La identidad socialista

Logo del PSCSilenciosamente, los socialistas catalanes están protagonizando una de las maniobras políticas más estupefacientes de su estupefaciente historia. Para el 13 de diciembre casi doscientas convocatorias municipales preguntarán a los catalanes que se dejen si quieren ser independientes. Y el partido que gobierna en Cataluña y en España, lejos de plantear una oposición nítida a esta quiebra del pacto constitucional, deja que en decenas de municipios la convocatoria siga adelante, con su abstención ¡o su voto afirmativo!

La inhibición socialista (por no hablar de la lanar alegría kumba, kumba yá de los tres o cuatro que quedan a su izquierda) es la culminación de un largo episodio de sumisión al nacionalismo y de arrinconamiento vergonzante de los valores bajo cuya influencia crecieron muchas generaciones de militantes de la izquierda. La cuestión no es, naturalmente, el intercambio de divinidades, y que, siguiendo a Chesterton, hayan pasado de creer en dios a creer en cualquier palo de escoba. Lo que llama la atención es su decidida apuesta por una política irracional, por la gestión del simulacro, por la sumisión de los derechos civiles a la tétrica fantasgamoría de los derechos colectivos. El impudor del que en estas circunstancias se sigue llamando socialista y mantiene una íntima (y sobre todo alimenticia) alianza con los socialistas españoles.

Sobre la degeneración política española no hay (hasta mañana, desde luego) demasiadas cosas que añadir. El problema mayor de los políticos españoles no es que hayan perdido el respeto de los ciudadanos, sino que han perdido el respeto por sí mismos. Uno a otro se desprecian, no ya por formar parte de partidos políticos distintos y tener ideas aparentemente distintas sobre la organización social, sino por dedicarse al mismo oficio, en el mismo país y en el mismo tiempo. Aún así, y dando por sabido todo esto, hay que anotar la evidencia de que la ministra de Defensa del gobierno de España y uno cualquiera capaz de responder sí a la pregunta “¿Están de acuerdo con que la nación catalana sea un estado de derecho independiente, democrático y social dentro de una Unión Europea de los pueblos?”, esos dos, insisto, la ministra Chacón y un Joan Pluma socialista de Gerona (el héroe patriótico que ha llegado a decir que entre Cataluña y los tanques de Chacón eligiría Cataluña), no es que pertenezcan al mismo partido político: es que pertenecen a la misma célula.

Y al mismo fracaso moral.

Arcadi Espada

blog de Arcadi Espada (13.11.2009)

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