Reformas estructurales

Como es sabido, el modelo económico español pinchó, y es muy improbable que ese globo pueda hincharse de nuevo. La burbuja estalló, como se había predicho, por razones que tienen poco que ver con la crisis financiera internacional, y el propio ejecutivo ha manifestado que hay que fomentar un [improvisado] nuevo modelo productivo.

Largo me lo fiáis, amigo Sancho.

Casi todo el mundo está de acuerdo en que hay que proceder, para salir del atolladero, a reformas estructurales. Pero el consenso se disipa cuando se empieza a concretar la naturaleza de esas reformas. Las que proponen los conservadores y algunos socioliberales, y que afortunadamente un encogido y dubitativo Zapatero parece poco proclive a abordar, consisten, como saben nuestros lectores, en abaratar y facilitar el despido, recortar las contribuciones a la seguridad social y congelar el gasto público. Al parecer, esas mentes preclaras confían en que despidiendo a más gente y gastando menos en desempleo, atención médica, formación, etc. podremos salir del hoyo. Sin embargo, y puestos a proponer, a uno se le ocurren otro tipo de reformas.

Por poner un ejemplo:

1) El fraude fiscal en España es, por lo bajo, cuatro veces mayor que la cantidad que el ejecutivo pretende obtener aumentando los impuestos. En vez de exigir a los inspectores tributarios que se olviden de perseguir el fraude en las alturas (noticia aparecida en todos los medios de comunicación en su día), que se combata de verdad el fraude.

2) Eliminación, como está pidiendo IU, de los mecanismos legales que permiten que los que más tienen paguen cantidades bajísimas, con tipos impositivos del 1%.

3) Si la banca privada va a lo suyo, como es comprensible, y no hay narices para su nacionalización (por ahora), por lo menos que se cree un gran banco público capaz de vehiculizar eficientemente los fondos del ICO, proporcionando el necesario crédito a pequeñas y medianas empresas.

4) La política del Banco Central Europeo debe dejar de estar centrada en el combate contra la inflación y pasar a apoyar políticas que creen empleo.

5) Prohibición de los contratos blindados abusivos, de las retribuciones multi-multimillonarias de los super-ejecutivos, así como de los mecanismos indirectos (stock-options, etc.) que las permiten y que estimulan la especulación financiera.

6) Impuesto a los movimientos especulativos internacionales del capital y erradicación (real) de los paraísos fiscales.

7) Disminución de la jornada laboral, para crear empleo. En Francia la jornada es de 35 horas, y el país ha sobrevivido.

8) Nueva política arancelaria (un poco de proteccionismo no nos vendría mal). EEUU sube los aranceles cuando le conviene. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo?

9) Control de precios de los alimentos básicos. Este verano, servidor comprobó que en el norte de Italia, los productos alimenticios “origen España” eran, en Carrefour, más baratos que en el Carrefour de la zona en la que dicho servidor vive. ¿Cómo es posible?

10) Presencia de los trabajadores en Consejos de Administración de las grandes empresas, aunque sólo sea como observadores.

Etc. etc. O séase: que reformas estructurales, sí. Pero según cuáles.

Miguel Riera
El Viejo Topo/ 261/ Octubre 2009

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