que estamos comentando. Estamos aquí porque vivimos y trabajamos aquí, y ésa es nuestra mayor preocupación. Por suerte, los nacionalistas no pueden controlar todos los aspectos de la vida social, ya les gustaría. Lo que ocurre es que la mayoría de los catalanes prescinden directamente del debate identitario, especialmente y como es lógico, los no-nacionalistas. Los partidos nacionalistas y separatistas cuentan con un porcentaje de votos muy minoritario en relación con el total de la población catalana con derecho a voto, y lo mismo pasa con el Estatut: sólo fue apoyado por poco más de un 35% del electorado. Bastaría con que todo el electorado ajeno al nacionalismo votara a un partido verdaderamente constitucionalista para barrer a los catalanistas de las instituciones. No será fácil debido a las muchas dificultades con las que contamos, pero algún día lo conseguiremos. Toma nota.

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