Ética y socialismo

Hace aproximadamente un par de semanas recibí de Vicente Serrano el artículo referenciado más abajo de Fred Halliday, que con alguna frecuencia publica en La Vanguardia artículos de opinión sobre aspectos notorios de la política internacional y de aspectos varios de la globalización. Como Vicente me pregunta si tiene algo que ver con el tema o posiciones de mi charla, de forma muy breve le diré que, en efecto, tiene que ver. Aunque en el subtítulo dice el autor que “el mayor fracaso del socialismo bolchevique fue la falta de dimensión ética y su uso de la violencia del Estado”, aspectos que abordé en la conferencia, es lo que afirma al final lo que entronca más de lleno: la mitología revolucionaria de la izquierda (marxista, leninista, estalinista, maoísta, castrista, etc.), la de la violencia revolucionaria como partera de la emancipación y de la desaparición de la explotación y la opresión, la del cataclismo del capitalismo y de la democracia liberal o burguesa como paso previo y necesario a la emancipación de la humanidad…, ha sido “rebatida” (eufemismo, sin duda) por el “fracaso de la revolución alemana de los años veinte del siglo XX y con ocasión de las revoluciones de 1848”.

Yo me referí en mayor medida y en particular a la trascendencia del fracaso de las revoluciones del 48 en la línea de interpretación de F. Claudín. También me referí obviamente a otras fechas para destacar el homólogo fracaso (no sólo ni principalmente militar) de las mitologías revolucionarias de la izquierda en general (incluyendo la socialista y anarquista, además de la comunista) como la de la guerra civil española y la de guerracivislismo español bajo el franquismo e incluso la transición. El autor se refiere a los mitos revolucionarios socialistas en sociedades desarrolladas. Deja a un lado, de forma deliberada a los “países semiperiféricos”; pero si pensamos en los mitos revolucionarios de estas sociedades, el pavor ideológico, político, ético y social es aún mayor.    

De todos modos, los dos primeros factores que señala producen ya pavor por poco que uno se ponga a desentrañar su significado. Sin necesidad de entrar en detalles, el mismo Halliday señala que “fue (como causa del fracaso) la falta de una dimensión ética en lo que respecta a los derechos de las personas y de los ciudadanos en general y la falta de criterios y garantías jurídicas en lo referente a los usos -legítimos e ilegítimos de la violencia y la coacción del Estado…”. No son asuntos menores. El autor trata de disculpar ese fenómeno histórico diciendo que fue algo inevitable en la misma medida que otros rasgos del desarrollo de la modernidad capitalista” ¡Exactamente lo mismo que el fascismo! Y lo mismo que el estalinismo, el maoísmo o el polpotismo, lo han sido en el desarrollo socialista!
 
Hay otros aspectos que cuestioné en la charla y él no cuestiona, o incluso los mal interpreta desde mi punto de vista: la traición de la socialdemocracia y el socialismo leninista a la democracia (traición que están en el origen y base de la partitocracia y otras perversiones de la democracia), confusión de la emancipación social (y política de masas) con la “causa del partido” y la de éste con el Estado, etc. Pero, será otro día cuando lo aclare un poco al menos.

Rafa N.
6/11/2009

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